Panamá, 25 de octubre de 2001
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Colón, ciudad sin definición

Existen dos actividades que pueden activar la economía de Colón: las medianas y pequeñas empresas y el turismo

José Arroyo Hudson

Desde el período hispánico, los colonos españoles ya tenían la visión de que esta tierra era área de oportunidades. Así, fueron creados los cabildos como unidades de Gobierno, cumpliendo un papel preponderante como expresión de los intereses y las aspiraciones del elemento criollo. El cabildo, como máxima expresión de la autoridad local, vivió uno de sus mejores momentos cuando fue reorganizado por el entonces General Omar Torrijos.

La institución local sin embargo, ha sufrido un gran desgaste debido a las arbitrariedades del Gobierno central, que no los ha tenido en cuenta en la toma decisiones y en la búsqueda de soluciones para los conflictos que se suscitan localmente

Hoy, a raíz de los disturbios y protestas de grupos de desempleados en Colón, pareciera como si todos los sectores se pusieran de acuerdo para culpar a este Gobierno de los males que hay en Colón. Esto no es del todo cierto; lo que sucede es que el Gobierno pareciera no tener planes coherentes para cumplir con los compromisos que adquirió de erradicar la pobreza de nuestro territorio.

Así, se ha conformado una comisión de alto nivel para resolver el problema de Colón, pero no se ha integrado a ninguna de las autoridades locales y mucho menos se está tomando en cuenta a las fuerzas vivas colonenses, que pueden aportar ideas para buscar la salida a la crisis que está viviendo la provincia. Por el contrario, la comisión se ha integrado con personas que no viven en carne propia los problemas de Colón y por ende, no pueden conocer las necesidades que tienen los colonenses.

Los problemas de Colón son de dimensiones profundas y requieren de un comportamiento disciplinado, ético y eficiente de parte de los mismos colonenses. La ciudad de Colón está en serias dificultades y solamente un programa serio, honesto y sincero podrá absorber el gran número de desempleados y subempleados existentes.

Colón depende de una auténtica voluntad política para mejorar sus condiciones de vida. Allí está por ejemplo, el problema de la vivienda que es gigantesco y complejo.

Los propios colonenses debemos presentarle al Ejecutivo programas en materia de vivienda, servicios públicos, salud, educación, turismo y agricultura, para ponerle un alto a la devastación del ecosistema y el medio ambiente. Hay que olvidar el centralismo que le ha hecho tanto daño al desarrollo del país. Los colonenses buscamos el desahogo mediante la descentralización administrativa que estimule la inversión en nuestra provincia.

Los escasos resultados positivos de la acción del Gobierno han levantado la expectativa en la ciudadanía. Proyectos como el Multimodal debieran tener a los colonenses llenos de optimismo; pero la falta de credibilidad de la clase política ha hecho que lo veamos con apatía y pesimismo. Allí está el caso del ferrocarril que prometió una gran cantidad de empleos a los colonenses. Hoy, nos encontramos que ni siquiera lo podemos disfrutar como medio de transporte.

Pero no todo es malo; tenemos dos actividades que pueden activar nuestra economía: las medianas y pequeñas empresas y el turismo.

El problema que tienen el Gobierno central es que no se define. Primero trataron de implementar sin éxito “el puerto libre”; luego, el Puerto de Cruceros Colón 2000 fue creado sin condiciones para explotar el turismo en la provincia. Todos los programas se quedan a medio camino y no se llegan a desarrollar a plenitud. Hace falta una política definida por parte del Ejecutivo.

El autor es secretario general de Unidad Cristiana de Colón

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