Ante los bárbaros
Alexis E. Robles
En otro rotativo, el 1 de octubre pasado apareció un artículo de Jorge Illueca titulado “Organización mundial frente al terrorismo internacional”. Allí, habla de “democracia, justicia y solidaridad internacionales” y otras bellezas literarias. El ex presidente del proceso octubrino justifica las resoluciones números 1269 (de 1999) y 1333 (de 2000), cuyos tenores no cita y yo desconozco. Dice que la ONU “... se creó en un momento en que la voluntad política de los Estados, de las naciones, de los pueblos que la fundaron coincidieron en sus ideales, sus principios y sus propósitos. Por tanto [...] no puede evitar su protagonismo en un tiempo en que las desmesuras de todo tipo han seguido progresando”.
La ONU sin embargo desmiente sus palabras, ya que es palpable que ahora mismo el organismo internacional deja de ser protagonista, se ha quitado el ropaje de rector mundial y consigue una localidad como espectador. Además, monta un escenario ambiguo: en la sala de ONU, palabras; en los países, guerra.
Cuando la URSS existía, era un freno y contrapeso de Estados Unidos, el mundo estaba polarizado, la guerra fría era un tinglado de asechanzas, amenazas y forcejeo; pero la ONU “trataba” de evitar el choque de los dos gigantes. La Unión Soviética hablaba de “coexistencia pacífica”, el argumento que la mató. Ahora, el mundo está unipolarizado y la ONU se tapa los ojos para no ver la guerra que ha autorizado.
Con motivos de los sucesos del 11 de septiembre en Estados Unidos, Kofi Annan, secretario de Naciones Unidas había declarado que ese es el “foro natural” para llevar la batalla contra el terrorismo. Pero el 12 de septiembre, el Consejo de Seguridad emitía la resolución 1333 que da al traste con ese sitio ideal. Allí se concede a Estados Unidos el derecho inmanente a defenderse (ese derecho lo tiene todo país). Por ello, el 20 de septiembre Bush, desde el Congreso, dice que es “el bueno” y hará la guerra. Es difícil que el Consejo pueda blandir su artículo 51 para aquietar a Estados Unidos e Inglaterra, ahora que los tiros tienen la palabra en Afganistán.
Son las contradicciones en las que la ONU se enreda desde hace mucho tiempo. A los países grandes los trata en una forma, y en otra a los chicos. El Consejo de Seguridad es una traba, con eso del veto. Cito a Illueca. “Naciones Unidas es una Organización abierta a los conflictos que los pueblos sienten en carne propia”, sin embargo, no los resuelve. No puede haber tranquilidad y equidad internacional si el organismo que dice representarlas y luchar por ellas concede privilegios a un miembro permanente del Consejo de Seguridad, a costa de deshacerse de sus atribuciones.
El artículo que comento muestra al jurista panameño, que ha ocupado curul en el Consejo de Seguridad y fue presidente de este país, aceptar tantos barbarismos jurídicos.
El autor es analista de sistemas
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