Negocios en medio de la pobreza
Crecen las pequeñas empresas en un lugar donde 95 de cada 100 personas son pobres
Boris Gómez
Especial para La Prensa
negocios@prensa.com
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Los indígenas ngobes quieren romper el círculo de la pobreza mediante pequeños negocios.
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SAN FELIX, Chiriquí. –Dentro de la comarca Ngobe Buglé empieza a crecer el número de pequeñas empresas dedicadas a múltiples actividades, que intentan progresar en una de las zonas más pobres del país.
Se dedican a la venta de mercancía seca, pollos vivos o procesados, confección de uniformes escolares, artesanías, agricultura orgánica, plantones maderables y producción cafetalera.
Ya hacen publicidad de sus productos y ni las limitaciones de la aislada zona parecen arredrar a los indígenas. Prueba de ello es que no hay líneas telefónicas comerciales, e incluso así, los microempresarios están dispuestos a comunicarse para vender a través de los teléfonos públicos que operan por celdas solares. El 70% de la región no tiene energía eléctrica ni líneas telefónicas.
Si usted necesita llamar a la pequeña empresa Avícola Aminda Diuma, ubicada en Cerro Iglesias, distrito de Nole Duima, puede hacerlo al monedero 726-0136, o si quiere comprar plantones maderables de cedro, llame al teléfono público 756-9100.
Esta iniciativa parece difícil en un lugar donde la pobreza y el hambre son una realidad. En la comarca, según cifras del plan estratégico para el desarrollo de la comarca, el 50% de los niños sufre de desnutrición, y la mortalidad infantil es de 84 por cada mil niños nacidos vivos, un 5% más que el promedio nacional. (de 16%).
La zona tiene un territorio de 6 mil 994 kilómetros cuadrados, con una población de 110 mil habitantes. Allí está concentrado el 75% de la población indígena del país. 95 de cada 100 indígenas son pobres.
Un 44% de los moradores de la comarca no saben leer. Solo el 14% llega a secundaria y no hay educación bilingüe.
En marzo de 1994 se puso en marcha el proyecto para el desarrollo de las comunidades Ngobe Buglé. Este proyecto contó con la aprobación del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), y es el seguimiento al anterior proyecto Dri-Guaymie.
Se le otorgó un presupuesto de 11.4 millones, y el objetivo general era el de mejorar las condiciones de vida de la población indígena, conservando a la vez su identidad cultural.
Lizka Binns, la directora general del proyecto que está en su etapa final, indicó que se crearon 395 micro-grupos que deben dedicarse a la generación de distintos proyectos, muchos de ellos de carácter económico.
Durante seis años, el proyecto promovió en la zona la manera de crear actividades económicas para disminuir la pobreza que aún sigue haciendo estragos.
Ahora los indígenas están convencidos de que el cambio no vendrá de afuera, sino que depende del esfuerzo de la gente a través del trabajo, indicó Binns.
Binns explicó que lo primero que tenía que hacerse
era identificar una posible actividad económica, y a través de la
dirección de capacitación, dotar a los grupos de los conocimientos
necesarios que les permitieran desarrollarse e instalar una pequeña
empresa.
El paso siguiente era dotar de recursos a los grupos formados a través del Fondo de Capitalización del proyecto.
El primer crédito dado por el proyecto Ngobe Buglé se otorgó a la Asociación de Productores Agropecuarios de las Tierras Altas de Hato Chamí por un monto de 150 mil dólares en octubre de 1997.
Luego de este aporte económico, se han otorgado préstamos a tres cooperativas de productores o artesanos indígenas, y 41 grupos de base de pequeñas comunidades para que produzcan gallinas o granos por un monto total de 275 mil 244 dólares. Se han beneficiado directamente con estos créditos, según el informe del Proyecto Ngobe Buglé, 630 familias.
“En la comarca los beneficios no se miden por lujos, casas, autos, ropa fina o alhajas, sino porque las familias puedan comer, y poco a poco sabemos que se puede lograr que en cada casa exista la posibilidad de un plato de comida para cada uno de los miembros del hogar”, dijo Binns.
La política del proyecto es participar en todas las actividades que erradiquen el hambre de la zona indígena, dijo Binns. El pasado martes, 16 de octubre, durante el día mundial de la nutrición, se presentaron exposiciones de artesanías y de productos de la región en el distrito de San Félix, con la idea de que los estudiantes observaran que la producción en las comunidades alejadas es una de las soluciones.
En un informe del Fondo Internacional para el
Desarrollo Agrícola (FIDA), se analizó la situación de una de las
tres cooperativas que recibió créditos para generar empleos.
Según Cándido Tugrí, presidente de la Cooperativa de Servicios Múltiples Guaire R.L. se han sumado ya casi 100 socios, todos agricultores y artesanos. La cooperativa se organizó en 1997 y administra un centro de acopio y distribución de víveres.
Tugrí informa de que con un crédito de 21 mil 588 dólares, la cooperativa Guaire R.L., (Guaire quiere decir “juntos” en lengua ngobe) construyó una pequeña bodega, una oficina y equipos para vender la mercancía.
Ya está en condiciones de abrir una sucursal en Cerro Sombrero así como varias tiendas de consumo al por menor. Su eficacia se debe a que la cooperativa ha ido erradicando la anterior realidad de que los intermediarios les vendían a los indígenas los alimentos a precios muy altos, y el sistema cooperativo con influencia social permite vender a precios justos.
La riqueza de la comarca empieza a aflorar para
detener el hambre. Es una lucha constante y que no culminará hasta
desarrollar la zona. Cifras importantes se registran en el resumen
de los logros que se vienen obteniendo desde 1994 en el proyecto Ngobe
Buglé.
A la fecha se han obtenido, por ejemplo, 50 mil plantones de cedro amargo, acacias, guayacán y otras especies.
Los seminarios y capacitación de cultivos van creando parcelas de productos para ser cosechados por las comunidades, pero el proyecto Ngobe Buglé está culminando.
El departamento de infraestructura física construyó 11 centros de desarrollo social, con un costo de 275 mil dólares. Se invirtieron 235 mil en la construcción de puentes peatonales y zarzos. Además, se dio mantenimiento a 20 carreteras por un monto de 776 mil dólares.
Los capacitadores terminan su trabajo en dos meses y las oficinas cerrarán en junio del 2002. Sin embargo, esta semana viajó una comisión del Gobierno a Roma para negociar un nuevo proyecto.
Las posibilidades de concretar un financiamiento para un nuevo proyecto de seguimiento a través de FIDA son altas, según Binns. “Esperamos que se concrete, porque falta mucho por hacer en la comarca”, concluyó.
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