Panamá, 15 de octubre de 2001
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Defensor del lector

Sobre las opiniones

La opinión personal de un individuo no es ni mejor ni peor que la de otro individuo.

HERASTO REYES
hreyes@prensa.com

He examinado en detalle varias de las quejas que sobre la publicación de artículos en las páginas de Opinión han llegado al defensor del lector y debo emitir las siguientes consideraciones.

Como principio fundamental la libertad para expresar una opinión es tan importante como la de difundir y recibir informaciones.

Informar es una tarea que corresponde generalmente a los periodistas, en apego irrestricto a la verdad. Es derecho inalienable del lector estar bien informado, por eso la función principal de un diario es informar.

También la publicación de opiniones es función de un periódico. En La Prensa se publican dos páginas diarias que recogen opiniones de algunos columnistas regulares y de ciudadanos comunes y corrientes que desean expresar sus criterios sobre cualquier tema que a su consideración sea de interés público.

Los requerimientos para enviar artículos son sencillos: la extensión debe limitarse a un promedio de dos cuartillas (50 líneas, más o menos), debe ajustarse a las normas elementales de la gramática y respetar a las personas aludidas en el escrito.

Esto no indica en ningún caso censura de ningún tipo, pero sí garantiza que el lector tenga acceso claro y sencillo a los planteamientos formulados por el autor del artículo.

Los artículos estrictamente de opinión, responden al estilo propio del autor. La Prensa, sin embargo, “se reserva el derecho a seleccionar, editar y publicar”, dichos escritos, según se indica en el instructivo “Colaboradores” que se publica en la página de Opinión.

En cuanto a los ajustes gramaticales, he sugerido a la encargada de las opiniones que en caso de que a su juicio, previa consulta con alguno de los correctores del diario, el artículo no reúna la claridad básica que la gramática exige, se lo remita al autor y le pida que él mismo haga los ajustes necesarios, antes de su publicación, con el propósito de que su mensaje llegue lo mejor tratado al lector.

El otro aspecto, del cual se han recibido muchas quejas, es el que hay más artículos que los que es posible publicar en el espacio establecido. Esto justifica, obviamente, un proceso de selección difícil, porque no es posible publicarlos todos.

Cuando suceden hechos trascendentes o situaciones políticas importantes, el número de artículos aumenta considerablemente, pero no así el espacio destinado para su publicación.

Finalmente, debo anotar una consideración personal sobre el arte de opinar: para su autor un escrito de opinión tiene un valor incomparable y está bien que así sea, esa es la pasión que debe llenar el espíritu del que escribe; pero también se requiere de una dosis de prudencia para comprender que la opinión personal de un individuo no es ni mejor ni peor que la de otro individuo.

Una broma de mal gusto

La opinión personal de un individuo no es ni mejor ni peor que la de otro individuo.

En un escrito “especial para La Prensa” sobre los síntomas del ántrax, publicado por Ana Alfaro, el jueves 11 de octubre del 2001, en la columna “Letras de cambio”, página 44A, de la sección de Negocios, se publicó lo siguiente: “...la tal American Media publica los tabloides de supermercado National Enquirer, quienes han hecho fiesta burlándose de Osama bin Laden, especialmente de su hombría, el tamaño de la misma, y hasta de sus capacidades hidráulicas, si me explico.

Si yo fuera Davis (el de La Cáscara), me cuido. No se olvide que hay otro agente bioterrorista muy conocido que se llama 'toxina de botulismo', Clostridiun botulinum. Con leves manipulaciones de la toxina se obtiene una sustancia supuestamente inofensiva, llamada bottox, que al aplicarse a la piel puede causar parálisis facial. Una especie de sexto sentido me dice que los enemigos de Davis pueden tener grandes reservas del agente biológico. ¡Ojo, pelao!”

Es claro que esta parte del escrito estaba fuera del contexto del artículo. No cabe en el estilo y tradición de La Prensa una referencia a cualquier persona como la que se cita de los periódicos sensacionalistas de Estados Unidos sobre bin Laden. Tampoco es de buen gusto intentar una broma, en un artículo de la sección de Negocios, máxime si en tal broma se alude a una situación grave, como es el hecho de que los enemigos de un humorista panameño puedan tener grandes reservas de un agente biológico.


Cartas y comentarios

Aclaración de la Asociación de Sordos de Chiriquí


David, Chiriquí, 9 de octubre, 2001

Por el respeto que se merece el Gobierno Nacional, nuestros amigos y colaboradores, consideramos oportuna esta aclaración.
Como presidenta de la Asociación de Sordos de Chiriquí y en representación de sus miembros, nos dirigimos a ustedes con el deseo de hacer aclaración pertinente en relación con la noticia publicada en el diario La Prensa el día martes 2 de octubre del 2001 en la plana 4.
La noticia en cuestión, escrita por el periodista José Quintero De León, se intitula “Asociación de Sordos pide subsidios a Ministerio”.

En el primer párrafo de esta noticia se habla de una Asociación Nacional de Sordos de Panamá. Tengo a bien explicarles que noto que con mucha frecuencia se utiliza, indiscriminadamente, la palabra “nacional” en ciertas asociaciones, agrupaciones, etc., como es el caso de la Asociación Nacional de Sordos de Panamá, cuyo alcance no es nacional, ya que ésta reúne en su seno a sordos de la ciudad de Panamá solamente.
La Asociación de Sordos de Chiriquí, la cual ha sido debidamente reconocida como una asociación de carácter social sin fines de lucro, por el Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, es una asociación independiente, que se ha caracterizado siempre por el respeto a los valores e individualidad de cada uno de sus miembros, así como en la transparencia en cuanto al manejo de sus asuntos económicos.

La Asociación de Sordos de Chiriquí ha venido trabajando arduamente a favor del desarrollo integral de sus miembros, con la ayuda de la empresa privada de la provincia chiricana y de amigos de la Asociación, así como con el apoyo que el gobierno nos ha brindado en cuanto a infraestructura. Nuestra asociación no ha recibido ayuda de ningún tipo de la mal llamada “Asociación Nacional de Sordos de Panamá” ni se encuentra vinculada a dicha asociación.
Por lo antes expuesto, rechazamos categóricamente que la mal llamada “Asociación Nacional de Sordos de Panamá”, se arrogue el supuesto status y alcance nacional, puesto que no lo tienen.

Ana Malena Alvarado O.
(Presidenta ASCH) y Juan Carlos Santiago C. (Secretario)

10 de octubre del 2001

He leído con gran alegría y entusiasmo la nueva página del defensor del lector de La Prensa. Mi opinión, como lo confirman las mismas cartas que publicaste el día de la inauguración de la misma, es que era una necesidad.

Pocas veces se toma en cuenta la opinión de los lectores en los medios de comunicación escritos. Sobre todo en estos tiempos en que la información está siendo manipulada, y es cuando los buenos periodistas tienen el deber de defender la libertad de expresión.

Creo que la palabra es un arma de doble filo. Por eso defender la verdad es la parte del machete que debe usar un periodista con un sentido de la ética sincero. En cuanto a la forma de la página, su diseño es ameno y el lenguaje sencillo, acorde con sus propósitos. Espero que la cultura y la literatura encuentren también sus derechos en ese nuevo espacio.

Carlos Fong
(Asistente del Departamento de Letras en el INAC)

No hay dudas, Carlos, que en La Prensa buscamos más espacio para contribuir, en la medida de las limitaciones de espacio, con el desarrollo cultural y literario de la comunidad panameña, para beneficio del país y de los lectores.

9 de octubre del 2001

Carta de Morice

Lina Vega, editora de Opinión, remitió al defensor del lector, la siguiente nota de Eugenio Morice y agrega un comentario breve al respecto. A continuación los citados textos:

No pocos hemos advertido que La Prensa ha cambiado radicalmente su política periodística. Se hace evidente claramente en la página de Opinión, que se ha escogido persuadir a la opinión pública hacia ciertos rumbos políticos tras privilegiar a determinados opinantes (que han dado en postular como columnistas) pretextando una supuesta diversificación de opiniones, cuando en realidad se está concretando un contraste deliberadamente trazado para favorecer a una determinada corriente política. Las colaboraciones que trastoquen ciertos temas ligados a camaraderías o a quien sabe qué criterios o conceptos o intereses medien, encuentran una molesta y muy sutil censura que se ha hecho axiomática desde que usted se encargó de la plana.

En mi caso (debo suponer que en muchos más), usted me ha propuesto, como condición publicable, correctivos a mis escritos por supuestos defectos sintácticos o gramaticales sugiriendo reparos que señalizan garrafales defectos que muestran una pobrísima calificación del censurador.

Recientemente enfrenté querella penal por un escrito, la parte que dificultó mi defensa fue precisamente la de las indebidas reparaciones que le prestó el editor de la página de Opinión, correctivos que transformaron significativamente mis argumentos. Y es que quien escruta las colaboraciones no debe circundar comprensivos a su sola formación, sobre todo en temas que no son de su dominio; para ello existe la consulta, pero una que responda al sano juicio que a bien sólo pueden desarrollar aquellos que cuentan con un amplio bagaje cultural.

Queda por adivinar si la censura que se está imponiendo en la página de Opinión responde a criterios personales de quien la administra o al apego a línea trazada por la corriente política que está modelando el novísimo presidente u otros de la directiva.

Creo que finalmente la censura ha logrado que no pierda mi tiempo, durante este sombrío período que vive La Prensa, brindándole mis aportes. Puede ocurrir que el maquiavelismo imperante mantenga al periódico en el alto sitial hasta hoy alcanzado, pero no deben descartar que puede conducirlo a emular la malaventura que experimentó La Estrella de Panamá, desplome que sigue perdurando aún bajo el favoritismo circunstancial de las ingentes publicidades costeadas por el gobierno de turno.


La respuesta de Vega:

Sr. Morice: como seguramente sabe, La Prensa cuenta ahora con la figura del defensor del lector, cargo que desempeña el periodista Herasto Reyes. En consecuencia, le enviaré copia de sus comentarios para su análisis.

Solo diré en mi defensa, que mis objeciones a la forma en que están escritos sus artículos no se han producido como consecuencia del cambio en la Presidencia ni en la Junta Directiva de La Prensa. Nuestras posturas contrapuestas vienen desde que recibí su primer artículo mucho antes de que dichos cambios se produjeran.

Como editora de Opinión tengo la responsabilidad de que los artículos de los colaboradores no se conviertan en diatribas innecesarias y que, además, los artículos estén escritos en un lenguaje sencillo que permita la comprensión de los argumentos a nuestros lectores. En ese ámbito han estado siempre mis objeciones.

Lina Vega (Editora de Opinión)

 




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