Panamá, 15 de octubre de 2001
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La neutralidad cobarde

Declararse neutral solo equivale a someterse a un chantaje y a esconder la cabeza por miedo

Carlos Eduardo Galán

Las guerras han conocido de misiones suicidas, misiones donde hombres dispuestos a dar su vida por una causa, identificados con su uniforme y cargados con sus armas de destrucción, ofrendaban sus vidas lanzándose solos contra una instalación militar para causar el mayor daño posible al enemigo. En una guerra declarada, era aceptado como un acto de valor. Otros, en una guerra más oscura, han colocado bombas en sitios estratégicos para efectuar luego una llamada telefónica advirtiendo de la hora de la explosión, dando tiempo para permitir el desalojo de los presentes, haciéndose notorios por haber destruido un símbolo de lo que repudiaban. Eran hombres que aun en ese oscurantismo clandestino, conservaban sus sentimientos humanos.

Pero para definir a los terroristas que destruyeron las torres gemelas de Nueva York, sería necesario proveer al idioma de nuevos vocablos. No tuvieron el valor de ofrendar sus vidas solos; tuvieron que descender de la escala de humanos y recrearse viendo en la sala de abordaje los rostros inocentes de sus compañeros de vuelo a los que iban a asesinar; hombres, mujeres y niños de diferentes nacionalidades y credos, que lo único que tenían en común era no haberles causado daño alguno a esos desalmados.

Además de la sádica contemplación sin el menor asomo de misericordia, dirigieron los aviones-bomba contra los dos edificios comerciales que constituían la mayor concentración de seres humanos; personas cuyo único pecado era trabajar honradamente. Se trataba de gente del mundo entero que había llegado a ese país tras el sueño americano, y donde fue recibida sin distingos de raza, nacionalidad o creencias religiosas. Estas personas fueron asesinadas sin el menor aviso, cobardemente, sin darles la menor oportunidad de ponerse a salvo. ¿Qué clase de monstruos habitan ahora el planeta?

Creo que todas las religiones del mundo son dignas de respeto; creo que todas procuran la paz y el bien, y no creo que en alguna de ellas pueda haber un paraíso para premiar semejante monstruosidad.

No sé qué significa ser neutral ante semejante acto de barbarie; ¿será decir que solo aprobamos la mitad de los muertos, o que el silencio cómplice nos va a salvar de los actos terroristas? ¿Ya olvidamos el avión de Alas Chiricanas destruido en pleno vuelo por un acto terrorista?

Es que el Canal va a estar más seguro... Lo dudo mucho; probablemente las víctimas de las torres gemelas de Nueva York, en su mayoría, eran neutrales en los actuales conflictos. Declararse un país neutral solo equivale a someterse a un chantaje; es esconder la cabeza por miedo para no ver esta realidad en que seres que han traspasado la barrera humana, tienen en peligro a la civilización entera.

Solo sumándonos todos a la solidaridad del mundo civilizado contra el terrorismo, lograremos un mundo donde si no reina la paz absoluta, al menos sepamos por qué morimos.

En contraste con la admiración y el respeto que me produjo la unidad monolítica de ambas facciones políticas del Gobierno de Estados Unidos, junto a todas las etnias que lo habitan ante este acto de salvajismo, sentí una gran preocupación por las muestras de satisfacción con que algunos celebraron esta barbarie. Tampoco pude evitar la lástima que sentí al escuchar a los eternos alumnos de la dictadura torrijista, a quienes solo les bastó que nuestro Gobierno mostrara su solidaridad con esa sociedad herida, para que salieran furibundos y sin importarles la magnitud de la tragedia que alcanzó incluso a conciudadanos nuestros, a mostrar su disconformidad con nuestro apoyo oficial a ese gran país del cual todos sus “líderes máximos” fueron asalariados.

El autor es ingeniero agrónomo


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