Panamá, 14 de octubre de 2001
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Guerra antiterrorista y bases militares

Si Filipinas tiene un grupo terrorista en la lista negra del gobierno de Bush, Colombia tiene tres: las FARC, las AUC y el ELN

Betty Brannan Jaén

En la medida en que el caso filipino pueda ser relevante para Panamá, debiéramos tomar nota de que la presidenta filipina ha ofrecido las antiguas bases de Clark y Subic Bay para el uso de Estados Unidos en la guerra antiterrorista.

Si revisamos el caso filipino, los paralelos con Panamá se hacen obvios: en 1991 se venció el acuerdo que Estados Unidos tenía con Filipinas para las bases de Clark y Subic Bay. La Asamblea filipina rehusó prolongar la presencia militar estadounidense en su suelo si Washington no pagaba un alquiler multimillonario; tras varios años de negociaciones infructuosas, Estados Unidos tuvo que cerrar sus bases en Filipinas. En los años siguientes, Estados Unidos trató de negociar un acuerdo de “acceso” a las bases (que algunos críticos tildaron de “imperialismo a lo barato”), pero este esfuerzo tampoco tuvo éxito. El problema se resolvió finalmente en 1999, con la firma de un “acuerdo de fuerzas visitantes”, que los analistas norteamericanos describen como parte esencial de la proyección militar estadounidense en Asia.

Mientras tanto, en 1992 se descubrió la existencia de una guerrilla separatista musulmana en Filipinas que utiliza métodos terroristas, incluyendo el secuestro de misioneros estadounidenses. El grupo “Abu Sayyaf”, aparentemente vinculado a Osama bin Laden, figura en la lista de organizaciones terroristas que el gobierno de George W. Bush publicó la semana pasada.

Por ello, la presidenta filipina, Gloria Arroyo, ofreció a Estados Unidos el uso de sus antiguas bases en Filipinas para la lucha antiterrorista, subrayando el problema interno de su país frente al terrorismo de “Abu Sayyaf”. Washington inmediatamente envió a un militar de alta jerarquía a Manila y hace unos días anunció que enviará un contingente militar de “asesores” para ayudar al ejército filipino en su lucha contra los guerrilleros terroristas en su territorio. Aunque el Gobierno filipino insiste en que los militares norteamericanos no harán más que “asesorar”, el diario inglés The Independent (11 de octubre) recogió el temor de muchos al afirmar que Vietnam y otros casos han demostrado la facilidad con que supuestos asesores extranjeros terminan por convertirse en guerreros. Los medios estadounidenses, por su parte, comentan que el envío de tropas a Filipinas representa el primer paso de Washington para “ampliar” la guerra internacional contra el terrorismo.

Por ahora, esa ampliación de la guerra antiterrorista está limitada a Asia, pero parece probable que no siempre será así. Nuestro hemisferio “no es ajeno al terrorismo”, dijo Francis Taylor, coordinador de esfuerzos antiterroristas del Departamento de Estado, en una audiencia ante el Congreso estadounidense el martes. Si Filipinas tiene un grupo terrorista en la lista negra del gobierno de Bush, Colombia tiene tres. Y los tres son una amenaza para Panamá: las FARC [Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia], las AUC [Autodefensas Unidas de Colombia] y el ELN [Ejército de Liberación Nacional].

Estos grupos, según Taylor, tienen vínculos internacionales con terroristas en Irlanda y el País Vasco en España. Además, expuso Taylor, grupos terroristas musulmanes como Hizballah, al Gamaat y Hamas tienen una presencia en Suramérica. Además, en Perú está Sendero Luminoso (también en la lista de Bush de organizaciones terroristas).

Debo recalcar, sin embargo, que en su testimonio ante el Congreso, Taylor no habló de un esfuerzo militar para erradicar los grupos terroristas en el hemisferio, mucho menos de restablecer bases en el istmo panameño. Es más, ningún funcionario o congresista norteamericano -hasta donde sé- ha planteado que la guerra antiterrorista requerirá la reapertura de las bases en Panamá.

Del lado panameño, los funcionarios me aseguran que nadie del Gobierno estadounidense ha planteado esto y que, por el contrario, el Plan Colombia parece estar relegado a segundo plano tras los ataques terroristas. Sin embargo, tengo entendido que así como la primera fase del Plan Colombia se ha concentrado en el sur (cerca de la frontera con Ecuador), la segunda fase se concentrará en el Urabá (o sea, la frontera con Panamá). Cuando eso ocurra, los problemas en el Darién seguramente se multiplicarán.

Esta situación adquiere relevancia, en el contexto de las declaraciones hechas por John Maisto (asesor de la Casa Blanca para asuntos interamericanos) el viernes, en el sentido de que lo único que Washington pedirá de cada país es que vigile lo que ocurre dentro de su territorio. También es relevante que ya hay funcionarios norteamericanos que sostienen que la guerra antiterrorista hace imposible que Estados Unidos se retire de Vieques, en Puerto Rico.

Para concluir, reabrir las bases es solo una posibilidad muy remota. Pero precisamente por serlo, habrá que estar vigilantes.

Corresponsal en Washington


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