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Análisis de la encuesta
Sobre la coyuntura internacional
Los panameños están
divididos frente a las represalias militares tomadas por Estados
Unidos contra los responsables de actos terroristas
MARCO GANDÁSEGUI
Especial para La Prensa
Los panameños, según la encuesta de opinión
publicada por La Prensa, estamos divididos frente a las represalias
militares tomadas por Estados Unidos contra los responsables
de actos terroristas. En cambio, una estrecha mayoría
apoya la alianza de países impulsada por Estados Unidos.
A su vez, una mayoría significativa de los panameños
teme por la seguridad del Canal de Panamá después
de los atentados terroristas del 11 de septiembre.
Los resultados de una encuesta de opinión tienen que someterse
a un cuidadoso examen de contexto así como de contenido.
En el caso de esta encuesta, la misma presenta un conjunto de preguntas
con términos claves que influyen sobre la respuesta de los
entrevistados.
La encuesta recoge, entre otras opiniones, la posición de
la población panameña sobre los problemas que deben
recibir atención más urgente en estos momentos. El
46.7% de los entrevistados consideró que el principal problema
que enfrenta el Gobierno de la presidenta Moscoso es el desempleo.
Esta consideración se mantiene sin cambios desde hace varios
lustros. El 13.7% de los entrevistados opinó que el problema
principal era la crisis económica y otro 11.4% identificó
la corrupción como el problema central del Gobierno. La encuesta
también arroja una opinión pública muy desfavorable
de la gestión presidencial de la señora Moscoso al
mismo tiempo que descalifica la labor de los órganos Legislativo
y Judicial.
Llama la atención que la encuesta no recoge la opinión
de la población acerca de la gestión de la presidenta
en torno a la administración del Canal de Panamá,
que incluyen los conflictos con los campesinos, la contaminación
de la cuenca, el tránsito de barcos con desechos nucleares
y las alternativas para una vía más grande que acomode
el creciente comercio marítimo mundial. La encuesta tampoco
recoge la opinión de la población sobre la política
exterior de la presidenta Moscoso y, en especial, su manejo de las
relaciones con Estados Unidos en el contexto de la crisis internacional.
Sin embargo, la encuesta trata de recoger la opinión de
los entrevistados sobre las represalias militares, así como
sobre las estrategias norteamericanas de crear alianzas regionales
y si la actual situación internacional pone en peligro la
seguridad del Canal de Panamá. Con motivo de los ataques
terroristas contra las ciudades de Nueva York y Washington, Estados
Unidos decidió atacar militarmente a Afganistán, país
en Asia central, donde supuestamente tiene su base de operaciones
Osama bin Laden, acusado por el Gobierno de Estados Unidos de ser
el cerebro detrás de los ataques. La reacción norteamericana
a los ataques terroristas que fueron vistos en vivo por televisión
por un público sorprendido en todo el mundo no solo
ha sido militar. Estados Unidos también desató una
enorme campaña ideológica a través de los medios
de comunicación. Al mismo tiempo, estructuró una coalición
internacional para legitimar su campaña militar contra Afganistán.
Como señalara en una conferencia de prensa el presidente
norteamericano, George Bush, cada país pone lo que puede
en la coalición.
Sobre la base de estos elementos, se puede suponer que el público
panameño está sensibilizado frente a los acontecimientos
internacionales de la actual coyuntura. Panamá experimentó
la ira norteamericana expresada militarmente en 1989 cuando ese
país invadió el Istmo en persecución del general
Noriega. Igualmente, la campaña publicitaria norteamericana
tiene un alcance muy amplio teniendo en cuenta que casi todos los
hogares del país cuentan con uno o más televisores.
En su momento, también, el gobierno de la presidenta Moscoso
suscribió, junto con los otros países de la región,
un acuerdo apoyando la política internacional de Estados
Unidos frente a la coyuntura.
La primera pregunta formulada sobre el tema internacional no se
refiere directamente al bombardeo de Afganistán. La pregunta
se presenta de la siguiente manera: ¿Está usted a
favor o en contra de que Estados Unidos lleve a cabo represalias
militares contra los responsables de los atentados terroristas ocurridos
el 11 de septiembre? Las respuestas se dividen casi una mitad a
favor (46.6%) y otra en contra (43.3%). Solo el 41.1% de las mujeres
se mostró a favor de las represalias militares, mientras
que el 52% de los hombres se mostró a favor. El 50.8% de
los jóvenes se mostró favorable a las soluciones de
violencia, en cambio solo el 44% de los más viejos se inclinó
por las represalias militares. Las personas con ingresos más
altos también se mostraron más favorables a las soluciones
de violencia que las personas con menos ingresos. Habría
que ver cómo reaccionaría la muestra entrevistada
si la pregunta hubiese sido presentada incluyendo los bombardeos
de las ciudades de Afganistán. Habría que presentar
también una pregunta que recogiera la opinión de la
gente en torno a una solución diplomática de los conflictos
internacionales.
La segunda pregunta sobre la coyuntura internacional se refiere
al apoyo que debería darle Panamá a la coalición
de países que construye Estados Unidos para legitimar sus
represalias militares. La pregunta excluye el término terrorista
que pudiera justificar la alianza de países. Igualmente,
excluye hacer mención de que la alianza se constituye para
fines militares. La pregunta es la siguiente: ¿Cree usted
que Panamá debe apoyar o no a los Estados Unidos en su alianza
de países?
Un poco más de la mitad de los entrevistados (53%) respondió
que Panamá debería apoyar la alianza que está
construyendo Estados Unidos. El 38% de la muestra seleccionada rechazó
el apoyo a una alianza. El mayor apoyo se produjo entre los residentes
de la ciudad de Panamá, entre las mujeres, entre las personas
más viejas, así como entre las personas con más
ingresos.
La pregunta y las respuestas sobre la alianza pueden
reflejar el sentir de la población panameña sobre
otros acuerdos importantes que tiene el país con Estados
Unidos. En primer lugar, el tratado de Neutralidad suscrito en 1977
que compromete a ambos países a garantizar el libre paso
de todos los barcos del mundo por la vía acuática.
Igualmente, el gobierno de la presidenta Moscoso le recordó
a todos sobre la existencia del Tratado regional de defensa mutua
suscrito en 1947 y que Estados Unidos sacó a relucir en una
reunión de cancilleres. En todo caso, el rechazo del 38%
de la población a una alianza de Panamá
con Estados Unidos puede reflejar la desconfianza que existe entre
los panameños en relación con la política exterior
de ese país que, en el caso de Panamá, ha sido errática
e, incluso, contradictoria.
La tercera pregunta sobre la coyuntura internacional, se refiere
a la seguridad del Canal de Panamá en el marco de la actual
coyuntura internacional. En este caso la pregunta incluye el término
terrorista para precisar mejor la intención del
entrevistador. La pregunta es la siguiente: ¿Después
de los actos terroristas del 11 de septiembre, teme usted o no por
la seguridad del Canal? El 65% de los entrevistados respondió
que temían por la seguridad del Canal. Entre los más
preocupados se destacan los residentes de la ciudad de Panamá
y las personas del sexo femenino.
La seguridad del Canal de Panamá es una vieja preocupación
de los panameños. Durante las negociaciones para transferir
el Canal a una administración panameña en las décadas
de 1960 y 1970, siempre surgía la pregunta sobre quién
garantizaba la seguridad de la vía acuática. Finalmente,
la respuesta que se formuló sostiene que la única
defensa del Canal es la neutralidad de la vía acuática
y una política exterior de amistad y cooperación con
todos los países del mundo. Se admitió que el Canal
no es defendible contra un ataque militar.
A pesar de esta realidad, reconocida por los gobiernos panameños
de turno y los dirigentes políticos del país, es poco
lo que se efectúa para darle seguimiento a esta formulación
mediante una política coherente. La neutralidad del Canal
aún se encuentra inmersa en un discurso confuso que pretende
proteger los intereses de determinados grupos, rescatar elementos
del Tratado de Neutralidad suscrito con Estados Unidos y, a la vez,
aspectos del derecho internacional. Igualmente, Panamá todavía
no tiene una política exterior coherente con sus intereses
a largo plazo como país marítimo y paso obligado del
comercio marítimo internacional.
Estas señales cruzadas que generan inquietud e incredulidad
explican, en gran parte, el temor por la seguridad del Canal. A
esta realidad hay que sumar la coyuntura internacional, las amenazas
de guerra y los actos de terrorismo para entender las reacciones
de la población.
Los resultados de la encuesta realizada en Panamá presentan
una opinión pública frustrada con las políticas
gubernamentales y cauta frente a los acontecimientos internacionales.
No aprueba las acciones bélicas para castigar a personas
o grupos sospechosos de actos terroristas. En cambio, cree más
viable las acciones de organizaciones internacionales. La encuesta
revela un apoyo a la alianza de países impulsada
por Estados Unidos. Probablemente, el apoyo habría sido más
grande si la pregunta hubiese incluido a las Naciones Unidas. Hay
conciencia entre los panameños sobre la vulnerabilidad del
Canal de Panamá frente a los conflictos internacionales.
Más razón para encontrar soluciones basadas en el
diálogo y la diplomacia, que rechazan cualquier forma de
violencia.
Sobran motivos
SABRINA BACAL
Especial para La Prensa
Pocas sorpresas y bastante claridad, arroja el último sondeo
de Dichter & Neira. Las respuestas de los mil 205 panameños
entrevistados entre el sábado 6 y el lunes 8 de octubre,
son concordantes con las tendencias de opinión pública
que se han ido forjando desde que Mireya Moscoso tomó las
riendas del poder político en septiembre de 1999.
La severidad con que los ciudadanos califican la actuación
de su presidenta ha ido en ascenso año tras año, lo
que revela que ha sido la decepción, la gran protagonista
de las emociones que genera su mandato. Si en 1999 cerca del 69%
albergaba un buen concepto de la mandataria, en las cuatro mediciones
del año 2000, el porcentaje de adeptos se ubicó en
un promedio de 53%. Ya en abril del 2001, la evaluación positiva
de su gestión, iba por el 44.6%, cifra muy cercana al 45.1%
que aprueba sus esfuerzos en la actualidad.
Los sectores que han apoyado a Moscoso desde antes de su elección,
son un poco más condescendientes con su gestión que
el resto de la población. La desaprobación de los
interioranos, los habitantes de zonas rurales, los mayores de 50
años y los panameños con ingresos menores a 400.00
balboas, es levemente inferior, a la del resto de sus compatriotas.
Diferencias mucho más significativas, encontramos en la valoración
que hacen los panameños de la gestión gubernamental
en las distintas áreas temáticas. En ese sentido,
el conjunto de políticas sociales y los asuntos internacionales
son los únicos oasis de relativa aceptación con que
aún cuenta la dirigente.
Lo contrario ocurre cuando se habla de la política económica
o del combate a la corrupción gubernamental, indiscutiblemente
los flancos más débiles del Gobierno. En el primer
caso, los resultados son sencillamente alarmantes: un 73.1% de los
encuestados considera que la agenda económica de Moscoso
es mala o muy mala, cifra que no solo se erige como el más
grande consenso que encontramos en el sondeo, si no también
como el más revelador. Cuando el 57.4% de los panameños
piensa que la situación económica del país
ha empeorado durante la actual administración y en momentos
en que el 41.2% estima que la misma continuará deteriorándose,
el grado de incertidumbre que causa un equipo de gobierno percibido
como incapaz en los temas económicos, es descomunal. A pesar
de que se reconoce la existencia de aspectos ajenos a la administración
de Moscoso que han incidido negativamente en la economía
nacional, la falta de reacción gubernamental ante estos,
se suma a los cuantiosos reclamos que, en materia económica,
se acumulan en la mente de los panameños.
Los sonoros casos de corrupción conforman el otro gran foco
de descontento con el Gobierno. Mientras la voluntad real para luchar
contra el flagelo sigue brillando por su ausencia, no debe sorprender
que el 65.6% de los panameños considere que no se han generado
medidas efectivas para combatirla.
A pesar de esa denigrante percepción, el sondeo deja en
claro que la cabeza del Ejecutivo no tiene el monopolio de las bajas
calificaciones en el ámbito público. La gestión
de los ministros es duramente evaluada (solo el 30.9% la aplaude),
mientras que los órganos Legislativo y Judicial, reciben
apenas 29.6% y 31.6% de aprobación respectivamente.
Como en una especie de terapia liberadora del presente, los panameños
empiezan a manifestar sus preferencias para las elecciones presidenciales
del 2004 y aunque no se deben calificar de inservibles, es conveniente
tener presente que los hallazgos son, antes que nada, prematuros.
Por el momento, se puede destacar el hecho de que la oposición
parece bastante aglutinada alrededor de una figura, que además
de popular, es percibida como la más opcionada para hacerse
con el torneo electoral. Como líder manifiesto de cerca del
34.8% del electorado, Martín Torrijos es el panameño
con más probabilidad de ser el futuro presidente, según
el 37.8% de los encuestados. El otro personaje que se proyecta con
fuerza es Alberto Vallarino, y aunque se hace evidente que el banquero
es la única opción que tiene el principal partido
de Gobierno para seguir en el poder inmediatamente después
del 2004, nada garantiza que esta sencilla lógica electoral
cale entre la insensatez arnulfista. Con la opción de irse
como candidato de una tercera fuerza, tanto su futuro, como el nombre
del siguiente inquilino del Palacio las Garzas, seguirán
enmarcados por signos de interrogación.
Pero la precoz incertidumbre electoral es fácilmente reemplazable
por el extendido desasosiego dejado por los atentados del 11 de
septiembre. Las represalias militares para castigar a los responsables
dividen a los panameños, pero el respaldo a la alianza de
países que apoya a Estados Unidos cuenta con el consentimiento
de la mayoría y la preocupación por la seguridad del
Canal es manifestada por un 65.4%. ¡Cómo si faltaran
motivos para la intranquilidad y el pesimismo!
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