Testigo clave rindió declaraciones en juicio
JOSE OTERO ISMAEL HERNANDEZ
nacionales@prensa.com
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Fermín Arias Rojas, testigo clave, llegó a declarar ayer vestido de campesino y con sombrero.
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SANTIAGO, Veraguas. -Fermín Arias Rojas, “testigo clave”, presentado por el Ministerio Público, se ratificó ayer en sus declaraciones de que él conoce a cada uno de los 12 implicados que le quitaron la vida a sus amigos en la masacre ocurrida en la isla penal de Coiba.
Bajo estrictas medidas de seguridad y vestido a la usanza de los campesinos, fue presentado por el Ministerio Público uno de los testigos oculares del hecho de sangre más dramático y violento que se ha registrado en el país. El crimen tuvo lugar el 28 de enero de 1998, en Playa Brava del campamento de Playa Hermosa, en el centro penitenciario de la isla de Coiba.
En el cuarto día de audiencia, la lectura de las piezas procesales culminaron a las 3:00 de la tarde, y posteriormente, Rolando Rodríguez, fiscal del Ministerio Público, presentó al primero de los 15 testigos que deben rendir declaraciones para determinar la participación de los miembros de la banda Los Hijos de Dios en la decapitación de cuatro reos pertenecientes a la banda de Los Perros de San Joaquín, uno de los cuales aún se encuentra desaparecido.
En la vista indagatoria practicada por el Ministerio Público en noviembre de 1998, Arias Rojas dijo que los verdaderos homicidas de sus compañeros son los miembros de la banda rival y que los acusará hasta el final, ya que son los culpables de haber matado a sus amigos de infancia.
El testigo reveló que con esa masacre, ya son tres los hechos de sangre que han ocurrido en ese penal en los que hubo decapitaciones, pero que nunca se habló de ellos.
En 1995, los Hijos de Dios participaron en unas decapitaciones en la montaña; en 1997 murieron tres internos decapitados, miembros de los Hijos de Dios, a manos de Los Perros, y en enero de 1998, los Hijos de Dios mataron a algunos miembros de Los Perros.
La rivalidad entre las bandas se inició en 1991, estando en la antigua cárcel Modelo, ya que entre ellos (Los Perros, Los Chukis, Los Hijos de Dios y otras bandas), se golpeaban e incluso se mataban, como sucedió con Vicente Segura, Zambo y Choclito, que murieron en manos de estas bandas por rencillas personales.
En las piezas procesales leídas ayer, Ernestina Velarde Aizprúa, madre del desaparecido Francisco Javier Villarreal, en sus declaraciones mencionó que es lamentable que aún no se haya encontrado nada que muestre que realmente fue su hijo el que murió en esa masacre.
Según Velarde, siempre le escuchó decir a Fermín Arias que Villarreal prefería que se lo comieran los tiburones antes de caer en manos de sus enemigos, refiriéndose a la banda de Los Hijos de Dios.
La madre de Villarreal aseguró que su hijo no sabía nadar, pues nunca se crió cerca de ríos o playas, por lo que no cree que se haya lanzado al mar arriesgando su vida, tal cual afirmó Arias Rojas.
Fermín Arias Rojas, único sobreviviente de la denominada masacre de Coiba, señaló ayer con el dedo ante el jurado de conciencia, a los que, según dijo, decapitaron con hacha y machete a cuatro reos de este penal el 28 de enero de 1998.
“Estoy aquí por mi honor y para que la muerte de mis amigos no quede impune y los culpables reciban el castigo que se merecen...” dijo el testigo al jurado de conciencia.
Declaró que Orlando Antonio Blychanton, “Pedro Navaja”, le dio un hachazo en la cabeza a Francisco Javier Villarreal, mientras Johao Garcés, “Johaito”, Abel Méndez, “Abelito man”, Arian Enrique Benedi y Francisco Javier Camargo Pocho, lo acuchillaron varias veces con sus machetes y su cuerpo se hundió en el agua. El cuerpo de la víctima nunca fue hallado.
Añadió que esto lo pudo observar mientras nadaba de espalda para salvar su vida, mientras los otros reclusos le lanzaban piedras para impedir que se escapara.
También atestiguó que luego de nadar unos 150 metros, pudo refugiarse en unas piedras, desde donde observó que Francisco Javier Camargo Pocho le pegaba un hachazo en la cabeza a su otro compañero de fuga, Rafael Córdoba Chavarría, e Iván Gálvez Iván le terminaba de arrancar la cabeza de un machetazo.
Arias Rojas dijo que no pudo identificar con exactitud cómo y quiénes asesinaron a sus otros compañeros Ricardo Alexis Powell y Walter Murillo. Agregó que una turba de reclusos se abalanzó y los machetó sin piedad.
En su declaración, el testigo sostuvo que nadó hacia el extremo opuesto de Playa Brava, se quitó la ropa, salió desnudo a la orilla y se encontró frente a frente con Abel Méndez, Abelito, quien tenía un hacha y un machete en ambas manos y que éste le dijo: “ahora vas tu pabajo”, pero logró correr a pesar de las piedras, hasta llegar al campamento de Playa Hermosa, donde dio aviso de lo sucedido a los custodios del penal.
Arias Rojas también dijo que los tres reos que usaban las hachas: Javier González, César Díaz Gringo e Israel Rodríguez Cobra, estaban en la playa en ese momento de la matanza, pero que no los vio participar del crimen, sin embargo, los acusó como cómplices por haberle entregado a los otros reos las hachas con las que cometieron este homicidio.
Durante su interrogatorio, el testigo aceptó que desde los 12 años (actualmente tiene 32 años), ha incurrido en actos delictivos y formaba parte de la banda Los Perros desde 1994, pero que desde octubre de 1999, cuando salió de prisión, se ha regenerado y ahora sólo forma parte “ de la banda de Dios”, ya que se dedica a predicar la Palabra del Señor.
Narró al jurado que el mismo día que salió de la cárcel, fue emboscado por desconocidos, quienes le propinaron 10 disparos de bala, pero se pudo salvar, sin embargo, se enteró de que los Hijos de Dios asesinaron en prisión, ese mismo día, a su primo Enrique Rojas Ruiz y le mandaron a decir que él sería el próximo cadáver.
Indicó que un día antes de presentarse a declarar en este juicio, recibió una amenaza de muerte por desconocidos, que le dijeron que se retractara, pero a pesar de ello decidió venir a declarar.
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