Furia flamenca
El espectáculo “Amargo” deleitó
al público panameño que asistió al Teatro Nacional
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
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Rafael Amargo, fuerza y elegancia, osadía y donaire.
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Los dos días de presentación de la compañía de flamenco de Rafael Amargo fueron todo un éxito en Panamá.
El público, en ambas ocasiones, aplaudió cada momento sobresaliente del espectáculo “Amargo”, que recibió el beneplácito del público y la crítica española del 2000.
El pasado miércoles y jueves, el Teatro Nacional se vistió de gala con la fuerza flamenca de un joven de 25 años de edad, que junto con su grupo de baile, deleitó a la audiencia local, que agradeció tanto derroche de talento con prolongados aplausos y ovaciones.
Este evento, organizado por la Embajada de España y el Instituto Nacional de Cultura, fue una manera de celebrar los 509 años de la llegada de España al continente americano y una forma en que sus representantes diplomáticos en este país festejaron con sus amigos y colaboradores esta fecha histórica.
El espectáculo “Amargo”, que tiene una duración aproximada de dos horas, presentó temas como Viento del naranjal, Cruz de fragua (siguirilla), Nine Stools (soleá por bulerías), Lebrija (sevillanas), A mí niña María (tangos), Cava baja (soleá por bulerías), Donde habita el olvido, Picao (soleá por bulerías) y Soledad... desaliento, entre otras.
El bailaor originario de Granada y su ballet transmitieron todo el esplendor, la pasión y la estética del flamenco.
Todo el poder de estos artistas radica en sus movimientos, pues “Amargo” no se fundamenta en elaboradas escenografías ni en impresionantes juego de luces, su fondo son cuerpos vigorosos y sensuales que saben transmitir gracia, belleza y color.
Sus coreografías entre sencillas y estilizadas, su dominio del zapateo, su saber extraer todo lo teatral que tiene este sentimental y hondo baile, sus giros justos y acordes con la música en vivo (cuota importante del triunfo de “Amargo”), fue una especie de ensueño.
El conjunto de bailes ofrecido por este artista en ascenso fue una armónica función de lo autóctono de un arte y su interés de alimentarlo con ritmos modernos (del tango al jazz), para dar como resultado un trabajo de renovación, que complace a los seguidores de la tradición y a los que buscan la transformación de las manifestaciones culturales.
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