Panamá, 23 de octubre de 2001
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De política

Análisis de la encuesta La lucha presidencial del 2004

Estas líneas buscan explicar el fenómeno a fin de que los confundidos de buena fe se tranquilicen y los que no lo son se sigan comiendo sus hígados

RAFAEL MEZQUITA
Especial para La Prensa

Martín Torrijos y Alberto Vallarino, los perdedores de las elecciones de 1999, pueden enfrentarse en los comicios del 2004, según la encuesta.

A solicitud de La Prensa, Dichter & Neira preguntó en su última encuesta: si las elecciones fueran hoy y los candidatos presidenciales fueran Martín Torrijos y Alberto Vallarino, ¿por quién votaría? y Martín Torrijos recibiría el 38.3% de los votos y Alberto Vallarino el 36.5%. Como quien dice bastante cerrado el negocio, y se armó el alboroto entre los eternos detractores de Martín.

Estas líneas buscan explicar el fenómeno a fin de que los confundidos de buena fe se tranquilicen y los que no lo son se sigan comiendo sus hígados.

Celebro que La Prensa tomara la decisión de seguirle el pulso a la nación mensualmente y así poder conocer los signos vitales de la percepción social panameña.

A lo nuestro. Para explicar el fenómeno objetivamente, revisemos la tendencia histórica de la opinión pública hacia Martín y Alberto, la nueva encuesta y sus mensajes centrales, las respuestas a las preguntas claves y sus paradojas, las características de los dos liderazgos, las preguntas que se quedaron en el tintero; y veamos los deseos temporalmente satisfechos de Alberto.

Las tendencias

Al respecto de estos dos personajes hay una pregunta que se formula tanto en esta encuesta como en la anterior: ¿Quién cree usted que es el panameño con mayor posibilidad de ser electo presidente en el año 2004? Hace un mes el 48% respondía que Martín y ahora bajó al 38%; subiendo Alberto del 18% al 26%. Hace un mes, la medición de Martín estaba inflada coyunturalmente por el congreso perredista del 19 de agosto y por el triunfo de META del 1 de septiembre, y en esta encuesta volvió a su nivel normal. Así se explica la cautela con que Martín y su equipo manejaron hace un mes esos resultados y ahora, a pesar de su caída, obsérvese que el líder perredista le saca en esta pregunta abierta cerca de 12 puntos de ventaja a Vallarino.

Los mensajes

Nuestra población tiene más de un año de venir fracasando en sus evaluaciones a la presidenta y a su gabinete. Eso no es nada nuevo, lo que sí, es que esa mala percepción se registra también en los otros políticos y funcionarios con mando, porque la gente angustiada por la crisis no distingue entre los políticos de gobierno u oposición. Para ellos, todos los políticos son la misma vaina y caen en el mismo churuco. Sin embargo, se observa una señal de esperanza, situada en el hecho de que poco más de la mitad de la población cree que el anunciado diálogo entre el Gobierno y la oposición será beneficioso para el país.

No obstante, si el deterioro económico continuara, si las perspectivas no mejoran y si la sociedad no llega a percibir que la clase política hace bien su tarea y busca soluciones a sus problemas, podrían emerger como en Perú o en Venezuela, los liderazgos mesiánicos o demagógicos —de supuesto rompimiento con los políticos y las instituciones— para que al final del camino y con pocos avances, los pueblos, sabiamente, vuelvan a buscar a sus políticos y sus instituciones.

Respuestas y preguntas claves

Por las razones expuestas, un tercio de la población se inclina a votar por un candidato independiente, o sea, por una opción distinta a la alternativa oficialista ( Arnulfismo) u opositora (PRD) y la mitad del electorado considera que Alberto Vallarino tiene mayor oportunidad de ser presidente como candidato de una tercera fuerza, equidistante del gobierno y de la oposición. De acuerdo con este registro, en estos momento y desde la perspectiva de los intereses de Vallarino, su mejor opción la constituye la candidatura independiente.

Ahora analicemos a los dos precandidatos y sus respectivos trabajos. Martín Torrijos decidió antes del congreso perredista del 8 de agosto de 1999, que sus probabilidades de llegar a ser el candidato presidencial del PRD en el 2004 dependerán, en buena medida, de los resultados de su trabajo como secretario general del partido. Esa labor implica tomar decisiones políticas de diario, que benefician o perjudican a personas e intereses, o sea que, el ejercicio del poder que él asume como líder de oposición, responsable de la labor de sus cuadros en la Asamblea, en el partido y en sus relaciones con el gobierno y otros sectores sociales y políticos desgasta. Y sobre todo, cuando es percibido como un líder con una cuota de poder y con capacidad de resolver.

El banquero Alberto Vallarino es otra cosa. No tiene partido ni dirige grupo político conocido, no toma decisiones públicas percibidas para beneficiar o perjudicar a sector alguno, y por lo tanto no está expuesto al desgaste del poder. Por lo tanto, medir en estos momentos las posibilidades presidenciales de Martín versus Alberto es comparar peras con manzanas. Sus responsabilidades, estilos de liderazgos, entornos y características coyunturales son muy diferentes, por lo que habría que medirlos en condiciones equivalentes (o sea, durante la campaña electoral ) para aproximarnos a una mejor perspectiva de ambos estilos de liderazgos y sus potencialidades.

Lo que se quedó en el tintero de los encuestadores. Recomiendo que Dichter pregunte en las próximas encuestas lo siguiente: i) Si hoy fueran las elecciones y los candidatos fueran Alberto Vallarino del gobierno y Martín Torrijos de la oposición, ¿por quien votaría? o si los candidatos fueran tres, José Terán (o cualquier otro) del gobierno, Martín Torrijos de la oposición y Alberto Vallarino de una tercera fuerza (partidariamente identificada), ¿por quien votarías?, o si los candidatos fueran cuatro, uno del Arnulfismo, Martín del PRD, otro del Partido Popular y Alberto Vallarino del MOLIRENA, Liberal y Solidaridad, o mejor si fueran cinco, y hasta donde sea posible medir y ¿por que no? Lo que digo es que en política ( ni en la seriedad de las mediciones estadísticas) no hay límites a la imaginación y no se vale acotarla para satisfacer los intereses de nadie.

¿Por qué lo digo? Porque Alberto Vallarino expresó hace poco que él quiere (como si fuera un deseo al niño Dios) enfrentarse solito al candidato del PRD y, por supuesto, como opción independiente y arnulfista a la vez. La cuadratura del círculo, pues. En la encuesta analizada, pareciera saciar sus caprichitos. Desafortunadamente para Alberto, la vida política es muchísimo más rica que sus deseos, y para lograrlos se necesita voluntad y mucha dedicación, cualidades que a la fecha no lo han caracterizado. En el otro lado, Martín Torrijos los exhibe con frecuencia.


Un termómetro social

Las encuestas son un termómetro de la percepción de la sociedad sobre los distintos asuntos que en alguna forma tienen incidencia en la vida de los ciudadanos.


GUILLERMO QUIJANO JR.

Especial para La Prensa

Sin lugar a duda las encuestas publicadas por La Prensa presentan la realidad del estado de la nación en un momento dado y deben ser analizadas y consideradas por todos los actores de la vida pública, en particular por el Ejecutivo, quien es al final, como rector y líder en un país pequeño y presidencialista como el nuestro donde la acción del Estado tiene una inherencia muy importante en su desarrollo, el que debe tomar las acciones necesarias para dirigir el país por los senderos más indicados para su recuperación económica.

La percepción que tiene el ciudadano sobre la situación económica del país es real: el desempleo sigue creciendo y la economía sigue en deterioro. Estos son los aspectos donde la encuesta marcó el más alto índice de disconformidad y que tienen, como resultado, un reflejo directo en la parte política de la encuesta.

Por supuesto, que en un país presidencialista el ciudadano común y ante preguntas dirigidas, solo puede achacar los problemas del país al gobierno de turno. Pero la realidad es otra. No se puede culpar a la gestión del gobierno de la presidenta Moscoso como la génesis de la crisis económica que abate al país en este momento, pues desde el año 1998 nuestra economía mostraba signos de decrecimiento y causales externas e internas coincidieron durante estos años para agravar el estado de la economía del país.

No obstante, las encuestas muestran la realidad del estado de la nación y no pueden ser soslayadas.

Conducir la nave del país en aguas turbulentas no es una tarea fácil, se requiere astucia y un buen equipo de trabajo. En mi opinión, la única forma que tiene el Ejecutivo de borrar esta percepción negativa que tiene la mayoría de los panameños de la ejecución gubernamental, es actuar con acción y liderazgo.

El Ejecutivo debe, en estos momentos que la crisis económica se acentúa y que está afectando cada día a muchos más panameños, tomar la iniciativa , mostrar un equipo ministerial coherente con una sola línea de trabajo, un control adecuado del gasto público, hacerle frente a la corrupción y presentar una estrategia económica con proyectos que puedan, a corto y mediano plazo, permitir la recuperación económica del país.

 




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