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De política
Análisis de la
encuesta La lucha presidencial del 2004
Estas líneas buscan explicar el fenómeno
a fin de que los confundidos de buena fe se tranquilicen y los que
no lo son se sigan comiendo sus hígados
RAFAEL MEZQUITA
Especial para La Prensa
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| Martín
Torrijos y Alberto Vallarino, los perdedores de las elecciones
de 1999, pueden enfrentarse en los comicios del 2004, según
la encuesta. |
A solicitud de La Prensa, Dichter & Neira preguntó en
su última encuesta: si las elecciones fueran hoy y los candidatos
presidenciales fueran Martín Torrijos y Alberto Vallarino,
¿por quién votaría? y Martín Torrijos
recibiría el 38.3% de los votos y Alberto Vallarino el 36.5%.
Como quien dice bastante cerrado el negocio, y se armó el
alboroto entre los eternos detractores de Martín.
Estas líneas buscan explicar el fenómeno a fin de
que los confundidos de buena fe se tranquilicen y los que no lo
son se sigan comiendo sus hígados.
Celebro que La Prensa tomara la decisión de seguirle el
pulso a la nación mensualmente y así poder conocer
los signos vitales de la percepción social panameña.
A lo nuestro. Para explicar el fenómeno objetivamente, revisemos
la tendencia histórica de la opinión pública
hacia Martín y Alberto, la nueva encuesta y sus mensajes
centrales, las respuestas a las preguntas claves y sus paradojas,
las características de los dos liderazgos, las preguntas
que se quedaron en el tintero; y veamos los deseos temporalmente
satisfechos de Alberto.
Las tendencias
Al respecto de estos dos personajes hay una pregunta que se formula
tanto en esta encuesta como en la anterior: ¿Quién
cree usted que es el panameño con mayor posibilidad de ser
electo presidente en el año 2004? Hace un mes el 48% respondía
que Martín y ahora bajó al 38%; subiendo Alberto del
18% al 26%. Hace un mes, la medición de Martín estaba
inflada coyunturalmente por el congreso perredista del 19 de agosto
y por el triunfo de META del 1 de septiembre, y en esta encuesta
volvió a su nivel normal. Así se explica la cautela
con que Martín y su equipo manejaron hace un mes esos resultados
y ahora, a pesar de su caída, obsérvese que el líder
perredista le saca en esta pregunta abierta cerca de 12 puntos de
ventaja a Vallarino.
Los mensajes
Nuestra población tiene más de un año de venir
fracasando en sus evaluaciones a la presidenta y a su gabinete.
Eso no es nada nuevo, lo que sí, es que esa mala percepción
se registra también en los otros políticos y funcionarios
con mando, porque la gente angustiada por la crisis no distingue
entre los políticos de gobierno u oposición. Para
ellos, todos los políticos son la misma vaina y caen en el
mismo churuco. Sin embargo, se observa una señal de esperanza,
situada en el hecho de que poco más de la mitad de la población
cree que el anunciado diálogo entre el Gobierno y la oposición
será beneficioso para el país.
No obstante, si el deterioro económico continuara, si las
perspectivas no mejoran y si la sociedad no llega a percibir que
la clase política hace bien su tarea y busca soluciones a
sus problemas, podrían emerger como en Perú o en Venezuela,
los liderazgos mesiánicos o demagógicos de supuesto
rompimiento con los políticos y las instituciones para
que al final del camino y con pocos avances, los pueblos, sabiamente,
vuelvan a buscar a sus políticos y sus instituciones.
Respuestas y preguntas claves
Por las razones expuestas, un tercio de la población se
inclina a votar por un candidato independiente, o sea, por una opción
distinta a la alternativa oficialista ( Arnulfismo) u opositora
(PRD) y la mitad del electorado considera que Alberto Vallarino
tiene mayor oportunidad de ser presidente como candidato de una
tercera fuerza, equidistante del gobierno y de la oposición.
De acuerdo con este registro, en estos momento y desde la perspectiva
de los intereses de Vallarino, su mejor opción la constituye
la candidatura independiente.
Ahora analicemos a los dos precandidatos y sus respectivos trabajos.
Martín Torrijos decidió antes del congreso perredista
del 8 de agosto de 1999, que sus probabilidades de llegar a ser
el candidato presidencial del PRD en el 2004 dependerán,
en buena medida, de los resultados de su trabajo como secretario
general del partido. Esa labor implica tomar decisiones políticas
de diario, que benefician o perjudican a personas e intereses, o
sea que, el ejercicio del poder que él asume como líder
de oposición, responsable de la labor de sus cuadros en la
Asamblea, en el partido y en sus relaciones con el gobierno y otros
sectores sociales y políticos desgasta. Y sobre todo, cuando
es percibido como un líder con una cuota de poder y con capacidad
de resolver.
El banquero Alberto Vallarino es otra cosa. No tiene partido ni
dirige grupo político conocido, no toma decisiones públicas
percibidas para beneficiar o perjudicar a sector alguno, y por lo
tanto no está expuesto al desgaste del poder. Por lo tanto,
medir en estos momentos las posibilidades presidenciales de Martín
versus Alberto es comparar peras con manzanas. Sus responsabilidades,
estilos de liderazgos, entornos y características coyunturales
son muy diferentes, por lo que habría que medirlos en condiciones
equivalentes (o sea, durante la campaña electoral ) para
aproximarnos a una mejor perspectiva de ambos estilos de liderazgos
y sus potencialidades.
Lo que se quedó en el tintero de los encuestadores. Recomiendo
que Dichter pregunte en las próximas encuestas lo siguiente:
i) Si hoy fueran las elecciones y los candidatos fueran Alberto
Vallarino del gobierno y Martín Torrijos de la oposición,
¿por quien votaría? o si los candidatos fueran tres,
José Terán (o cualquier otro) del gobierno, Martín
Torrijos de la oposición y Alberto Vallarino de una tercera
fuerza (partidariamente identificada), ¿por quien votarías?,
o si los candidatos fueran cuatro, uno del Arnulfismo, Martín
del PRD, otro del Partido Popular y Alberto Vallarino del MOLIRENA,
Liberal y Solidaridad, o mejor si fueran cinco, y hasta donde sea
posible medir y ¿por que no? Lo que digo es que en política
( ni en la seriedad de las mediciones estadísticas) no hay
límites a la imaginación y no se vale acotarla para
satisfacer los intereses de nadie.
¿Por qué lo digo? Porque Alberto Vallarino expresó
hace poco que él quiere (como si fuera un deseo al niño
Dios) enfrentarse solito al candidato del PRD y, por supuesto, como
opción independiente y arnulfista a la vez. La cuadratura
del círculo, pues. En la encuesta analizada, pareciera saciar
sus caprichitos. Desafortunadamente para Alberto, la vida política
es muchísimo más rica que sus deseos, y para lograrlos
se necesita voluntad y mucha dedicación, cualidades que a
la fecha no lo han caracterizado. En el otro lado, Martín
Torrijos los exhibe con frecuencia.
Un termómetro social
Las encuestas son un termómetro de la percepción
de la sociedad sobre los distintos asuntos que en alguna forma tienen
incidencia en la vida de los ciudadanos.
GUILLERMO QUIJANO JR.
Especial para La Prensa
Sin lugar a duda las encuestas publicadas por La Prensa presentan
la realidad del estado de la nación en un momento dado y
deben ser analizadas y consideradas por todos los actores de la
vida pública, en particular por el Ejecutivo, quien es al
final, como rector y líder en un país pequeño
y presidencialista como el nuestro donde la acción del Estado
tiene una inherencia muy importante en su desarrollo, el que debe
tomar las acciones necesarias para dirigir el país por los
senderos más indicados para su recuperación económica.
La percepción que tiene el ciudadano sobre la situación
económica del país es real: el desempleo sigue creciendo
y la economía sigue en deterioro. Estos son los aspectos
donde la encuesta marcó el más alto índice
de disconformidad y que tienen, como resultado, un reflejo directo
en la parte política de la encuesta.
Por supuesto, que en un país presidencialista el ciudadano
común y ante preguntas dirigidas, solo puede achacar los
problemas del país al gobierno de turno. Pero la realidad
es otra. No se puede culpar a la gestión del gobierno de
la presidenta Moscoso como la génesis de la crisis económica
que abate al país en este momento, pues desde el año
1998 nuestra economía mostraba signos de decrecimiento y
causales externas e internas coincidieron durante estos años
para agravar el estado de la economía del país.
No obstante, las encuestas muestran la realidad del estado de la
nación y no pueden ser soslayadas.
Conducir la nave del país en aguas turbulentas no es una
tarea fácil, se requiere astucia y un buen equipo de trabajo.
En mi opinión, la única forma que tiene el Ejecutivo
de borrar esta percepción negativa que tiene la mayoría
de los panameños de la ejecución gubernamental, es
actuar con acción y liderazgo.
El Ejecutivo debe, en estos momentos que la crisis económica
se acentúa y que está afectando cada día a
muchos más panameños, tomar la iniciativa , mostrar
un equipo ministerial coherente con una sola línea de trabajo,
un control adecuado del gasto público, hacerle frente a la
corrupción y presentar una estrategia económica con
proyectos que puedan, a corto y mediano plazo, permitir la recuperación
económica del país.
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