Panamá, 17 de octubre de 2001
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Traiciones y METAmorfosis políticas

Juan Ramón Martínez D.

Finalizada la segunda guerra mundial, el mariscal Montgomery escribió un libro en el que, entre otros impactantes señalamientos, calificó la traición de Italia a Alemania, como la más grande de las traiciones bélicas que registra la historia. En Panamá, no hemos tenido traiciones en plan guerrero por razones obvias; sin embargo, sí se han dado grandes traiciones y METAmoforsis en el plano político, ideológico y político electoral. En la actualidad, el país entero asombrado está presenciando varios procesos de metamorfosis política e ideológica, que hubiesen sido inimaginables pocos años atrás.

Empecemos por el de menos experiencia de los tres casos, y a quien recordamos durante la pasada campaña electoral en varias intervenciones televisadas, aseverando que nadie podría destruir la alianza que su partido había establecido con el partido al cual había prometido no traicionar nunca. Al poco tiempo dio su viraje electoral, que desanimó a muchos de sus seguidores, quienes prefirieron preservar su ética y trayectoria, valorizando la palabra empeñada. Esto produjo un detrimento de su menguada imagen electoral.

El segundo, es el típico caso del hombre que se está ahogando y se agarra de alguien o de algunos, aunque los hunda y ahogue junto con él. Se da así por bien servido, aunque tenga que abrazarse a lo que tanto combatió. Lo patético de este caso es que para algunos esta situación parecía bastante improbable; pero remembrando algunas de su actuaciones y omisiones en la época en la que tuvo alta cuota de decisión en el Poder Ejecutivo —que compartió con otro peculiar personaje—, nada nos debe sorprender de este peculiar trío.

El tercer caso es el más visible y sorprendente, ya que ha dado un viraje de 360 grados y echando por la borda la trayectoria de toda una vida, traicionando su pasado político y a los amigos y políticos que lo apoyaron en su gestión. Así, se ha convertido en uno de los más constantes críticos del actual Gobierno. Todo esto se acentuó a partir del momento que no pudo alcanzar el cargo que “no quería ni había pedido, pero que necesitaba”.

Hoy día, el país perplejo ve como se ha convertido en defensor y apologista de nefastos personajes, a los que él (hay que reconocerlo) en otra época, también combatió.

¿Por qué se dan estas situaciones en Panamá? Quizas el anhelo de importancia que late en el hombre se catapulta en gran proporción; particularmente en nuestro mundo latino y en la actividad política de la cual se nutren los medios de comunicación. Estos promocionan las declaraciones y la imagen de los políticos, especialmente de los “exitosos” que logran esferas de poder (sin que importe cómo ni sus antecedentes).

En otros, los propios comunicadores exhortan y espolean a ciertos personajes para que hagan declaraciones, a sabiendas de que lograrán originalidades y a veces el ridículo.

Nuestra historia republicana está plagada de ejemplos de políticos en los que adquiere vigencia el axioma de que “el fin justifica lo que sea”, incluso traicionarse a sí mismos y su trayectoria, con tal de alimentar su ego y proyectar una supuesta vigencia política y personal. Y esto a pesar de que los procesos electorales se encargan de hacerles ver que son solo fantasía. El electorado intuye y sabe que, como dijo el filosofo “del traidor, solo traición esperes”.

El autor es periodista


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