‘Mo’ Rivera podría ser la diferencia en la Serie
Posee tres tipos de bolas rápidas, todas “mortales” para los bateadores contrarios
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En cada uno de los triunfos importantes de los Yanquis en los últimos cuatro años, el serpentinero panameño ha estado presente.
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NUEVA YORK, EU (AP).-El verdadero Mariano Rivera no es el pelotero de sangre fría que aparece en el montículo.
``"Tiene tres personalidades'', comentó su compañero Luis Sojo: ``"Está el bromista, que se divierte y no lo deja dormir a uno en el avión; el que va al montículo, tan serio, y el que vive hablándole de Dios a los peloteros hispanos, diciéndonos lo importante que es en nuestras vidas''.
Rivera parece endeble en el montículo. Es muy delgado y nada hace pensar que pueda tener tanta fuerza en su brazo.
Cuando se le pregunta cómo es que tira tan fuerte, responde: ``"Es un don del Señor''.
Con 22 rescates seguidos en la postemporada, el panameño es figura clave de los Yanquis, que buscan su cuarta corona consecutiva. Para muchos, es el jugador más importante del equipo.
``"Si uno debe decidir quién es el jugador más importante, es Mariano'', afirmó su compañero Paul O'Neill. ``"Los títulos y todo lo que hemos hecho se lo debemos a él'', añadió.
Los Yanquis ganaron 11 series de postemporada seguidas, y Rivera sacó el último out en 10 de ellas, destrozando tres bates de Ryan Klesko en el último inning en 1999.
Rivera no falla en la postemporada desde que Santos Alomar le pegó un jonrón en el octavo episodio del cuarto juego de la serie con los Indios por la primera ronda de los playoffs de 1997. Y puede haber tenido su desempeño más espectacular en la novena del cuarto partido de la reciente serie con Seattle, cuando retiró a los Marineros con tres lanzamientos y dejó preparado el escenario para que un jonrón de Alfonso Soriano le diese el triunfo a los Yanquis.
Cada vez que el manager Joe Torre llama a Rivera, los Yanquis comienzan a festejar una victoria.
``"Uno se entusiasma, espera que esto se acabe en cualquier momento. Se sorprende cuando lo exigen'', dijo Torre.
Después del jonrón de Alomar, muchos fanáticos yanquis temieron que Rivera no se recuperaría del golpe. El coach de lanzadores Mel Stottlemyre incluso habló del tema con el panameño en la primavera siguiente.
Pero esos temores resultaron infundados. Desde entonces, Rivera salió airoso en 167 de las 188 ocasiones en que se le llamó a preservar la delantera, durante la temporada regular y en las 22 veces que tuvo en la postemporada luego del jonrón de Alomar.
Recta envenenada
Su dominio de los bateadores responde a una bola rápida envenenada de 95 millas por hora, que rompe en las esquinas del plato y sacude los puños de los bateadores zurdos.
Curiosamente, la empezó a usar recién en 1997, cuando reemplazó a John Wetteland como taponero. Rivera ensayaba el tiro con su connacional Ramiro Mendoza y de repente se dio cuenta de que tenía un arma especial.
¿Cómo era ese lanzamiento?
``"Pregúntele a Mendoza'', dice Rivera.
Según Mendoza, el lanzamiento era tan imprevisible que resultaba difícil atraparlo. Rebotaba en su guante y le daba en el cuerpo, llenándolo de magullones.
``"No quiero volver a hacerle de catcher. Duele demasiado'', afirmó Mendoza.
Rivera recuerda cómo lo maldecía Joe Girardi porque le tiraba bolas que caían delante suyo.
"El suplicio de los receptores no me preocupa'', dice Rivera. ``"Tienen su máscara, protector en el pecho, canilleras y un guante'', detalla.
Si los catchers se quejan, imagínense los bateadores, que no tienen ningún equipo protector, solo un bate que rara vez le da a la pelota.
En toda su carrera, Rivera cedió apenas 31 jonrones en 533 innings de la temporada regular. En la postemporada solo dos veces se la sacaron del parque.
Su compañero Mike Stanton dice que Rivera ``"tira tres tipos de bola rápida: una recta, un sinker y una que rompe en las esquinas del plato''.
Las tres salen del mismo punto, por ello los bateadores derechos se confunden tanto. Los zurdos no tienen esperanza alguna contra la que rompe.
Rivera considera que su talento es un don divino, que Dios le habló un día en el montículo, durante un partido contra Atlanta un 16 de julio de 1999.
Rivera financió la construcción de la Iglesia de Dios de la Profecía en su pueblo de La Chorrera y habla de ser predicador.
``"El Señor lo pone a uno donde quiere, y a mí me quiso aquí'', expresó.
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