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La británica Gruinard, "isla del ántrax", un paraíso para las ratas
Dieter Ebeling
dpa

Londres, 15 (DPA) — La isla abarca una superficie de alrededor de 200 hectáreas, está ubicada en el norte de Escocia y es muy bonita, pero quien la pise se sorprenderá sobre todo por los muchos conejos negros y la enorme cantidad de ratas que la habitan.

Eso se debe a que desde hace mucho tiempo no viven personas allí y tampoco muchas especies animales. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la isla, a sólo cinco kilómetros de la costa noroccidental, está abandonada. Y es que Gruinard es conocida sobre todo como la "isla del ántrax".

En los años 40, había allí gran movimiento. Militares y hombres en batas blancas le dieron a la isla el nombre de "Base X", y todo lo relacionado con ella era muy secreto.

En 1941, el gobierno británico dio luz verde para que se realizaran en Gruinard los experimentos con el causante del ántrax (Bacillus anthracis). Oficialmente, se decía que se trataba de investigar el arma biológica ántrax, para disponer de una defensa en caso de un ataque por parte de Alemania.

Pero lo que los británicos hacían allí era trabajar a toda marcha en la fabricación de su propia bomba de ántrax.

El campesino Kenneth Mackenzie recuerda cómo era aquello en una conversación con el diario The Scotsman: "Siempre que allí se hacía algo, esperaban un día sin viento, y entonces llegaba un barco. La gente aquí no tenía ni idea de lo que pasaba".

Y eso fue esencialmente lo siguiente: Se llevaron sesenta ovejas a la isla, un bombardero lanzó sobre ellas un contenedor con el causante del ántrax y en el transcurso de tres días, todos los animales murieron.

Y no sólo eso: El cadáver de una oveja que llegó flotando hasta tierra firme y que posiblemente fue comido por un perro causó la muerte de otros 63 animales. Los hombres de batas blancas llegaban enseguida a los lugares en que morían animales y se los llevaban rápida y discretamente.

Tras los experimentos, los expertos dijeron que el causante del ántrax tenía un "enorme potencial" para una guerra biológica. Con cien kilos se podía matar a alrededor de tres millones de personas.

En un informe interno difundido recientemente se dice que los experimentos en la "Base X" eran "peligrosos tanto para el personal como para el entorno". La información añade que los peligros eran "incontrolables".

Tras los tests sobre Gruinard, los británicos decidieron fabricar cinco millones de pedazos de "carne vacuna", a la que contaminaron con ántrax, para ser lanzados sobre Alemania en caso de que los nazis atacaran biológicamente a Gran Bretaña.
El nombre de la operación, con la que se pretendía paralizar el aprovisionamiento alimentario de la Alemania nazi, era "vegetarianos".

Pero el plan no se llevó a cabo, entre otras cosas, porque la bomba atómica sacudió de repente al mundo aún más profundamente. Gruinard cayó en el olvido y los habitantes de la zona evitaban la isla porque creían que podía perjudicar tanto a su propia salud como a la de sus animales.

En 1986, los expertos comenzaron a trabajar en su descontaminación. Toneladas de tierra se llevaron en contenedores a tierra firme para ser quemadas. Y luego se disolvieron 280 toneladas de formaldehido en 2 mil toneladas de agua de mar con las que se empapó el suelo de la isla.

El 24 de abril de 1990, el secretario de Estado de Defensa Michael Neubert explicó que ya todo estaba en orden, arrancó delante de las cámaras el cartel que decía "Prohibido pasar" y envió a un grupo de ovejas a pastar con el fin de demostrar que no había peligro. Sin embargo, Gruinard sigue abandonada. Las ovejas ya no viven allí, pero sí un montón de conejos y ratas.

 


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