Por un tratamiento de desechos
más limpio
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
Sin
lugar a dudas, la lucha ambientalista a nivel mundial atraviesa
momentos álgidos en su historia. Hoy en día se hace más necesario
que nunca la implementación de sistemas de reciclaje que aseguren
un mejor manejo de los desechos sólidos y de las aguas servidas.
Uno de los principales promotores de estos
sistemas a nivel mundial es el químico ambiental Stanley E. Manahan,
quien recientemente visitó Panamá mientras se encontraba en tránsito
hacia Venezuela, país donde fue invitado a dictar una conferencia.
Desde 1965 Manahan imparte clases de química
ambiental y toxicológica en la Universidad de Missouri, Estados
Unidos. Hasta la fecha ha publicado dos libros: Química ambiental
y Química Toxicológica .
De acuerdo con el profesor universitario,
la química ambiental trata con los fenómenos químicos que afectan
el medio ambiente, mientras que la química toxicológica estudia
los aspectos tóxicos de las diferentes sustancias.
Incineración vs gasificación
Manahan ha consagrado su vida al estudio
y la promoción de la gasificación de desechos, un sistema sumamente
prometedor, especialmente para el tratamiento de residuos químicos
y nucleares.
Al igual que la incineración, que es la práctica
más difundida a nivel global en lo que al tratamiento de desechos
sólidos se refiere, la gasificación involucra también el uso de
elevadas temperaturas.
La principal diferencia entre ambos procedimientos
radica en que mientras el primero produce gases tóxicos, la gasificación
da como resultado un producto gaseoso que puede ser “químicamente
procesado”, para que así resulte inocuo al medio ambiente.
El proceso de gasificación no es complicado:
los materiales se hacen pasar por un tubo de metal, en donde son
incinerados por una llama a elevadas temperaturas. Los gases producidos
pueden ser aprovechados para impulsar turbinas que generen energía
eléctrica.
De acuerdo con Manahan, este proceso, el
cual puede tener diversas variantes, no es nuevo, ya que era aplicado
anteriormente para generar energía mediante el carbón.
No obstante, en lo que respecta a su aplicación
en el procesamiento de desechos sólidos y aguas servidas, este sistema
todavía se encuentra en su fase experimental, por lo que su uso
es todavía bastante limitado.
Al
parecer su costo tampoco ayuda a su difusión, ya que pueda resultar
relativamente caro, por lo que Manahan no recomienda su implementación
en Panamá, por lo menos no para el tratamiento de desechos convencionales.
El autor y conferencista propone que en su lugar se modernicen los
vertederos existentes con un sistema de incineración que pueda reciclar
el gas resultante.
En lo que respecta a la presencia en las
áreas revertidas de residuos químicos como consecuencia de las actividades
castrenses relacionadas con el desaparecido Comando Sur, Manahan
subraya que la gasificación puede ser muy efectiva en el tratamiento
de este tipo de sustancias, ya que ha sido probada con éxito para
la destrucción de materiales que poseen características semejantes
a los agentes nerviosos. El químico asegura que también se ha obtenido
buenos resultados en el tratamiento de suelo contaminado por estas
sustancias.
Optimizando el tratamiento de aguas
La gasificación también puede ser aplicada
al tratamiento de las aguas servidas. El lodo o cieno se hace pasar
por una serie de tanques especiales, en los que, ante la ausencia
de oxígeno, se descompone. Uno de los residuos obtenidos es gas
metano, el cual puede ser utilizado posteriormente como combustible.
Posteriormente, mediante un proceso biológico,
al agua se le aplica una bacteria que la deja prácticamente libre
de contaminantes. Cualquier material residual es tratado mediante
gasificación.
Manahan señala que con este sistema el costo
de tratamiento se reduce drásticamente, ya que no hay que mezclar
el cieno con gasolina para facilitar así su incineración. En cambio
se emplean residuos sólidos de carbono como combustible.
Aunque la implementación de este procedimiento
puede resultar oneroso, sobre todo para un país tercermundista como
Panamá, el químico apunta que, a largo plazo, las pérdidas van a
ser mayores en lo que a la degradación ambiental se refiere, la
cual puede tornar nuestro océanos y suelos infértiles.
En busca de alternativas energéticas
Ante la inminente crisis ambiental que se
atisba para los años venideros, se hace imperativa la búsqueda de
sistemas energéticos alternativos que reduzcan la presencia en la
atmósfera de los gases responsables por el llamado “efecto de invernadero”.
Para el profesor Stanley E. Manahan, de la
Universidad de Missouri (Estados Unidos), es necesario reducir el
consumo de combustibles fósiles en todo el mundo.
El químico ambiental confiesa que, aunque
está no será un tarea fácil, gran parte de la demanda energética
de la humanidad puede ser suplida por sistemas alternativos que
sean menos lesivos para el medio ambiente.
Uno de las fuentes a considerar es la biomasa,
cuyo potencial en Centroamérica es considerable, de acuerdo con
Manahan.
La biomasa se relaciona a la masa total de
los seres vivos, ya sean animales o vegetales, la cual puede ser
transformada en energía. Uno de las fuentes de biomasa propuestas
por el químico es el etanol, producto que se obtiene de la caña
de azúcar, y que puede ser empleado como combustible.
Otra alternativa que ha probado ser viable
es la energía eólica, que, gracias a sus bajos costos, ha tenido
gran acogida tanto en Estados Unidos como en Europa. Según Manahan,
los Estados Unidos podrían satisfacer hasta 20% de su actual demanda
energética mediante esta fuente.
Sin embargo, la energía eólica no está exenta
de problemas, como el hecho de que no se puede generar energía si
no se cuenta con una corriente estable de aire.
Aparte de la biomasa y de la energía eólica,
otra fuente de energía que hay que considerar es la nuclear, la
que, a pesar de todas sus críticas, es relativamente estable y no
produce gases de invernadero. No obstante, Manahan indica que, dado
a los atentados perpetrados el mes pasado en Estados Unidos, sería
necesario mejorar las medidas de seguridad de las instalaciones
nucleares, llegando a considerar la opción de enterrar el núcleo
del reactor en el suelo, haciéndolo así invulnerable a cualquier
tipo de atentado.
A nivel local, Manahan recomienda a las universidades
panameñas que desarrollen programas de educación ambiental destinados
a orientar mejor al público y a los políticos sobre estos temas,
para que de esta forma se adopten medidas inteligentes que estén
basadas en la realidad.
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