Panamá, 13 de octubre de 2001
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De política

¿Quién desafía la “silla” indómita?

Un cargo que debería ser “puestazo” asesina sistemáticamente el entusiasmo de los ponentes

Jaime Porcell Aleman

Los ex directores de información de la Presidencia, Arosemena, Condassín y Béliz guardan secretos. ¿Por qué uno tras otro llega reído al puesto para, en cinco meses exactos, caer? ¿Y por qué los tres acumulan tanta frustración como para abandonar un puestazo? ¿Qué desafíos despliega la indómita silla del “primer comunicador del Estado”, que tumba a tres reconocidos profesionales en apenas dos años de gobierno?

Este gobierno camina en pos de la fase intermedia del quinquenio, cuando el manejo de imagen resulta más crítico, y la rotación del director, desaconsejable.

Nadie sin seguro médico debería desafiar la “Silla”. Exacerba úlceras, sube presión arterial, desata agruras, migraña, insomnio y depresión, entre otras dolamas psicosomáticas. Mas, para tranquilidad del próximo, todas tan efímeras como el poder que apareja.

Con Balladares, solo Dorita de Reyna logra domarla por más de 12 meses. Sus predecesores, trío de valiosos profesionales, terminaron dolorosamente humillados antes del año, como desde entonces venía resultando usual.

Difícil aceptar la inexperiencia como responsable de la desmonta del joven periodista Carlos Arosemena; menos hoy, cuando la renuncia del experimentado Béliz permanece fresca. Con el profesionalismo de Condassín, estas sillas bravías tan falibles a la belleza, supusimos que Lissette la rendiría. La vimos afanada en cultivar relaciones con periodistas y con dueños de medios. Y cuando creímos que se asentaba, cae fulminada por el remezón que prodiga la incomprensión de la delicada responsabilidad que carga el director.

Creímos que Anel Béliz perduraría. Arnulfista y exitoso promotor comercial, se sienta con muchos deseos de ayudar y pocos de reclamar. Acciona sus magníficas relaciones con los dueños de medios. Además, capacita a relacionistas del Gobierno. Pugna por hacerse escuchar entre una pléyade de voces que asesoran a una presidenta selectiva al escuchar. No muchos conocen qué, cuándo y cómo hablarle. Y quien trabaja en comunicación requiere primero del conocimiento del asesorado para, entonces, ganar la voluntad.

Béliz centra su actividad en Palacio, mas nunca la acompaña a giras del interior, donde -dicen- emerge la otra Mireya, quizás la más ella. Para algunos la falla pudo estar en no disponer de esas oportunidades de profundizar el conocimiento de aquella para quien trabaja. Si alguien podía amansar la “silla”, parecía Anel. Pero cuando al quinto mes se descubre hablando solo, desmonta como caballero, mientras encierra en su intimidad secretos motivos de una renuncia.

Un jefe de información de la Presidencia espera le permitan trabajar en equipo con un mandatario. No me viene mejor ejemplo de los beneficios de una relación directa y sin cortapisas, que Balladares y Dorita de Reyna. Nunca la dirige a través de persona interpuesta, ni siquiera de su poderoso ministro de la Presidencia, quien teóricamente era su jefe. Y a pesar del liderazgo autoritario, el mandatario supo reconocer majestad al cargo, cuando invita a la periodista a presenciar los Gabinetes. Dorita aprende a conocerlo, mientras goza de un acceso al presidente, que la afirma en la “silla”.

Algunos concluyen del excelente papel coordinador de Carlos Somoza García en la oficina, que la silla de director sobra. Mas ninguna Presidencia moderna puede prescindir del vital manejo estratégico de información.

El camino de ubicar al director exacto es estrecho. Por un lado, dilatar otra vez la vacancia, no comunicaría la merecida relevancia del cargo. Pero apresurarse e improvisar uno, ocasionaría que la “silla” pronto lo humille.

Tres, en solo dos años de gobierno, indica problema serio. Un cargo que debería ser “puestazo”, pero que asesina sistemáticamente el entusiasmo de los ponentes, clama por revisión. O las expectativas de acceso directo a la voluntad de la presidenta -o siquiera a su presencia- son exageradas, o está diseñado para el fracaso, o los jefes no entregan los recursos para el éxito. Y las tres posibilidades señalan fallas organizativas que conducen a que la silla del “primer comunicador del Estado” continúe tumbando a quien ose desafiarla.

El autor es investigador de mercado


Se busca presidente para un jefe de prensa

El que un vocero o jefe de prensa sea poco o muy duradero, depende de factores vinculados a quien habría de ser su jefe o jefa

Danilo M. Toro Lozano

Me han solicitado mi parecer sobre las razones por las cuales los jefes de prensa o voceros duran muy poco en nuestra Presidencia de la República. Así, a continuación presento una aproximación de razones. En primer lugar, debe entenderse que ser vocero de alguien, y nada menos que de un presidente, es una tarea nada fácil, aquí y en todas partes del mundo. Se debe encontrar en un buen jefe o vocero de prensa talentos como la prudencia, la ecuanimidad, el acervo intelectual, la astucia y, a veces, la habilidad de navegar con bandera de ingenuo.

Pero además de lo difícil que es conjugar esas virtudes, desde otro punto de vista y sobre todo desde la perspectiva local, el que un vocero o jefe de prensa sea poco o muy duradero también depende de factores vinculados a quien habría de ser su jefe o jefa.

Se pueden distinguir entonces cuatro razones que, en alguna medida, explican la efímera vida de los jefes o voceros de prensa en la Presidencia de la República de Panamá.

1. Generalmente en un país pequeño como Panamá, se establecen y cultivan vínculos directos con las fuentes de poder. Los propios profesionales de los medios de información tratan de establecer esos vínculos para obtener reconocimiento, prestigio o validación en torno a su desempeño y las informaciones que ofrecen. No aceptan fácilmente la mediación, y muchas veces se contraponen y objetan el papel de mediación que hace un jefe de prensa, o vocero presidencial, en el proceso de información política con relación a la fuente de poder.

2. Con frecuencia hay políticos que no entienden el papel de la Vocería de Prensa y de la dirección de la dinámica de comunicación desde el cargo de la Presidencia. Por desgracia, malos hábitos han tendido, en no pocas ocasiones, a arraigar el simplismo de que la comunicación responde a un mero ejercicio de contratación y pago por servicios que respondan al interés de las fuentes del poder.

3 El deseo que puede tener un político de mucho poder, como es el caso del presidente o presidenta de la República, de administrar por sí mismo su relación con los medios de información, relación que incrementa el poder, tiene efectos inmediatos sobre el ego de la figura política, y produce también efectos inmediatos sobre muchas personas.

4. Como quiera que el cargo de vocería o jefatura es un puesto de mediación y de alguna manera funciona como un semáforo en las relaciones de poder, en torno a éste se desarrolla una gama de conspiraciones, ambiciones y pugnas que producen una permanente atmósfera de inestabilidad, intolerable para aquellos que quieren desempeñar un trabajo de manera planificada, con criterio profesional y con el mínimo de intriga posible.

Así pues, no siempre los presidentes buscan un jefe o vocero de prensa. A veces, los profesionales de la comunicación social buscan un presidente.


El autor es analista político


Frases de la semana

“América no tendrá paz hasta que los ejércitos infieles se marchen...”

Osma bin Laden, en video transmitido después de los ataques a Afganistán.


“La civilización occidental es superior al islam...”

Reacción del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, frente a los ataques terroristas del 11 de septiembre.


Lo que ellos opinan

Mayín Correa
Periodista y ex alcaldesa

El problema es que no hay un solo mando y la información se diluye. Esto dificulta la labor del vocero presidencial y hace que se convierta en persona poco profesional y sin libertad de acción. El vocero debe tener una Dirección a quien responder y no varios jefes.

Fernán Molinos
Ex director general de Comunicación del Estado

Para todo comunicador es un privilegio servir al
país y mucho más en una posición tan importante. No obstante, resulta muy difícil cumplir esas funciones mientras no se mantenga una comunicación directa y fluida con la jefatura del Estado.


Foro ciudadano

Cero y van tres los voceros presidenciales en dos años de mandato. ¿Cuáles serán los intrincados y por lo visto insalvables laberintos de poder a los que se han enfrentado en Palacio tres destacados profesionales panameños? ¿Ud. qué opina?

 




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