Panamá, 20 de octubre de 2001
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Análisis de la encuesta Sobre la coyuntura internacional

Los panameños están divididos frente a las represalias militares tomadas por Estados Unidos contra los “responsables de actos terroristas”

MARCO GANDÁSEGUI
Especial para La Prensa

Los panameños, según la encuesta de opinión publicada por La Prensa, estamos divididos frente a las represalias militares tomadas por Estados Unidos contra los “responsables de actos terroristas”. En cambio, una estrecha mayoría apoya la alianza de países impulsada por Estados Unidos. A su vez, una mayoría significativa de los panameños teme por la seguridad del Canal de Panamá después de los atentados terroristas del 11 de septiembre.

Los resultados de una encuesta de opinión tienen que someterse a un cuidadoso examen de contexto así como de contenido. En el caso de esta encuesta, la misma presenta un conjunto de preguntas con términos claves que influyen sobre la respuesta de los entrevistados.

La encuesta recoge, entre otras opiniones, la posición de la población panameña sobre los problemas que deben recibir atención más urgente en estos momentos. El 46.7% de los entrevistados consideró que el principal problema que enfrenta el Gobierno de la presidenta Moscoso es el desempleo. Esta consideración se mantiene sin cambios desde hace varios lustros. El 13.7% de los entrevistados opinó que el problema principal era la crisis económica y otro 11.4% identificó la corrupción como el problema central del Gobierno. La encuesta también arroja una opinión pública muy desfavorable de la gestión presidencial de la señora Moscoso al mismo tiempo que descalifica la labor de los órganos Legislativo y Judicial.

Llama la atención que la encuesta no recoge la opinión de la población acerca de la gestión de la presidenta en torno a la administración del Canal de Panamá, que incluyen los conflictos con los campesinos, la contaminación de la cuenca, el tránsito de barcos con desechos nucleares y las alternativas para una vía más grande que acomode el creciente comercio marítimo mundial. La encuesta tampoco recoge la opinión de la población sobre la política exterior de la presidenta Moscoso y, en especial, su manejo de las relaciones con Estados Unidos en el contexto de la crisis internacional.

Sin embargo, la encuesta trata de recoger la opinión de los entrevistados sobre las represalias militares, así como sobre las estrategias norteamericanas de crear alianzas regionales y si la actual situación internacional pone en peligro la seguridad del Canal de Panamá. Con motivo de los ataques terroristas contra las ciudades de Nueva York y Washington, Estados Unidos decidió atacar militarmente a Afganistán, país en Asia central, donde supuestamente tiene su base de operaciones Osama bin Laden, acusado por el Gobierno de Estados Unidos de ser el cerebro detrás de los ataques. La reacción norteamericana a los ataques terroristas —que fueron vistos en vivo por televisión por un público sorprendido en todo el mundo— no solo ha sido militar. Estados Unidos también desató una enorme campaña ideológica a través de los medios de comunicación. Al mismo tiempo, estructuró una coalición internacional para legitimar su campaña militar contra Afganistán. Como señalara en una conferencia de prensa el presidente norteamericano, George Bush, cada país pone lo que puede en la coalición.

Sobre la base de estos elementos, se puede suponer que el público panameño está sensibilizado frente a los acontecimientos internacionales de la actual coyuntura. Panamá experimentó la ira norteamericana expresada militarmente en 1989 cuando ese país invadió el Istmo en persecución del general Noriega. Igualmente, la campaña publicitaria norteamericana tiene un alcance muy amplio teniendo en cuenta que casi todos los hogares del país cuentan con uno o más televisores. En su momento, también, el gobierno de la presidenta Moscoso suscribió, junto con los otros países de la región, un acuerdo apoyando la política internacional de Estados Unidos frente a la coyuntura.

La primera pregunta formulada sobre el tema internacional no se refiere directamente al bombardeo de Afganistán. La pregunta se presenta de la siguiente manera: ¿Está usted a favor o en contra de que Estados Unidos lleve a cabo represalias militares contra los responsables de los atentados terroristas ocurridos el 11 de septiembre? Las respuestas se dividen casi una mitad a favor (46.6%) y otra en contra (43.3%). Solo el 41.1% de las mujeres se mostró a favor de las represalias militares, mientras que el 52% de los hombres se mostró a favor. El 50.8% de los jóvenes se mostró favorable a las soluciones de violencia, en cambio solo el 44% de los más viejos se inclinó por las represalias militares. Las personas con ingresos más altos también se mostraron más favorables a las soluciones de violencia que las personas con menos ingresos. Habría que ver cómo reaccionaría la muestra entrevistada si la pregunta hubiese sido presentada incluyendo los bombardeos de las ciudades de Afganistán. Habría que presentar también una pregunta que recogiera la opinión de la gente en torno a una solución diplomática de los conflictos internacionales.

La segunda pregunta sobre la coyuntura internacional se refiere al apoyo que debería darle Panamá a la coalición de países que construye Estados Unidos para legitimar sus represalias militares. La pregunta excluye el término “terrorista” que pudiera justificar la alianza de países. Igualmente, excluye hacer mención de que la alianza se constituye para fines militares. La pregunta es la siguiente: ¿Cree usted que Panamá debe apoyar o no a los Estados Unidos en su alianza de países?

Un poco más de la mitad de los entrevistados (53%) respondió que Panamá debería apoyar la alianza que está construyendo Estados Unidos. El 38% de la muestra seleccionada rechazó el apoyo a una alianza. El mayor apoyo se produjo entre los residentes de la ciudad de Panamá, entre las mujeres, entre las personas más viejas, así como entre las personas con más ingresos.

La pregunta y las respuestas sobre la “alianza” pueden reflejar el sentir de la población panameña sobre otros acuerdos importantes que tiene el país con Estados Unidos. En primer lugar, el tratado de Neutralidad suscrito en 1977 que compromete a ambos países a garantizar el libre paso de todos los barcos del mundo por la vía acuática. Igualmente, el gobierno de la presidenta Moscoso le recordó a todos sobre la existencia del Tratado regional de defensa mutua suscrito en 1947 y que Estados Unidos sacó a relucir en una reunión de cancilleres. En todo caso, el rechazo del 38% de la población a una “alianza” de Panamá con Estados Unidos puede reflejar la desconfianza que existe entre los panameños en relación con la política exterior de ese país que, en el caso de Panamá, ha sido errática e, incluso, contradictoria.

La tercera pregunta sobre la coyuntura internacional, se refiere a la seguridad del Canal de Panamá en el marco de la actual coyuntura internacional. En este caso la pregunta incluye el término “terrorista” para precisar mejor la intención del entrevistador. La pregunta es la siguiente: ¿Después de los actos terroristas del 11 de septiembre, teme usted o no por la seguridad del Canal? El 65% de los entrevistados respondió que temían por la seguridad del Canal. Entre los más preocupados se destacan los residentes de la ciudad de Panamá y las personas del sexo femenino.

La seguridad del Canal de Panamá es una vieja preocupación de los panameños. Durante las negociaciones para transferir el Canal a una administración panameña en las décadas de 1960 y 1970, siempre surgía la pregunta sobre quién garantizaba la seguridad de la vía acuática. Finalmente, la respuesta que se formuló sostiene que la única defensa del Canal es la neutralidad de la vía acuática y una política exterior de amistad y cooperación con todos los países del mundo. Se admitió que el Canal no es defendible contra un ataque militar.

A pesar de esta realidad, reconocida por los gobiernos panameños de turno y los dirigentes políticos del país, es poco lo que se efectúa para darle seguimiento a esta formulación mediante una política coherente. La neutralidad del Canal aún se encuentra inmersa en un discurso confuso que pretende proteger los intereses de determinados grupos, rescatar elementos del Tratado de Neutralidad suscrito con Estados Unidos y, a la vez, aspectos del derecho internacional. Igualmente, Panamá todavía no tiene una política exterior coherente con sus intereses a largo plazo como país marítimo y paso obligado del comercio marítimo internacional.

Estas señales cruzadas que generan inquietud e incredulidad explican, en gran parte, el temor por la seguridad del Canal. A esta realidad hay que sumar la coyuntura internacional, las amenazas de guerra y los actos de terrorismo para entender las reacciones de la población.

Los resultados de la encuesta realizada en Panamá presentan una opinión pública frustrada con las políticas gubernamentales y cauta frente a los acontecimientos internacionales. No aprueba las acciones bélicas para castigar a personas o grupos sospechosos de actos terroristas. En cambio, cree más viable las acciones de organizaciones internacionales. La encuesta revela un apoyo a la “alianza de países” impulsada por Estados Unidos. Probablemente, el apoyo habría sido más grande si la pregunta hubiese incluido a las Naciones Unidas. Hay conciencia entre los panameños sobre la vulnerabilidad del Canal de Panamá frente a los conflictos internacionales. Más razón para encontrar soluciones basadas en el diálogo y la diplomacia, que rechazan cualquier forma de violencia.


Sobran motivos

SABRINA BACAL
Especial para La Prensa

Pocas sorpresas y bastante claridad, arroja el último sondeo de Dichter & Neira. Las respuestas de los mil 205 panameños entrevistados entre el sábado 6 y el lunes 8 de octubre, son concordantes con las tendencias de opinión pública que se han ido forjando desde que Mireya Moscoso tomó las riendas del poder político en septiembre de 1999.

La severidad con que los ciudadanos califican la actuación de su presidenta ha ido en ascenso año tras año, lo que revela que ha sido la decepción, la gran protagonista de las emociones que genera su mandato. Si en 1999 cerca del 69% albergaba un buen concepto de la mandataria, en las cuatro mediciones del año 2000, el porcentaje de adeptos se ubicó en un promedio de 53%. Ya en abril del 2001, la evaluación positiva de su gestión, iba por el 44.6%, cifra muy cercana al 45.1% que aprueba sus esfuerzos en la actualidad.

Los sectores que han apoyado a Moscoso desde antes de su elección, son un poco más condescendientes con su gestión que el resto de la población. La desaprobación de los interioranos, los habitantes de zonas rurales, los mayores de 50 años y los panameños con ingresos menores a 400.00 balboas, es levemente inferior, a la del resto de sus compatriotas. Diferencias mucho más significativas, encontramos en la valoración que hacen los panameños de la gestión gubernamental en las distintas áreas temáticas. En ese sentido, el conjunto de políticas sociales y los asuntos internacionales son los únicos oasis de relativa aceptación con que aún cuenta la dirigente.

Lo contrario ocurre cuando se habla de la política económica o del combate a la corrupción gubernamental, indiscutiblemente los flancos más débiles del Gobierno. En el primer caso, los resultados son sencillamente alarmantes: un 73.1% de los encuestados considera que la agenda económica de Moscoso es mala o muy mala, cifra que no solo se erige como el más grande consenso que encontramos en el sondeo, si no también como el más revelador. Cuando el 57.4% de los panameños piensa que la situación económica del país ha empeorado durante la actual administración y en momentos en que el 41.2% estima que la misma continuará deteriorándose, el grado de incertidumbre que causa un equipo de gobierno percibido como incapaz en los temas económicos, es descomunal. A pesar de que se reconoce la existencia de aspectos ajenos a la administración de Moscoso que han incidido negativamente en la economía nacional, la falta de reacción gubernamental ante estos, se suma a los cuantiosos reclamos que, en materia económica, se acumulan en la mente de los panameños.

Los sonoros casos de corrupción conforman el otro gran foco de descontento con el Gobierno. Mientras la voluntad real para luchar contra el flagelo sigue brillando por su ausencia, no debe sorprender que el 65.6% de los panameños considere que no se han generado medidas efectivas para combatirla.

A pesar de esa denigrante percepción, el sondeo deja en claro que la cabeza del Ejecutivo no tiene el monopolio de las bajas calificaciones en el ámbito público. La gestión de los ministros es duramente evaluada (solo el 30.9% la aplaude), mientras que los órganos Legislativo y Judicial, reciben apenas 29.6% y 31.6% de aprobación respectivamente.

Como en una especie de terapia liberadora del presente, los panameños empiezan a manifestar sus preferencias para las elecciones presidenciales del 2004 y aunque no se deben calificar de inservibles, es conveniente tener presente que los hallazgos son, antes que nada, prematuros. Por el momento, se puede destacar el hecho de que la oposición parece bastante aglutinada alrededor de una figura, que además de popular, es percibida como la más opcionada para hacerse con el torneo electoral. Como líder manifiesto de cerca del 34.8% del electorado, Martín Torrijos es el panameño con más probabilidad de ser el futuro presidente, según el 37.8% de los encuestados. El otro personaje que se proyecta con fuerza es Alberto Vallarino, y aunque se hace evidente que el banquero es la única opción que tiene el principal partido de Gobierno para seguir en el poder inmediatamente después del 2004, nada garantiza que esta sencilla lógica electoral cale entre la insensatez arnulfista. Con la opción de irse como candidato de una tercera fuerza, tanto su futuro, como el nombre del siguiente inquilino del Palacio las Garzas, seguirán enmarcados por signos de interrogación.

Pero la precoz incertidumbre electoral es fácilmente reemplazable por el extendido desasosiego dejado por los atentados del 11 de septiembre. Las represalias militares para castigar a los responsables dividen a los panameños, pero el respaldo a la alianza de países que apoya a Estados Unidos cuenta con el consentimiento de la mayoría y la preocupación por la seguridad del Canal es manifestada por un 65.4%. ¡Cómo si faltaran motivos para la intranquilidad y el pesimismo!

 




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