Las fiestas de Martín
Para concretar el potencial triunfador de Alberto Vallarino, es necesario que se abran los libros de inscripción del Partido Arnulfista
Jorge Ortega
Si Alberto Vallarino hubiera declarado que se retiraba de la carrera presidencial para el año 2004, todavía estuvieran de fiesta en el PRD. Las celebraciones hubiesen sido por todo lo alto, como acostumbran a hacer las cosas en ese partido. Las pachangas hubiesen sido ruidosas y ya se estarían repartiendo los ministerios y los consulados. Y es que en el PRD hay un triunfalismo que es para hacer un cuento. Hace unos días, en un programa radial conducido por uno de sus legisladores, un comentarista se atrevió a proponer llevar a cabo un referéndum para determinar, entre otras cosas, si los panameños estarían de acuerdo en adelantar las elecciones.
Según los teóricos perredistas, este gobierno ha defraudado todas las esperanzas que sembró durante la campaña presidencial y ahora está cosechando el producto de innumerables promesas incumplidas; promesas que además, no se pueden cumplir.
A esto le suman la innegable percepción de corrupción que acompaña a funcionarios y personajes muy amigos del gobierno. Le agregan una imagen de incompetencia e ineficiencia, logrando la fórmula segura de un voto de castigo.
Además de la teoría del voto de castigo, otros estrategas del PRD manejan la “Teoría del Péndulo”. Según ellos, cada cinco años los independientes oscilan hacia la oposición, como consecuencia de la desilusión que sufren con cada gobierno. Explican estos teóricos, que el PRD siempre mantendrá su caudal disciplinado que suma un 30% de los votantes, mientras que el Arnulfismo conservará siempre el suyo de carne y hueso (que suma o sumaba un 20% de los votantes). Ninguno de los dos por sí solos gana una elección y lo que le ha dado el triunfo en pasadas contiendas electorales a uno y otro partido, ha sido el voto independiente.
En la “Teoría del Péndulo”, los independientes votan siempre con la oposición y si eso es así, entonces en el 2004 votarán por el PRD; de manera que su candidato, Martín Torrijos, será el próximo presidente de Panamá.
La teoría parece tener cierta lógica, pero en realidad la conducta que siguen los votantes nunca es lógica. A quién se le hubiera ocurrido pensar que gente tan sensata como reconocidos empresarios de este país hubieran recomendado votar por Mireya, dizque para castigar la prepotencia del Toro. Si no hubiera sido por ellos, hoy la conducción del país hubiera estado en manos de personas mejor preparadas para sortear la crisis económica que nos está ahogando.
Así las cosas, y según estos planificadores, solo hay que esperar para que en mayo del 2004 ocurra lo inevitable; pero siempre y cuando las cosas se mantengan como están. Pero si en el horizonte del arnulfismo se presenta un candidato que en las elecciones pasadas convenció a 250,000 panameños de que era la mejor opción, y que actualmente reúne las esperanzas de todos aquellos que no terminan de convencerse de las bondades de una alianza PRD-PDC, la fiesta de Martín se le puede convertir en velorio.
A eso se deben los constantes ataques de los voceros del PRD a la candidatura de Alberto Vallarino. Ellos reconocen que en ese candidato está el potencial de su derrota en el 2004.
Para concretar ese potencial en una realidad, es necesario que se abran los libros de inscripción del Partido Arnulfista y se produzca el retorno renovador de Alberto y sus seguidores. Cumplida esta etapa, empezarán los preparativos para una campaña larga y dura por convencer a los votantes que, a pesar de este gobierno, su mejor opción en el 2004 no es el PRD.
El autor es ciudadano panameño
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