Mujeres, Ionesco y diversión
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
La última vez que el director de teatro Edgar Soberón Torchía se hizo cargo de un monólogo fue en 1991, cuando en el Festival del Monólogo en La Habana presentó El bello indiferente, de Jean Cocteau, interpretado por la actriz brasileña Conceicao Senna.
De su propia cosecha, el también crítico de cine y profesor universitario tiene dos monólogos, Maternidad imposible y Agenda oculta, que “datan de 1992, pero todavía, nueve años después, parecen muy fuertes”, por lo que todavía no han podido llegar a escena.
Como se ve, hay un aprecio por parte de Soberón Torchía por la obra dramática en que habla un solo personaje, como podría definirse el monólogo como expresión teatral. De allí que a la actriz Elisa Fernández no le costó demasiado convencerlo para que realizara el montaje de Santas, vírgenes y mártires, que Yorick Compañía de Teatro presenta hasta el 28 de octubre, en funciones de martes a sábado, en el teatro ABA.
Esta puesta en escena, que gira en torno a la condición de la mujer, pero desde un eje humorístico, tiene un elenco femenino de lujo: Elisa Fernández, Cloty Luna, Teresita Mans, María Elena Mena, Nyra Soberón e Isis Tejeira.
Este conjunto de monólogos los escribió el dramaturgo Jorge Díaz para la hermana de Elisa, Maité Fernández, quien también se dedica a la actuación en Chile.
Soberón Torchía, ganador del premio literario Ricardo Miró en la sección Teatro, explicó a La Prensa que el humor manejado por Jorge Díaz es “cerebral, sofisticado y con mucho del teatro del absurdo de Ionesco (uno de mis dramaturgos favoritos.) Cada una de las mujeres de la obra está ubicada en una situación extrema, pero muy arraigada en la realidad. Casi todos los monólogos te hablan de sus relaciones con los hombres, pero en situaciones que bordean el límite de lo extraordinario, de la fantasía, aunque, en el fondo, son muy reales”.
Para el autor El hijo de Ochún trabajar con damas “siempre es un deleite, sobre todo si poseen una clara visión de su posición clave en la sociedad y de lo que pueden lograr. Se trata, en este caso, de seis actrices muy talentosas, y que han demostrado una solidaridad y compañerismo que contradice el cliché machista de que muchas mujeres juntas se comen las entrañas unas a otras. Aquí hay poco de esa competitividad que nos inculcan más a los hombres, y no porque las mujeres no sean capaces de alcanzar las altas posiciones que se reservan los hombres, sino porque, por lo general, las mujeres tienen otra visión de las cosas, tienen una riqueza que a veces ni ellas mismas se dan cuenta de lo maravillosas que son. Lo más lindo de estas seis mujeres es que tienen sentido del humor para reírse de sí mismas y de los papeles que les asigna la sociedad, sin ofender a nadie”.
-¿Cómo enfrenta director e intérpretes un
monólogo?
-Empezamos con un análisis de texto que revelará la estructura interna de cada monólogo, mediante la búsqueda de las fuerzas en conflicto y las motivaciones a lo largo de cada uno. Luego procedimos a dinamizar cada monólogo mediante movimientos que, de modo lógico y orgánico, matuvieran al público atento, aunque lo que cuentan de por sí mantiene despierto a cualquiera. Luego, introduje ‘personajes sombras’ en cada monólogo. Esto consiste en materializar a los personajes de los que se habla pero que no están en escena. En este caso, no siempre fui tan literal, sino que inventé otros personajes e hice que las actrices intervinieran en esos pequeños papeles en los monólogos de las otras. Estéticamente, me adherí a los lineamientos del ‘teatro pobre’, que no es que sea pobre en recursos, sino que se centra en el intérprete, o sea, en el actor o la actriz. Casi no hay decorados. Lo que sí detallamos más fue el vestuario.
Considera Edgar Soberón Torchía como una coincidencia teatral que tanto Norman Douglas con su Monólogos de la vagina (Sala El Colibrí) y Yorick con Santas, vírgenes y mártires traten la temática femenina a partir de la misma forma de hacer teatro.
Admite el artista que “no es frecuente ver monólogos, quizá el público no está acostumbrado. Pero una vez se da el permiso de disfrutarlo, descubre un mundo nuevo de posibilidades escénicas que, en realidad, es tan viejo como el teatro. Ahora, no son monólogos solo para mujeres. Cualquiera los puede disfrutar u odiar a plenitud. Son divertidos, pero a la vez muy, pero muy mordaces”.
El absurdo libera
Jorge Díaz nació en Chile en 1930 y reside alternadamente entre Santiago y Madrid. Es considerado uno de los dramaturgos más prolífico de América Latina, pues hasta diciembre de 1998 había escrito 72 obras de teatro y 38 espectáculos para niños.
En 1993, ganó el Premio Nacional de las Artes de la Representación y Audiovisuales de Chile. “El teatro no es literatura”, ha dicho. “Por eso, cuando alguien escribe escénicamente mis obras, espero que me traicione. De la traición al dramaturgo surge la creación escénica colectiva”.
Sobre los personajes de Santas, vírgenes y mártires, que Yorick presenta en el Teatro ABA hasta el 28 de octubre, ha comentado que se trata de "mujeres con un agudo sentido del humor, que manejan el absurdo como una forma de liberarse de tanta mentira que las rodea. De cada una de ellas emerge una historia de amor, alucinante y patética. En ese sentido, se puede decir que estamos ante un puñado de mujeres solas, pero que han encontrado una vía de escape. Han abierto una puerta clausurada y huyen de la rutina con ironía y humor. Si alguien cree que en la obra nos reímos de las mujeres, está muy equivocado. Ocurre todo lo contrario, nos reímos de los hombres; es decir, me río de mí mismo, porque yo también soy un solitario patético y marginal, que se defiende con el humor".
Santas, vírgenes y mártires es el tercer intento, el primero que resulta, de trasladar a los escenarios una pieza del chileno Jorge Díaz a Panamá. Explica el autor y director panameño Edgar Soberón Torchía que "en 1978 casi actúo con Delia Cortés en El cepillo de dientes, bajo la dirección de Domingo LoGiudice, y en 1987 estuve a punto de montar su musical infantil El generalito. Pero, iluso yo, ¡pretendí montar una obra anti-militarista en plena crisis, en la Alianza Francesa! Cuando la esposa del director leyó el libreto -que ya había estaba aprobado, había escogido a los actores y estaban las copias impresas- nos suspendieron el montaje".
En el caso de su obra Santas, vírgenes y mártires, en cartelera hasta el 28 de octubre en el Teatro ABA, el espectador conocerá la historia de un variopinto grupo de damas, que van desde una viuda que hace un picnic junto a la tumba de su difunto esposo, una podóloga fetichista, una escritora asesina, una sexóloga especialista en calorías, una anfitriona de bar con un ombligo muy sensible, la esposa insatisfecha de un ministro, una novia anciana y virgen, una adicta a los derechazos del esposo y una prostituta que usa diez pares de pantaletas.
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