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Defensor del lector
Sobre las opiniones
La opinión personal de un individuo no es
ni mejor ni peor que la de otro individuo.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
He examinado en detalle varias de las quejas que sobre la publicación
de artículos en las páginas de Opinión han
llegado al defensor del lector y debo emitir las siguientes consideraciones.
Como principio fundamental la libertad para expresar una opinión
es tan importante como la de difundir y recibir informaciones.
Informar es una tarea que corresponde generalmente a los periodistas,
en apego irrestricto a la verdad. Es derecho inalienable del lector
estar bien informado, por eso la función principal de un
diario es informar.
También la publicación de opiniones es función
de un periódico. En La Prensa se publican dos páginas
diarias que recogen opiniones de algunos columnistas regulares y
de ciudadanos comunes y corrientes que desean expresar sus criterios
sobre cualquier tema que a su consideración sea de interés
público.
Los requerimientos para enviar artículos son sencillos:
la extensión debe limitarse a un promedio de dos cuartillas
(50 líneas, más o menos), debe ajustarse a las normas
elementales de la gramática y respetar a las personas aludidas
en el escrito.
Esto no indica en ningún caso censura de ningún tipo,
pero sí garantiza que el lector tenga acceso claro y sencillo
a los planteamientos formulados por el autor del artículo.
Los artículos estrictamente de opinión, responden
al estilo propio del autor. La Prensa, sin embargo, se reserva
el derecho a seleccionar, editar y publicar, dichos escritos,
según se indica en el instructivo Colaboradores
que se publica en la página de Opinión.
En cuanto a los ajustes gramaticales, he sugerido a la encargada
de las opiniones que en caso de que a su juicio, previa consulta
con alguno de los correctores del diario, el artículo no
reúna la claridad básica que la gramática exige,
se lo remita al autor y le pida que él mismo haga los ajustes
necesarios, antes de su publicación, con el propósito
de que su mensaje llegue lo mejor tratado al lector.
El otro aspecto, del cual se han recibido muchas quejas, es el
que hay más artículos que los que es posible publicar
en el espacio establecido. Esto justifica, obviamente, un proceso
de selección difícil, porque no es posible publicarlos
todos.
Cuando suceden hechos trascendentes o situaciones políticas
importantes, el número de artículos aumenta considerablemente,
pero no así el espacio destinado para su publicación.
Finalmente, debo anotar una consideración personal sobre
el arte de opinar: para su autor un escrito de opinión tiene
un valor incomparable y está bien que así sea, esa
es la pasión que debe llenar el espíritu del que escribe;
pero también se requiere de una dosis de prudencia para comprender
que la opinión personal de un individuo no es ni mejor ni
peor que la de otro individuo.
Una broma de mal gusto
La opinión personal de un individuo no es ni mejor ni peor
que la de otro individuo.
En un escrito especial para La Prensa sobre los síntomas
del ántrax, publicado por Ana Alfaro, el jueves 11 de octubre
del 2001, en la columna Letras de cambio, página
44A, de la sección de Negocios, se publicó lo siguiente:
...la tal American Media publica los tabloides de supermercado
National Enquirer, quienes han hecho fiesta burlándose de
Osama bin Laden, especialmente de su hombría, el tamaño
de la misma, y hasta de sus capacidades hidráulicas, si me
explico.
Si yo fuera Davis (el de La Cáscara), me cuido. No se olvide
que hay otro agente bioterrorista muy conocido que se llama 'toxina
de botulismo', Clostridiun botulinum. Con leves manipulaciones de
la toxina se obtiene una sustancia supuestamente inofensiva, llamada
bottox, que al aplicarse a la piel puede causar parálisis
facial. Una especie de sexto sentido me dice que los enemigos de
Davis pueden tener grandes reservas del agente biológico.
¡Ojo, pelao!
Es claro que esta parte del escrito estaba fuera del contexto del
artículo. No cabe en el estilo y tradición de La Prensa
una referencia a cualquier persona como la que se cita de los periódicos
sensacionalistas de Estados Unidos sobre bin Laden. Tampoco es de
buen gusto intentar una broma, en un artículo de la sección
de Negocios, máxime si en tal broma se alude a una situación
grave, como es el hecho de que los enemigos de un humorista panameño
puedan tener grandes reservas de un agente biológico.
Cartas y comentarios
Aclaración de la Asociación de
Sordos de Chiriquí
David, Chiriquí, 9 de octubre, 2001
Por el respeto que se merece el Gobierno Nacional, nuestros amigos
y colaboradores, consideramos oportuna esta aclaración.
Como presidenta de la Asociación de Sordos de Chiriquí
y en representación de sus miembros, nos dirigimos a ustedes
con el deseo de hacer aclaración pertinente en relación
con la noticia publicada en el diario La Prensa el día martes
2 de octubre del 2001 en la plana 4.
La noticia en cuestión, escrita por el periodista José
Quintero De León, se intitula Asociación de
Sordos pide subsidios a Ministerio.
En el primer párrafo de esta noticia se habla de una Asociación
Nacional de Sordos de Panamá. Tengo a bien explicarles que
noto que con mucha frecuencia se utiliza, indiscriminadamente, la
palabra nacional en ciertas asociaciones, agrupaciones,
etc., como es el caso de la Asociación Nacional de Sordos
de Panamá, cuyo alcance no es nacional, ya que ésta
reúne en su seno a sordos de la ciudad de Panamá solamente.
La Asociación de Sordos de Chiriquí, la cual ha sido
debidamente reconocida como una asociación de carácter
social sin fines de lucro, por el Ministerio de la Juventud, la
Mujer, la Niñez y la Familia, es una asociación independiente,
que se ha caracterizado siempre por el respeto a los valores e individualidad
de cada uno de sus miembros, así como en la transparencia
en cuanto al manejo de sus asuntos económicos.
La Asociación de Sordos de Chiriquí ha venido trabajando
arduamente a favor del desarrollo integral de sus miembros, con
la ayuda de la empresa privada de la provincia chiricana y de amigos
de la Asociación, así como con el apoyo que el gobierno
nos ha brindado en cuanto a infraestructura. Nuestra asociación
no ha recibido ayuda de ningún tipo de la mal llamada Asociación
Nacional de Sordos de Panamá ni se encuentra vinculada
a dicha asociación.
Por lo antes expuesto, rechazamos categóricamente que la
mal llamada Asociación Nacional de Sordos de Panamá,
se arrogue el supuesto status y alcance nacional, puesto que no
lo tienen.
Ana Malena Alvarado O.
(Presidenta ASCH) y Juan Carlos Santiago C. (Secretario)
10 de octubre del 2001
He leído con gran alegría y entusiasmo la nueva
página del defensor del lector de La Prensa. Mi opinión,
como lo confirman las mismas cartas que publicaste el día
de la inauguración de la misma, es que era una necesidad.
Pocas veces se toma en cuenta la opinión de los lectores
en los medios de comunicación escritos. Sobre todo en estos
tiempos en que la información está siendo manipulada,
y es cuando los buenos periodistas tienen el deber de defender la
libertad de expresión.
Creo que la palabra es un arma de doble filo. Por eso defender
la verdad es la parte del machete que debe usar un periodista con
un sentido de la ética sincero. En cuanto a la forma de la
página, su diseño es ameno y el lenguaje sencillo,
acorde con sus propósitos. Espero que la cultura y la literatura
encuentren también sus derechos en ese nuevo espacio.
Carlos Fong
(Asistente del Departamento de Letras en el INAC)
No hay dudas, Carlos, que en La Prensa buscamos más espacio
para contribuir, en la medida de las limitaciones de espacio, con
el desarrollo cultural y literario de la comunidad panameña,
para beneficio del país y de los lectores.
9 de octubre del 2001
Carta de Morice
Lina Vega, editora de Opinión, remitió al defensor
del lector, la siguiente nota de Eugenio Morice y agrega un comentario
breve al respecto. A continuación los citados textos:
No pocos hemos advertido que La Prensa ha cambiado radicalmente
su política periodística. Se hace evidente claramente
en la página de Opinión, que se ha escogido persuadir
a la opinión pública hacia ciertos rumbos políticos
tras privilegiar a determinados opinantes (que han dado en postular
como columnistas) pretextando una supuesta diversificación
de opiniones, cuando en realidad se está concretando un contraste
deliberadamente trazado para favorecer a una determinada corriente
política. Las colaboraciones que trastoquen ciertos temas
ligados a camaraderías o a quien sabe qué criterios
o conceptos o intereses medien, encuentran una molesta y muy sutil
censura que se ha hecho axiomática desde que usted se encargó
de la plana.
En mi caso (debo suponer que en muchos más), usted me ha
propuesto, como condición publicable, correctivos a mis escritos
por supuestos defectos sintácticos o gramaticales sugiriendo
reparos que señalizan garrafales defectos que muestran una
pobrísima calificación del censurador.
Recientemente enfrenté querella penal por un escrito, la
parte que dificultó mi defensa fue precisamente la de las
indebidas reparaciones que le prestó el editor de la página
de Opinión, correctivos que transformaron significativamente
mis argumentos. Y es que quien escruta las colaboraciones no debe
circundar comprensivos a su sola formación, sobre todo en
temas que no son de su dominio; para ello existe la consulta, pero
una que responda al sano juicio que a bien sólo pueden desarrollar
aquellos que cuentan con un amplio bagaje cultural.
Queda por adivinar si la censura que se está imponiendo
en la página de Opinión responde a criterios personales
de quien la administra o al apego a línea trazada por la
corriente política que está modelando el novísimo
presidente u otros de la directiva.
Creo que finalmente la censura ha logrado que no pierda mi tiempo,
durante este sombrío período que vive La Prensa, brindándole
mis aportes. Puede ocurrir que el maquiavelismo imperante mantenga
al periódico en el alto sitial hasta hoy alcanzado, pero
no deben descartar que puede conducirlo a emular la malaventura
que experimentó La Estrella de Panamá, desplome que
sigue perdurando aún bajo el favoritismo circunstancial de
las ingentes publicidades costeadas por el gobierno de turno.
La respuesta de Vega:
Sr. Morice: como seguramente sabe, La Prensa cuenta ahora con la
figura del defensor del lector, cargo que desempeña el periodista
Herasto Reyes. En consecuencia, le enviaré copia de sus comentarios
para su análisis.
Solo diré en mi defensa, que mis objeciones a la forma en
que están escritos sus artículos no se han producido
como consecuencia del cambio en la Presidencia ni en la Junta Directiva
de La Prensa. Nuestras posturas contrapuestas vienen desde que recibí
su primer artículo mucho antes de que dichos cambios se produjeran.
Como editora de Opinión tengo la responsabilidad de que
los artículos de los colaboradores no se conviertan en diatribas
innecesarias y que, además, los artículos estén
escritos en un lenguaje sencillo que permita la comprensión
de los argumentos a nuestros lectores. En ese ámbito han
estado siempre mis objeciones.
Lina Vega (Editora de Opinión)
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