¿Por qué nos atacan?
“He perdido a mis seres más cercanos y más queridos. ¿Cuál es nuestro crimen?”, preguntó un lugareño
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Los vecinos deambulan entre los escombros de la que fuera la aldea de Karam, ubicado a 60 kilómetros de Jalalabad, en el este. Las autoridades talibán reportaron que más de 200 personas fallecieron en el ataque que prácticamente borró el pueblo del mapa.
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KARAM, Afganistán (AFP/AP). –Una bomba presuntamente dirigida contra un campo de entrenamiento de la organización Al Qaida de Osama bin Laden, diezmó la empobrecida aldea afgana de Karam, demoliendo docenas de casas y matando a familias enteras, contaron sus habitantes.
Un grupo de periodistas extranjeros conducido a este pueblo cercano a la ciudad de Jalalabad (este) por la milicia talibán, en el poder en Afganistán, fue recibido por escenas de devastación y airadas protestas de los habitantes, que preguntaban por qué Estados Unidos había desatado su ira contra ellos.
Docenas de casas quedaron reducidas a estructuras vacías y sin techo, otras fueron arrasadas. Una bomba sin explotar yacía a pocos metros del límite del pueblo, donde flotaba todavía un olor a putrefacción.
El pueblo fue abandonado después del ataque, ocurrido a primera hora de la mañana del jueves. Pero la gente regresó el domingo, aparentemente instigada por los dirigentes talibán para gritar consignas antiestadounidenses y contar sus historias.
Los supervivientes estimaron el número de muertos entre 180 y 230 en un poblado de casas de ladrillos de barro que no podía albergar a más de 400 personas, pero es imposible verificar esas cifras.
“Ciento ochenta personas murieron aquí. ¿Por qué atacaron los estadounidenses a gente inocente?”, declaró un habitante de Karam.
“He perdido a mis seres más cercanos y más queridos. ¿Por qué los han matado? ¿Cuál es nuestro crimen?”, preguntó Haji Naziz.
Otro vecino, Ziarat Jul, dijo que más de 230 personas fallecieron.
Abdul Rasool, de 40 años, explicó que su casa fue arrasada. Su esposa, cuyo nombre no quiso dar, y sus tres hijos, Satik, de 6 años, Turial, de 10, y Pardes, de 15, murieron, agregó.
Rasool declaró que él se salvó porque, como ha hecho cada día de su vida adulta, se levantó antes del amanecer para asistir a la plegaria matutina. Cuando cayó la bomba, regresaba a su casa.
“Escuché una enorme explosión y corrí hacia mi casa, pero no pude hacer nada. Estaba totalmente destruida”, explicó.
“Mi familia y todos mis animales están muertos. No me queda nada. ¿Por qué me ha pasado esto a mí?”, preguntó.
Alam Gul, 18 años, explicó que perdió a sus padres, cuatro hermanos y dos hermanas en el bombardeo.
Qudra Ula, de 35 años, que vive en un pueblo vecino, dijo que había sacado 15 cuerpos de los escombros y se los había llevado para que fueran enterrados.
La región, en la que se cree que hay varios campos de entrenamiento de Al Qaida, ha sido atacada repetidamente desde el inicio de los ataques el pasado 7 de octubre.
Pero los habitantes de Kadam niegan que haya un campo de entrenamiento en la zona.
“¿Dónde está Osama? Muéstramelo”, lanzó Gul Ahmed.
Los presuntos muertos en Karam figuran entre las más de 300 víctimas civiles que los talibán reivindican desde el inicio de los ataques. Solo unas pocas de estas víctimas pudieron ser confirmadas independientemente.
El departamento norteamericano de Defensa no comentó nada hasta el momento sobre el incidente de Karam, pero confirmó que una bomba de 900 kilos cayó el sábado en una zona residencial en Kabul.
Abren la puerta
El talibán permitió ayer domingo por primera
vez la visita de periodistas internacionales a zonas que controla,
desde que el 7 de octubre se inició el bombardeo aéreo encabezado
por Estados Unidos.
Pero los visitantes fueron recibidos con indignación por los lugareños de Karam.
“¡Vienen a matarnos, a buscar información para decirles a los aviones dónde tienen que bombardear!”, exclamaban los aldeanos mientras se abalanzaban sobre los reporteros, que tuvieron que ser escoltados de vuelta por los talibán.
Atrapados
KABUL, Afganistán (AFP). –Los habitantes más
pobres de Kabul carecen de medios para escapar a los bombardeos estadounidenses
que de nuevo resonaron el sábado por la noche en la capital afgana,
ya de por sí asolada por la guerra.
"Créanme, cada vez que hay un ataque, mis niños
se echan a llorar. Esta noche yo también he llorado", explicó Mohammad
Nabi, un mecánico de 41 años de edad, en el barrio Qwaee Markaz de
Kabul.
"Solo el hecho de que mujeres y niños griten
en plena noche es ya terrible", añadió.
Mientras el aire de Kabul vibra día y noche por
el ruido de los aviones norteamericanos en misiones de bombardeo o
vigilancia, los habitantes más pobres de la capital afgana, obligados
a quedarse en sus casas al no tener dinero para partir, buscan refugio
desesperadamente.
Los comerciantes han transferido sus existencias
a las puertas de la ciudad. "Tenemos miedo al pillaje en caso de anarquía",
explicó uno de ellos.
Los taxistas recorren en vano las calles desiertas
en busca de clientes, pero "nadie suficientemente rico para tomar
un taxi se ha quedado en Kabul. Yo he dado vueltas todo el día para
encontrar un cliente, pero eso es ahora muy difícil", aseguró Mushtaba
al volante de su viejo taxi.
"Solo la gente que va a pie o en bicicleta, por
falta de dinero, se ha quedado en la ciudad. En un mes no quedará
nadie en esta ciudad, ya que todos se habrán ido o estarán muertos",
añadió.
El Pentágono reconoció el sábado que la noche
anterior una bomba de 900 kilos había errado su objetivo: un helicóptero
estacionado en el aeropuerto de Kabul, y destruyó por error una zona
residencial a dos kilómetros del aeródromo, causando cuatro muertos
y dejando sin casa a decenas de personas.
"No sé si van a eliminar a los terroristas, o
a crearlos. Nosotros no somos terroristas, nos fuerzan a serlo", explicó
Nabi, ex profesor, que añadió que "los bombardeos no son la única
solución, deberían estudiar otras opciones".
Estados Unidos, con ayuda británica, empezó hace
una semana los bombardeos aéreos contra Afganistán para obligar a
los talibán, en el poder en Kabul, a entregar a Osama bin Laden, principal
sospechoso de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos,
pero los talibán no han cedido.
Tras otra noche de bombardeos, muchos habitantes
de Kabul se desplazaron el domingo de un lugar a otro de la ciudad,
cargando sus escasos bienes en camiones o carretas.
"Nuestros parientes viven en Shari Naw (cerca
de Kabul), y vamos allí para estar cerca de ellos", explicó Hekmatulá,
de 22 años, mientras empujaba su carreta.
"Nosotros vivimos en BiBi Mahro (barrio de Kabul),
y esta es la quinta vez que me muevo entre mi casa y la de mis primos",
añadió.
En ese momento la defensa antiaérea talibán disparaba
contra un avión norteamericano que sobrevolaba Kabul en plena tarde.
El avión, bien visible, dio dos o tres vueltas antes de desaparecer
tras las montañas vecinas.
Los habitantes de Kabul se apresuraban para encontrar
un refugio antes de la noche.
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