Panamá, 23 de octubre de 2001
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
Trasfondo
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
Punto exe
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

Por un tratamiento de desechos más limpio

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

Sin lugar a dudas, la lucha ambientalista a nivel mundial atraviesa momentos álgidos en su historia. Hoy en día se hace más necesario que nunca la implementación de sistemas de reciclaje que aseguren un mejor manejo de los desechos sólidos y de las aguas servidas.

Uno de los principales promotores de estos sistemas a nivel mundial es el químico ambiental Stanley E. Manahan, quien recientemente visitó Panamá mientras se encontraba en tránsito hacia Venezuela, país donde fue invitado a dictar una conferencia.

Desde 1965 Manahan imparte clases de química ambiental y toxicológica en la Universidad de Missouri, Estados Unidos. Hasta la fecha ha publicado dos libros: Química ambiental y Química Toxicológica .

De acuerdo con el profesor universitario, la química ambiental trata con los fenómenos químicos que afectan el medio ambiente, mientras que la química toxicológica estudia los aspectos tóxicos de las diferentes sustancias.

Incineración vs gasificación

Manahan ha consagrado su vida al estudio y la promoción de la gasificación de desechos, un sistema sumamente prometedor, especialmente para el tratamiento de residuos químicos y nucleares.

Al igual que la incineración, que es la práctica más difundida a nivel global en lo que al tratamiento de desechos sólidos se refiere, la gasificación involucra también el uso de elevadas temperaturas.

La principal diferencia entre ambos procedimientos radica en que mientras el primero produce gases tóxicos, la gasificación da como resultado un producto gaseoso que puede ser “químicamente procesado”, para que así resulte inocuo al medio ambiente.

El proceso de gasificación no es complicado: los materiales se hacen pasar por un tubo de metal, en donde son incinerados por una llama a elevadas temperaturas. Los gases producidos pueden ser aprovechados para impulsar turbinas que generen energía eléctrica.

De acuerdo con Manahan, este proceso, el cual puede tener diversas variantes, no es nuevo, ya que era aplicado anteriormente para generar energía mediante el carbón.

No obstante, en lo que respecta a su aplicación en el procesamiento de desechos sólidos y aguas servidas, este sistema todavía se encuentra en su fase experimental, por lo que su uso es todavía bastante limitado.

Al parecer su costo tampoco ayuda a su difusión, ya que pueda resultar relativamente caro, por lo que Manahan no recomienda su implementación en Panamá, por lo menos no para el tratamiento de desechos convencionales. El autor y conferencista propone que en su lugar se modernicen los vertederos existentes con un sistema de incineración que pueda reciclar el gas resultante.

En lo que respecta a la presencia en las áreas revertidas de residuos químicos como consecuencia de las actividades castrenses relacionadas con el desaparecido Comando Sur, Manahan subraya que la gasificación puede ser muy efectiva en el tratamiento de este tipo de sustancias, ya que ha sido probada con éxito para la destrucción de materiales que poseen características semejantes a los agentes nerviosos. El químico asegura que también se ha obtenido buenos resultados en el tratamiento de suelo contaminado por estas sustancias.

Optimizando el tratamiento de aguas

La gasificación también puede ser aplicada al tratamiento de las aguas servidas. El lodo o cieno se hace pasar por una serie de tanques especiales, en los que, ante la ausencia de oxígeno, se descompone. Uno de los residuos obtenidos es gas metano, el cual puede ser utilizado posteriormente como combustible.

Posteriormente, mediante un proceso biológico, al agua se le aplica una bacteria que la deja prácticamente libre de contaminantes. Cualquier material residual es tratado mediante gasificación.

Manahan señala que con este sistema el costo de tratamiento se reduce drásticamente, ya que no hay que mezclar el cieno con gasolina para facilitar así su incineración. En cambio se emplean residuos sólidos de carbono como combustible.

Aunque la implementación de este procedimiento puede resultar oneroso, sobre todo para un país tercermundista como Panamá, el químico apunta que, a largo plazo, las pérdidas van a ser mayores en lo que a la degradación ambiental se refiere, la cual puede tornar nuestro océanos y suelos infértiles.

En busca de alternativas energéticas

Ante la inminente crisis ambiental que se atisba para los años venideros, se hace imperativa la búsqueda de sistemas energéticos alternativos que reduzcan la presencia en la atmósfera de los gases responsables por el llamado “efecto de invernadero”.

Para el profesor Stanley E. Manahan, de la Universidad de Missouri (Estados Unidos), es necesario reducir el consumo de combustibles fósiles en todo el mundo.

El químico ambiental confiesa que, aunque está no será un tarea fácil, gran parte de la demanda energética de la humanidad puede ser suplida por sistemas alternativos que sean menos lesivos para el medio ambiente.

Uno de las fuentes a considerar es la biomasa, cuyo potencial en Centroamérica es considerable, de acuerdo con Manahan.

La biomasa se relaciona a la masa total de los seres vivos, ya sean animales o vegetales, la cual puede ser transformada en energía. Uno de las fuentes de biomasa propuestas por el químico es el etanol, producto que se obtiene de la caña de azúcar, y que puede ser empleado como combustible.

Otra alternativa que ha probado ser viable es la energía eólica, que, gracias a sus bajos costos, ha tenido gran acogida tanto en Estados Unidos como en Europa. Según Manahan, los Estados Unidos podrían satisfacer hasta 20% de su actual demanda energética mediante esta fuente.

Sin embargo, la energía eólica no está exenta de problemas, como el hecho de que no se puede generar energía si no se cuenta con una corriente estable de aire.

Aparte de la biomasa y de la energía eólica, otra fuente de energía que hay que considerar es la nuclear, la que, a pesar de todas sus críticas, es relativamente estable y no produce gases de invernadero. No obstante, Manahan indica que, dado a los atentados perpetrados el mes pasado en Estados Unidos, sería necesario mejorar las medidas de seguridad de las instalaciones nucleares, llegando a considerar la opción de enterrar el núcleo del reactor en el suelo, haciéndolo así invulnerable a cualquier tipo de atentado.

A nivel local, Manahan recomienda a las universidades panameñas que desarrollen programas de educación ambiental destinados a orientar mejor al público y a los políticos sobre estos temas, para que de esta forma se adopten medidas inteligentes que estén basadas en la realidad.


Además en revista

Por un tratamiento de desechos más limpio
Las rabietas como reafirmación
Manuela Sáenz,intuición y valor
La caída demográfica no es una catástrofe
La osteoporosis, una enfermedad silenciosa
El estrés estudiantil
¿Docente particular?
‘Jack el destripador’, al tope
Rock para recaudar fondos