Panamá, 15 de octubre de 2001
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Neutralidad: verdades, mentiras y mitos

Históricamente, la neutralidad resultó el elemento primario en la humanización de la guerra

Miguel Angel Moreno-Góngora

Semanas atrás, cuando se discutía la neutralidad de nuestro país en el marco del compromiso estadounidense para apoyar a los países limítrofes con Colombia en el combate contra el narcotráfico, el tráfico de armas, el lavado de dinero y el terrorismo, analicé el tema durante tres días, en mi programa Frente a Frente. Sostuve que la neutralidad, consignada en el tratado concerniente a la neutralidad y funcionamiento del Canal, no era aplicable en la lucha contra el delito y el crimen organizado, definidos y sancionados por las naciones y las organizaciones internacionales.

Ahora que nuevamente el término cobra relevancia ante la barbarie ejecutada por el fanatismo desenfrenado contra varias ciudades estadounidenses -Nueva York, Washington y Pennsylvania- y cuando con mucha liviandad algunos insisten en apelar a esa neutralidad para mantener el Canal al margen y evitar, según estos, posibles represalias que afectarían su normal funcionamiento, sostengo que tal afirmación es falsa, fuera del contexto doctrinal que sustenta dicha institución y por lo tanto inaplicable en la lucha frontal que la mayoría de los países civilizados prepara contra los ejecutores, cómplices y protectores de estas estúpidas acciones contra la nación estadounidense.

En los tiempos hegemónicos de los grandes imperios y del coloniaje, los Estados débiles entraban en guerra contra su voluntad; tanto que muchas veces no sabían por qué, para qué y por quién peleaban. Ante este vasallaje surge la neutralidad como elemento salvador para esos países pobres que eran arrastrados a esas contiendas que los aniquilaban y empobrecían. La neutralidad resultó, entonces, el elemento primario en la humanización de la guerra.

Durante la primera y segunda Guerra Mundial, Panamá fue aliado fiel de Estados Unidos por estar históricamente vinculados. No había la menor oportunidad de ser neutrales.

La neutralidad rige para un problema de guerra entre países, y la aplicación y cumplimiento de sus acciones y procedimientos están debidamente reglamentados. Ella es comprensiva y destinada para aquellas naciones que combaten abierta y noblemente, respetando las leyes de guerra. La neutralidad es la situación jurídica de un Estado o grupos de Estados que se mantienen al margen, sin ninguna clase de participación, en una guerra declarada entre otros; su razón de ser es la guerra, la guerra entre naciones y sus características esenciales son la no participación y la imparcialidad, la no ayuda a los países beligerantes y la no interferencia en el aspecto material que pueda significar inclinación a favor de uno o de otros de los protagonistas.

Es una verdad irrebatible que en caso de guerra la neutralidad del Canal es positiva y evitaría comprometernos, contra nuestra voluntad, en conflictos de intereses hegemónicos de otros países. La neutralidad garantiza la seguridad de la República y el normal funcionamiento del Canal, pero la historia y la doctrina de la neutralidad, expuestas en este artículo, no justifica que Panamá se sustraiga de la lucha contra el terrorismo y el fanatismo. El repudio mundial no implica la declaratoria de guerra contra ningún país en particular, sino, por el contrario, es, como lo ha expresado el presidente Bush, la condena de la barbarie que destruye y asesina en nombre de la sin razón; la contienda por la paz y seguridad de la humanidad.

Causa tristeza que los que conocen la ideología de la neutralidad y saben que esta es una institución del derecho público internacional en tiempo de guerra, sostengan que nuestro país debe mantenerse neutral permitiendo el paso de barcos con banderas de países que cobijan y entrenan a las fuerzas del terrorismo, a pesar de que no se trata de una guerra contra ninguna religión, ni entre naciones, sino de un enfrentamiento contra organizaciones secretas que operan al margen de las leyes.

La absurdidad y la falacia de la bandera neutralista en un conflicto mundial contra las hordas de bin Laden resaltan con el siguiente ejemplo. Si un barco con bandera de Afganistán pretende cruzar el Canal, puede hacerlo libremente, no se le puede impedir el paso; de igual manera debemos autorizar el paso de sus heridos y enfermos -civiles, terroristas o militares-; debemos dar hospitalidad precaria a sus naves de guerra, aunque estén repletas de terroristas y, además, proporcionarles combustible y provisiones a sus naves. Mientras el mundo lucha contra el terrorismo afgano de los sicarios de bin Laden, Panamá, en nombre de la neutralidad y convertida en una nación mentirosa, le estaría dando paso expedito a los barcos del terrorismo desenfrenado.

Sostener que la neutralidad constituye un elemento disuasivo y muro de contención contra los que se ejercitan en el terrorismo fanático, para evitar que sus acciones atenten contra la seguridad del Canal, es una mentira. Para esos elementos irracionales, esta obra portentosa de la ingeniería y maravilla del mundo constituye la expresión del poderío estadounidense, aunque haya pasado definitivamente a manos panameñas. Cualquier lugar del mundo en donde Estados Unidos mantenga el simbolismo de su poderío, será un objetivo para sus salvajes ataques.

Por lo expresado, dejamos constancia de nuestra reconocimiento ante la posición adoptada por el Gobierno panameño de solidarizarse con el pueblo y la nación estadounidenses y de expresar, abiertamente, sin reservas ni temores y con responsabilidad histórica, su apoyo irrestricto en este Armagedón contra el terrorismo talibán que amenaza la paz, la justicia y la democracia del universo.

El autor es abogado y periodista


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