Panamá, 21 de octubre de 2001
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Okri, un niño espíritu

‘El camino hambriento’ es una novela intensa y emocionante, colmada de imágenes fantásticas y duramente reales

Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com

Obra: El camino hambriento

¿Qué tiene en común Ben Okri con los novelistas William Golding, Salman Rushdie, Michael Ondaatje, Kazuo Ishiguro, Arundhati Roy y más recientemente con Peter Carey? Que todos obtuvieron el prestigioso premio británico Booker. ¿Qué une a Ben Okri con narradores como Mongo Beti, Calixthe Beyala, Henri Lopes, Chinua Achebe y Cyprian Ekwensi? Que los cinco provienen de Africa, un continente del que se sabe poco a nivel de letras, salvo que sus autores logren el Nobel o bien otros importantes certámenes literarios internacionales.

Cada año, cuando se acerca el mes de octubre, y comienzan los rumores de quién obtendrá el Nobel, siempre se escucha en los salones de la Real Academia Sueca posibles nombres provenientes del continente negro. Ese lado del mundo, generalmente generador de noticias a partir de catástrofes naturales o las ancestrales rivalidades de decenas de etnias, tiene como máximo defensor a lo interno de la Academia a Per Waestberg, uno de los encargados de seleccionar a los candidatos.

El 2001 no fue la excepción, además del británico V.S.Naipaul (que finalmente se quedó con la distinción) habían otros tantos nombres de posibles triunfadores, entre ellos tres africanos: el sudafricano J. M. Coetzee, el somalí Nurudin Farah y el nigeriano Ben Okri.

Nigeria es el tipo de país que las agencias internacionales de noticias solo recuerdan cuando muere el dictador de turno o si liberan a un líder opositor, si se discuten las reformas políticas que se requieren para ofrecerle a su gente la instauración plena de los derechos humanos o si los militares colaboran o no en la campaña de reinstaurar una firme democracia.

De los que escriben también se conoce poco en este lado del planeta. Salvo Wole Soyinka, que tiene mayor presencia global gracias precisamente al Nobel que obtuvo en 1986, y Amos Tutuola, Ken Saro Wiva, Buchi Emecheta y Ben Okri, pareciera que la narrativa nigeriana fuera un fantasma.

Lastimosamente, como ocurre con frecuencia, una forma de darse a conocer es irse a estudiar y residir a un país industrializado. Así le pasó a Ben Okri, que nació en Minna, en 1961, pero fue educado y vive en Inglaterra. Ha publicado los libros Flowers and Shadows, The Landscapes Within, Incidents at the Shrine, Stars or the New Curfew, An African Elegy y Songs of Enchantment.

Este autor de novelas, cuentos y poesía consiguió en 1991 el premio Booker por su obra El camino hambriento, así como los honores en el Commonwealth Writers Prize for Africa, el Paris Review Aga Khan Prize for Fiction, el Chiante Rufino Antico Fattore International Literary Prize y el Grinzane Cavour Prize.

En El camino hambriento mantiene Okri su estilo inconfundible, que se basa en una mesurada amalgama entre la tradición oral africana y la cultura europea, un equilibrio entre lo verdadero y tangible y un realismo mágico netamente africano, y su unión entre el arte de narrar las elaboradas descripciones cinematográficas y un suspenso colmado de apariciones y monstruos fantásticos. Esta obra, que fue escrita por Okri cuando tenía solo 30 años de edad, es la continuación de otras novelas de viajes y desencuentros espirituales como La Odisea y La divina comedia.

A través de las vicisitudes de Azaro, un niño-espíritu, nos recuerda Ben Okri toda la belleza, la compasión, la crueldad y la maldad que es capaz de brindarle a sus semejantes el ser humano.

La supervivencia de este pequeño abiku es la supervivencia de un pueblo pobre y analfabeto que es gobernado por políticos corruptos; se trata de un conglomerado social que se enfrasca en un combate por tener luz eléctrica en sus hogares, que las jornadas laborales no sean de 18 horas diarias y disfrutar de caminos seguros y asfaltados, pero quizás la contienda más grande sea mantener una cultura africana que está siendo desquebrajada por la influencia de culturas traídas directamente de Occidente.


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