El amor en tiempos de ántrax
Se avizoran tiempos difíciles para todos los que residen entre el Polo Norte y el Sur
Desmond Harrington Shelton
“Terrorismo” es actualmente la palabra de moda en todo el mundo, debido a los lamentables sucesos del pasado septiembre. Espero, en comunión con el grueso de los panameños, que solamente nos enteremos vía los medios, de la violencia que nos espera a toda la humanidad en los próximos años, como consecuencia de la razonable acción bélica concertada en respuesta a ese flagelo.
Aunque localmente carecemos de aquellos odios ancestrales o de las varias dramáticas iniquidades que hacen tal disfuncionalidad psicológica viable, no podemos optar cómodamente por ser espectadores rogándole al “otro” bando, uno bien cobarde y sin rostro, honrar neutralidad, cuando la agenda del “terrorismo megaorganizado” ignorará perpetuamente nuestros intereses como nación.
Sin embargo, “el terrorismo megaorganizado” está en su ocaso; nuestros hijos o nietos, afortunadamente, conocerán solamente el terrorismo artesanal, ya que el organizado está en su otoño debido al concierto de esfuerzos internacionales en los centros bancarios y frentes militares.
¿Cuál es la diferencia entre un movimiento nacionalista armado y un movimiento terrorista (sin toparme con objeciones abstractas por parte de terceros)? La más tangible definición por parte del suscrito, quien orgullosamente portó el verde olivo el otoño de su adolescencia, no debe serle difícil tarea. El primer movimiento cuenta con el apoyo del grueso de la población civil durante sus gestiones contra los elementos militares foráneos. El otro, mientras tanto, recurre al terror y lo hace conspicuamente contra civiles para ser noticia. Al mismo tiempo, carece de apoyo colectivo o coherencia.
En el caso específico del once de septiembre, nunca entenderé con qué propósito una miópica y minúscula minoría causó tanto dolor a miles de hogares felices de múltiples etnias, mientras cobardemente escudan su obtuso norte tras el noble Corán.
¿Cuál es la radiografía de un terrorista? Generalmente, es un individuo disfuncional con un bagaje de acongojantes años formativos y posteriormente una adolescencia donde muy probablemente el término amor y afecto eran sinónimos de sexo y maltrato. Además, fue seriamente manipulado exclusivamente para los propósitos draconianos del cabecilla de su grupo. Durante su niñez, su personalidad ha sido dramáticamente afectada y moldeada por su entorno, muy especialmente por el de su extraño “hogar”. Aunado a eso, y al llegar a la adolescencia, su círculo de influencias y diario vivir era digno de la suma de todos los círculos de Alighieri. Finalmente, ya adulto, es como un eunuco en lo que servir a su comunidad o discernir se refiere.
Sin irnos muy lejos y en proporciones guardadas, solo tenemos que leer las biografías de las filas del pandillerismo local. Concluyendo, se avizoran tiempos difíciles para todos los que residen entre el Polo Norte y Sur; tiempos que nos costaría mucho explicar a nuestros ancestros por lo intrincado del escenario. Sin embargo, nuestra mejor herramienta para eclipsar este miedo es el optimismo, y aferrarnos más a Dios en nuestro diario vivir, teniendo una mayor sensibilidad hacia todos los aldeanos de aqueste globo llamado Tierra.
Aquellos “que no estamos con el terrorismo” (parafraseando a G.W.B.), lucremos de la introspección colectiva generada por esta desagradable y violenta experiencia, erradicando de nuestra sociedad y círculo inmediato, aquellas carencias que hicieron viable los años formativos del terrorista arriba radiografiado. Si optamos por ser espectadores en vez de protagonistas, en ese frente civil y en las mil y un maneras que podemos ayudar, condenaremos a nuestros eventuales nietos a ver las ETA, IRA, FARC, HAMAS, CODEPADIS, los bin Laden y etcéteras del mundo, levantarse nuevamente de las cenizas que el futuro les depara.
El autor es abastecedor de barcos
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