Análisis de la encuesta
La situación económica empeora
El Gobierno no da señales
de cambiar los fundamentos de la economía
RAÚL GASTEAZORO
Especial para la prensa
Un
análisis de las opiniones de los encuestados sobre la gestión del
Gobierno y la economía es revelador. La mayoría de los encuestados
considera que el desempleo es el mayor problema que enfrenta el
Gobierno (46.7%). Más de la mitad considera que su situación económica
ha empeorado. Esto es confundir el síntoma con la enfermedad. El
problema del desempleo tiene sus raíces en el débil modelo económico
que hemos seguido por los últimos 50 años. Si nuestra economía no
tiene el vigor y el dinamismo para absorber a nuevos trabajadores,
el desempleo siempre será un problema medular de nuestra sociedad.
Lo triste es que el Gobierno no dé señas
de cambiar los fundamentos de la economía, y todo lo que podría
hacer para reducir el desempleo es solo un paliativo que a la larga
fallará en crear un crecimiento económico sostenible. La empleomanía
gubernamental y los subsidios no resolverán el problema del desempleo,
porque no contiene el germen necesario para fomentar la inversión
privada y la actividad económica. El Gobierno tiene que romper con
los patrones antiguos y cambiar los elementos fundamentales de la
economía, promoviendo la actividad exportadora, la competencia y
la eficiencia al penetrar mercados cada vez mayores. Solo así se
podrá tener la esperanza de que todos en el país vamos a mejorar
económicamente.
El segundo y el tercer problemas que identifican
los encuestados son la crisis económica y la corrupción. Considerando
que esta encuesta viene a poco más de un mes del ataque terrorista
que afectó al mercado internacional de capitales, es difícil saber
cuál realmente tiene prioridad en la mente de los encuestados, la
corrupción o la crisis económica.
Una, la crisis, es intratable, ya que es
poco lo que uno puede hacer como país o como ciudadano para resolverla.
Sí existe conciencia (65.4%) de que el Canal corre peligro en una
crisis bélica internacional. La otra, sin embargo, es producto de
nuestra sociedad criolla. Nosotros tenemos la solución a la corrupción
si queremos resolverla, ya sea por parte del Gobierno o por parte
de la sociedad civil. En efecto, de los problemas presentados a
los encuestados, la corrupción es la más tratable si existe la voluntad
política y moral para resolverla. Tal vez es por ello que el 66.5%
califica a la gestión de la presidenta, Mireya Moscoso, como mala
o muy mala en combatir la corrupción. El Gobierno prefiere enterrar
la cabeza y hacer creer que no hay corrupción, algo que la sociedad
ya conoce como uno de los principales problemas del país.
El cuarto y el quinto mal de que adolece
la sociedad, según los encuestados, es la delincuencia y la mala
administración. Pero ya aquí la encuesta indica que son relativamente
pocos (6.1%) los que se preocupan por estos problemas como centrales
en nuestro medio. La delincuencia en parte es consecuencia de nuestros
problemas económicos. Son los menos privilegiados los que primero
sufren la embestida al bajar la actividad económica y quienes optan
por la delincuencia para solventar sus problemas. Curiosamente,
más del 53.7% considera que la gestión social en las áreas de salud,
educación y vivienda son positivas para la presidenta. El uso masivo
e ineficiente de los recursos del Estado acoplados a la propaganda
gubernamental y el carisma de la presidenta en su trato con las
masas son las principales razones que explican esta estadística.
La mala administración es el resultado de
la falta de experiencia del Partido Arnulfista en la administración
pública, y las fallas de liderazgo y administrativas, de la presidenta.
Ella nunca ha administrado algo tan complejo como una nación, y
depende de su Gabinete para hacerlo. La mayoría de los ministros
tiene experiencia política, pero faltan los tecnócratas necesarios
para generar una política gubernamental coherente. Por ello, el
73% de los encuestados considera que la política económica y el
empleo han sido mal o muy mal manejados por el Gobierno.
En cuanto a nuestro bienestar económico y
nuestro futuro, la opinión es que mantenemos el statu quo (36.9%-50%)
o se empeorará la situación económica (41.2%-39.3%). Como país,
todavía pesa la deuda externa. Curiosamente, el 63.7% opina que
los dineros del Fondo Fiduciario para el Desarrollo (FFD) deberían
usarse para mejorar el servicio del IDAAN. La mayoría de los panameños
seguimos pensando que el agua es gratis, y que si le damos recursos
al IDAAN, esta institución mejorará el suministro de agua si “se
le tira dinero” para resolver el problema. Lamentablemente, esta
institución, al igual que el IRHE y el INTEL, en sus momentos, no
son entidades ni confiables ni eficaces ni profesionales. El IDAAN
ha sido un botín político que estuvo hasta hace pocos meses en manos
de Cambio Democrático. Tomará años antes de que el IDAAN pierda
los vestigios de politización que han caracterizado su existencia.
Los pasos a seguir para el IDAAN son conocidos; hay que cobrar por
el agua, planificar cómo cumplir las necesidades y controlar el
uso del agua. Esto requiere nuevas tarifas, mejor administración
y planificación. Por ahora, el IDAAN no tiene la capacidad para
resolver el problema del agua, con o sin el dinero del FFD. Más
aún, los recursos del FFD debería usarse en forma más eficiente,
ya que el rendimiento ha sido bajísimo, raspando el 3%, según los
informes de la prensa. Si los recursos del FFD se usaran para comprar
deuda panameña, el rendimiento sería de más del 10%.
Pero todos estos comentarios se basan en
opiniones obtenidas en respuesta a preguntas muy ambiguas. Sin otras
cifras estadísticas confiables sobre nuestra economía, estamos relegados
a evaluar, mediante sondeos como este, el sentimiento de la mayoría
de los encuestados. Las encuestas reflejan un universo mayor, en
este caso a los ciudadanos de Panamá. Como es evidente por las opiniones
y sentimientos de los panameños, tenemos mucho que mejorar.
La mala nota
¿Por qué la mayoría de
los encuestados le ponen una mala nota al gobierno en su conjunto
(órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial)?
RAÚL LEIS
Especial para La Prensa
raulleisr@hotmail.com
La tendencia general en Panamá y la región
en la que nos encontramos, es a expresar un bajo apoyo específico
al desempeño de la democracia, aunque aún prevalecen niveles superiores
—no eternos— de apoyo difuso al sistema. La valoración del desempeño
parece venir más bien de un balance subjetivo, como resultado de
la comparación que hace la población de las expectativas generadas
en el momento electoral (1999), con la percepción que ella tiene
del cumplimiento de esas expectativas en el momento de la encuesta.
No existen elementos para afirmar que existe
un balance objetivo, producto del desempeño real de las instituciones
de gobierno, en términos de la calidad o cantidad de sus logros
efectivos, en un período determinado.
Esta desilusión con el desempeño de la democracia
es una expresión de la pérdida de centralidad de la política, y
de una decepción cada vez más profunda producto de la percepción
creciente de una realidad caracterizada por “la fragmentación política,
el clientelismo, el caudillismo, la ausencia de partidos democráticos,
el cambio de bando, los proyectos políticos personalistas, la ausencia
de programas y de reglas del juego internas, y otros males, que
son el pan de cada día...” (Pedro Santana).
La mala nota expresa que la percepción del
saldo actual que arroja el gobierno en su conjunto es negativo,
proyectando el descontento ante la ineficacia de los políticos en
solucionar problemas básicos que afectan a la gente, en consultar
y dar participación a la población más allá del juego electoral.
Subyace irritación respecto a una democracia formalista con pocos
espacios de participación ciudadana, y la ineficacia de las acciones
gubernamentales para resolver los problemas que afectan a la población.
El Estado posee cada vez menos capacidad
de respuesta, producto del adelgazamiento en su capacidad de generar
políticas públicas, como producto de los ajustes económicos y la
falta de eficacia en la utilización del gasto social. Además, el
debilitamiento de la economía deteriora las condiciones de vida
y limita la capacidad de movilidad social.
Lo grave del asunto es que ningún órgano
del Estado o partido se escapa de esta situación en la medida que
son penalizados todos los órganos del Estado, y al mismo tiempo
es preocupante, pues la impugnación puede algún día volcarse sobre
la legitimidad de la democracia, abriendo la puerta a la búsqueda
de salidas autoritarias.
Según Huntington, deben existir tres condiciones
funcionales para construir sostenibilidad democrática: una cultura
política democrática, un desarrollo del marco institucional y legal,
y un consenso mayoritario sobre el proyecto nacional inclusivo,
que debe ser una visión de desarrollo para el país, compartida por
la mayoría de la población. El nivel de especificación de esta visión
es diferente para la elite que para el conjunto de la población.
El proyecto es inclusivo si con el desarrollo económico mejoran
efectivamente las condiciones materiales de vida de la mayoría de
la población. Nuestra cultura política es de por sí débil, nuestro
marco institucional legal es precario y somos huérfanos de un proyecto
incluyente. Hay mucho por hacer y que construir en este país.
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