Okri, un niño espíritu
‘El camino hambriento’ es una novela intensa
y emocionante, colmada de imágenes fantásticas y duramente reales
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
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Obra: El camino hambriento
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¿Qué tiene en común Ben Okri con los novelistas
William Golding, Salman Rushdie, Michael Ondaatje, Kazuo Ishiguro,
Arundhati Roy y más recientemente con Peter Carey? Que todos obtuvieron
el prestigioso premio británico Booker. ¿Qué une a Ben Okri con narradores
como Mongo Beti, Calixthe Beyala, Henri Lopes, Chinua Achebe y Cyprian
Ekwensi? Que los cinco provienen de Africa, un continente del que
se sabe poco a nivel de letras, salvo que sus autores logren el Nobel
o bien otros importantes certámenes literarios internacionales.
Cada año, cuando se acerca el mes de octubre,
y comienzan los rumores de quién obtendrá el Nobel, siempre se escucha
en los salones de la Real Academia Sueca posibles nombres provenientes
del continente negro. Ese lado del mundo, generalmente generador
de noticias a partir de catástrofes naturales o las ancestrales
rivalidades de decenas de etnias, tiene como máximo defensor a lo
interno de la Academia a Per Waestberg, uno de los encargados de
seleccionar a los candidatos.
El 2001 no fue la excepción, además del británico
V.S.Naipaul (que finalmente se quedó con la distinción) habían otros
tantos nombres de posibles triunfadores, entre ellos tres africanos:
el sudafricano J. M. Coetzee, el somalí Nurudin Farah y el nigeriano
Ben Okri.
Nigeria es el tipo de país que las agencias
internacionales de noticias solo recuerdan cuando muere el dictador
de turno o si liberan a un líder opositor, si se discuten las reformas
políticas que se requieren para ofrecerle a su gente la instauración
plena de los derechos humanos o si los militares colaboran o no
en la campaña de reinstaurar una firme democracia.
De los que escriben también se conoce poco
en este lado del planeta. Salvo Wole Soyinka, que tiene mayor presencia
global gracias precisamente al Nobel que obtuvo en 1986, y Amos
Tutuola, Ken Saro Wiva, Buchi Emecheta y Ben Okri, pareciera que
la narrativa nigeriana fuera un fantasma.
Lastimosamente, como ocurre con frecuencia,
una forma de darse a conocer es irse a estudiar y residir a un país
industrializado. Así le pasó a Ben Okri, que nació en Minna, en
1961, pero fue educado y vive en Inglaterra. Ha publicado los libros
Flowers and Shadows, The Landscapes Within, Incidents at the Shrine,
Stars or the New Curfew, An African Elegy y Songs of Enchantment.
Este autor de novelas, cuentos y poesía consiguió
en 1991 el premio Booker por su obra El camino hambriento, así como
los honores en el Commonwealth Writers Prize for Africa, el Paris
Review Aga Khan Prize for Fiction, el Chiante Rufino Antico Fattore
International Literary Prize y el Grinzane Cavour Prize.
En El camino hambriento mantiene Okri su
estilo inconfundible, que se basa en una mesurada amalgama entre
la tradición oral africana y la cultura europea, un equilibrio entre
lo verdadero y tangible y un realismo mágico netamente africano,
y su unión entre el arte de narrar las elaboradas descripciones
cinematográficas y un suspenso colmado de apariciones y monstruos
fantásticos. Esta obra, que fue escrita por Okri cuando tenía solo
30 años de edad, es la continuación de otras novelas de viajes y
desencuentros espirituales como La Odisea y La divina comedia.
A través de las vicisitudes de Azaro, un
niño-espíritu, nos recuerda Ben Okri toda la belleza, la compasión,
la crueldad y la maldad que es capaz de brindarle a sus semejantes
el ser humano.
La supervivencia de este pequeño abiku es
la supervivencia de un pueblo pobre y analfabeto que es gobernado
por políticos corruptos; se trata de un conglomerado social que
se enfrasca en un combate por tener luz eléctrica en sus hogares,
que las jornadas laborales no sean de 18 horas diarias y disfrutar
de caminos seguros y asfaltados, pero quizás la contienda más grande
sea mantener una cultura africana que está siendo desquebrajada
por la influencia de culturas traídas directamente de Occidente.
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