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Una
moda dulce, romántica y optimista para el verano 2002
Por Lola Loscos
París, 13 de Octubre (EFE)
La semana de colecciones que hoy, sábado, concluyó
en Paris ha dibujado un verano del 2002 con ropa femenina en colores
claros y el blanco invadiendo las pasarelas, para una mujer dulce,
femenina, romántica y optimista.
Una semana de moda y frivolidades muy especial -por celebrarse tras
los atentados del pasado once de septiembre en Estados Unidos y
durante los primeros bombardeos en Afganistán- a la que Agatha
Ruiz de la Prada aportó hoy la vitalidad que caracteriza
sus diseños.
La modista española fue una de las últimas en mostrar
sus creaciones para la primavera-verano 2002, dentro de una lista
de más de cien nombres procedentes de quince países,
entre los incluidos en el calendario oficial y en el paralelo.
Dentro de esta última categoría, De la Prada reunió
en su establecimiento del barrio de Saint-Germain a sus invitados,
entre ellos el modisto Jean-Charles de Castelbajac, el escritor
Fernando Arrabal y un público infantil mucho más numeroso
que el habitual en este tipo de eventos.
Colores vivos, motivos geométricos, corazones, grandes pastillas,
estampado bandera de España para unas bragas que se llevan
bajo falda transparente, texturas naturales y línea trapecio
fueron su manera de lanzar desde la capital francesa "un canto
de esperanza en el hombre y en la naturaleza".
Dos excepciones rompieron el optimismo
generalizado de las pasarelas parisienses, la del turco-chipriota
Hussein Chalayan, con sus vestidos desgarrados y sus maniquíes
maquilladas para después de una guerra, y el británico
Alexander McQueen, quien abrió su colección con una
nube de gases.
Por ello, el diario "Le Figaro" se preguntaba hoy con
sorpresa "dónde estaba" McQueen el pasado septiembre,
cuando dos aviones de pasajeros destrozaron las torres gemelas de
Nueva York y un ala del Pentágono, en Washington.
Y es que, agregaba el diario resumiendo el sentir general, por todas
partes reina "una voluntad de olvido y de belleza".
Sentada en primera fila, una joven espectadora de no más
de seis años lo marcó con claridad desde el primer
momento, aplaudiendo el desfile de Cacharel en solitario, de principio
a fin, visiblemente encantada ante tanta alegría aportada
por los Clement-Ribeiro tras los recientes atentados.
Desde las pasarelas, tras las reflexiones iniciales sobre la posible
vacuidad del oficio resurgió la realidad de que moda es negocio
y tan sólo anularon sus presencia en París algunos
compradores estadounidenses y japoneses y nueve firmas, estas últimas
principalmente por razones de estructuración interna.
La moda sigue abierta esta semana en París, al igual que
la FIAC, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, en
la que todas las galerías previstas dijeron "presente",
quizá para no romper con una imprudente ausencia la rama
del árbol en que están sentadas, estimó "Le
Monde".
En este panorama y dada la gran variedad de estilos y siluetas,
la cuestión de las tendencias del próximo verano es
casi secundaria, pues junto a la elegancia más clásica
y frente al blanco predominante reinarán todos los colores,
estampados y formas.
La inspiración vendrá de Oriente, de Africa, de la
época victoriana y de los años 60 y 70 entre otros
momentos o países, y se reflejará en estampados de
flores, rayados, bordados, aplicaciones y transparencias de faldas,
vestidos, camisas y pantalones.
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