Panamá, 14 de octubre de 2001
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Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com

Un mundo propio

‘Catalina y Catalina’ ofrece una mirada amorosa a la compleja variedad de la existencia y sitúa al lector en pequeños mundos personales, unos amables y otros crueles

Autor: Sergio Ramírez
Obra: Catalina y Catalina
Género: cuento Editorial: Alfaguara
Año de publicación: 2001

Sergio Ramírez es de los hombres de letras que escribe cuentos para demostrarse que todavía domina su oficio creativo. Piensa que quien se enfrenta sin dificultades a este género literario puede sobrevivir sin problemas a los embates de la novela.

Cuando este nicaragüense universal decide irse al cuento es para calentar motores, para sentirse seguro de que todavía tiene a su favor los vientos de la imaginación.

Aunque sus principales conquistas guardan relación con la novela (gracias a este género ha triunfado en los certámenes Dashiel Hamett, el Laurie Bataillon y el Alfaguara), su presencia dentro del cuento latinoamericano es de suma importancia.

Julio Cortazar, uno de los grandes en estas lides, decía que el cuento es ideal para atrapar lo cotidiano de la vida, que ese relato corto era el vehículo ideal para describir el entorno social del artista. Esta definición encuentra cabida perfectamente en Catalina y Catalina, el más reciente libro de Sergio Ramírez, pues sus 11 cuentos retratan como pocos el diario existir de Nicaragua, no importa si esa Nicaragua aparece en estas narraciones como un método para no olvidar lo que significa la palabra patria o una forma de comprender al país donde nació el cinco de agosto de 1942 en Masatepe.

A Sergio Ramírez no le interesa rescatar dioses ni mitos en Catalina y Catalina. El desea utilizar su pluma para capturar la magia que habita en los días y para contemplar las andanzas del mundo, tanto su mundo propio (fundamentado en sus recuerdos), como aquel que recrea un hombre capaz de medir el curso de la existencia humana como si fuera un experto astrónomo.

De esto tenemos prueba, por ejemplo, en “La herencia del bohemio”, un relato que a simple vista pareciera una descripción de lo que significa para el folclor nicaragüense la Gigantona (una muñeca de enorme tamaño que es paseada por las calles durante las fiestas populares), pero en el fondo es un estudio sobre cómo un objeto puede desatar la codicia en una familia y al mismo tiempo cómo ese ser con alma de papel puede motivar que los miembros de una comparsa rememoren a su compañero muerto.

Ramírez es formidable a la hora de asumir las diversas estelas con las que está hecha la realidad. Una prueba, en “El pibe Cabriola”, en la que no se contenta con describirnos las desventuras de un jugador de fútbol responsable de la derrota de su propio equipo, sino que además ese mismo acontecimiento forma parte de otro cuento de factura parecida (no igual, aclaro) “La partida de caza”.

Entre el abanico de voces que utiliza el autor de Un baile de máscaras para darle cuerpo a sus narraciones cortas, no deja por fuera a su propia persona. Es decir, Ramírez se transforma en un personaje más, en una de las tantas personas que aparecen en algunos textos de Catalina y Catalina. Este recurso se nota con maestría sobre todo en “Vallejo”, en el que cuenta como colaboró en Alemania con un latinoamericano en una ópera que nunca llegó a los escenarios.

Por otro lado, este citado recurso también deja en claro el hondo sentido autobiográfico que tiene este libro, a la par que es una nueva ocasión para saber más de este abogado al que le fue mejor con la invención que con las leyes y la política.

La facilidad de unir lo insólito con la pasión desvanecida de “Aparición en la fábrica de ladrillos”, la picardía de “La viuda Carlota” y el misterio mortífero de “Gran Hotel” y “Ya todo está en calma”, hacen sumamente agradable la lectura de este libro.

En Catalina y Catalina, Ramírez construye un discurso coherente, sobrio y preciso, con un lenguaje basado en una aparente sencillez. Su prosa exquisita y su riqueza expresiva confirman que este caballero sabe cómo redactar un cuento, y que tiene toda la energía para que su siguiente novela sea más que notable.


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