Panamá, 21 de octubre de 2001
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¿Certificación antiterrorista?

A ojos de Washington, Panamá parece estar colaborando más que satisfactoriamente en la guerra antiterrorista

Betty Brannan Jaén

Aunque es dudoso que Estados Unidos impondrá un sistema formal de “certificar” la colaboración extranjera en la guerra antiterrorista (así como se “certifica” su cooperación en la guerra antidrogas), un sistema parecido está desarrollándose de manera informal.

Con una postura de “quien no está con nosotros, está contra nosotros” -la posición explícita del presidente George W. Bush-, el Gobierno estadounidense se ha dedicado a crear una gran coalición global antiterrorista en que se espera que cada país contribuya al alcance de sus posibilidades. A nivel público, por lo menos, hay poca claridad en lo que se está pidiendo de cada país; y hay aun menos claridad en cuanto a la escala de medición que Washington utilizará para determinar la suficiencia de la colaboración brindada por cada nación.

Igual que en la guerra antidrogas, los presuntos aliados de Estados Unidos operan en una nube de parámetros indefinidos, a riesgo de que ese país repentina y arbitrariamente tilde de insuficiente la colaboración brindada hasta el momento.

Los funcionarios panameños, por ejemplo, se sorprendieron mucho cuando una edición reciente de la revista TIME informó que el apoyo panameño a Estados Unidos en la lucha antiterrorista está en duda. “Todo lo contrario”, protestó un alto funcionario panameño, insistiendo en que los pronunciamientos de respaldo han sido “bastante inequívocos”.

Tras hacerme un recuento de todas las declaraciones de la presidenta Moscoso, de los comunicados expedidos por su gobierno, de lo expresado por el canciller Alemán en Lima y Washington (durante reuniones de la Organización de Estados Americanos), y del compromiso panameño con la “defensa colectiva” hemisférica invocada bajo el Tratado de Río, el funcionario insistió en que la apreciación de TIME era simplemente “equivocada”. Sin una explicación por la calificación otorgada a Panamá, dijo el funcionario, el único consuelo es que TIME puso en el mismo renglón a Costa Rica, cuyos pronunciamientos de respaldo a Estados Unidos también han sido muy fuertes.

Los funcionarios estadounidenses, por otro lado, no parecen estar insatisfechos con la colaboración que están recibiendo de Panamá. “Panamá ha estado diciendo todas las cosas correctas y agradecemos sus expresiones sólidas de apoyo”, me dijo Charles Barclay, funcionario del Departamento de Estado. En particular, Barclay destacó la colaboración ofrecida por las autoridades bancarias panameñas. Paralelamente, el embajador panameño en Washington, Guillermo Ford, me aseguró que de los funcionarios estadounidenses, “solo he oído reconocimientos de nuestro apoyo total”.

Otros altos funcionarios panameños aseguran que tanto privadamente como en público, sus contrapartes estadounidenses han expresado repetidamente su agradecimiento por la solidaridad del pueblo y el Gobierno panameño. El encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en Panamá, Frederick Becker, lo reiteró públicamente el pasado jueves 11 de octubre.

Todos los funcionarios que consulté al respecto, de ambos países, descartaron la noción de que la presidenta Moscoso ha debido viajar a Washington a expresar en persona su tristeza por la tragedia del 11 de septiembre. Hubo quien tildara esta idea de “ridícula” y un funcionario panameño señaló tajantemente que “eso ni siquiera se discutió”. Sin embargo, según algunos funcionarios panameños, la presidenta habló por teléfono con el presidente Bush y le expresó su dolor por lo acontecido.

Del lado estadounidense, mientras tanto, saqué en conclusión que si todos los mandatarios del mundo hubieran dispuesto ir a Washington a darle el pésame al presidente Bush, a este no le hubiera quedado tiempo para atender la crisis que tenía entre manos.

Panamá pues, parece estar colaborando más que satisfactoriamente -a ojos de Washington- en la guerra antiterrorista, pero no tengo dudas de que si esta guerra resulta ser larga y difícil, más adelante surgirá algún esquema informal de “certificar” la colaboración de cada país. El presidente Vicente Fox de México, por ejemplo, se vio obligado a viajar a Washington a fortalecer sus expresiones de solidaridad con Estados Unidos, cuando un editorial en el diario Dallas Morning News planteó que era amigo de Washington solo en tiempos buenos, no en los momentos difíciles.

La Fundación Heritage ha propuesto que Washington niegue asistencia económica a países que “toleran” las organizaciones terroristas en su territorio, dejando así de colaborar adecuadamente en la lucha antiterrorista. Ese es el mismo método que Washington usa en su “certificación” antidrogas. Cabe subrayar que entre las organizaciones terroristas citadas por Heritage están las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y no faltará quien diga que Panamá “tolera” sus incursiones en el Darién.

Corresponsal en Washington

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