Panamá, 13 de octubre de 2001
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La otra guerra que se libra en Washington

Andrés Oppenheimer

Mientras la atención de todo el mundo estaba en el frente de batalla en Afganistán, un comité clave del Congreso estadounidense aprobó esta semana un proyecto de ley que —de ser aprobado por el pleno— podría marcar un cambio histórico en las relaciones de Estados Unidos con América Latina.

El comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes aprobó el martes por 26 votos a 13 darle al presidente, George W. Bush, autorización para negociar nuevos acuerdos de libre comercio por la “vía rápida”. Si la cámara aprueba el proyecto, Estados Unidos podría reducir los riesgos de una recesión global, y ayudar a revertir los efectos del atentado terrorista del 11 de septiembre sobre las economías de Estados Unidos y América Latina.

A menos que el proyecto sea derrotado por el líder de la minoría demócrata, Richard A. Gephardt (Missouri), y el congresista también demócrata Charles Rangel (Nueva York) —que buscan el apoyo de grupos sindicales contrarios al libre comercio para sus futuras campañas políticas— significará una luz verde para los planes de Estados Unidos de crear el Area de Libre Comercio de las Américas, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en el 2005.

Según me dijeron fuentes del Congreso, el momento de aprobar esta ley es ahora o nunca. Bush prometió en la reciente Cumbre de las Américas de Québec que presentaría este proyecto de ley antes de fin de año, y con buena razón: el 2002 será un año electoral, y muchos legisladores tendrán miedo a antagonizar con grupos sindicales anti libre comercio tan cerca de las elecciones de noviembre.

Y en el 2003 podría ser demasiado tarde. Si Estados Unidos no cumple con sus promesas de iniciar en serio las negociaciones de libre comercio que tanto ha prometido, América Latina llegará a la conclusión de que no tiene mucho que ganar siguiendo los planes de apertura económica recomendados desde Washington.

Tras el ataque terrorista del 11 de septiembre, la urgencia de un tratado de libre comercio hemisférico es mayor que antes. Según estimados del Banco Mundial (BM), la desaceleración económica norteamericana ha producido una caída de las importaciones, inversiones y turismo al extranjero que está afectando gravemente las economías latinoamericanas.

Antes del 11 de septiembre, el BM calculaba que la economía de América Latina crecería un magro 1.9 por ciento este año. Ahora, los economistas del BM han bajado su estimacion a un 0.7 por ciento; es decir, menos que el crecimiento anual de la población.

“El verdadero peligro para nuestro país son los millones de personas que viven en la desesperación económica, con muy pocas esperanzas para el futuro”, dice Jim Moran (Virginia), uno de los congresistas que apoyan el proyecto. “La clave para ganar la batalla contra la pobreza y la desesperación es el comercio libre y justo, que es lo que trata de lograr esta legislación”.

Gephardt y Rangel dicen que se oponen al proyecto de ley porque no fueron consultados a tiempo, y porque temen que la propuesta permitiría a los países en desarrollo aprovecharse de normas laborales y ambientales más flexibles para montar una competencia desleal a Estados Unidos.

Tonterías, dicen sus cróticos, con bastante razón. El proyecto bipartidista —presentado por el republicano Bill Thomas y apoyado por un pequeno grupo de demócratas— incluye normas laborales y ambientales exigidas por los demócratas. Lo que ocurre es que Gephardt se quiere postular como candidato a presidente en el 2004, y Rangel a líder de un comité en la cámara, y ambos necesitan el apoyo de la central sindical AFL-CIO, que se opone a nuevos tratados de libre comercio.

En cuanto a las aseveraciones de grupos laborales de Estados Unidos de que el libre comercio provocaría una pérdida masiva de trabajos en Estados Unidos, tal como lo vaticinaron antes del Tratado de Libre Comercio con México en 1994, la historia probó que estaban equivocados. De hecho, el comercio entre Estados Unidos y México se triplicó desde entonces, y ambos países salieron ganando.

¿Qué pasará ahora? Según fuentes del Congreso, el proyecto de ley cuenta con cerca de 200 adherentes en la cámara baja —incluidos por lo menos 12 demócratas— de los 230 que necesita para ser aprobado. En el Senado, tendría muchos menos obstáculos.

Todo dependerá de cuánto capital político invierta Bush en lograr la aprobación del proyecto, y si lo convierte en parte de su programa para lograr una alianza mundial a largo plazo contra el terrorismo.

En medio de la guerra en Asia Menor, probablemente no escuchemos mucho sobre la batalla por el libre comercio que se dará en Washington en los próximos días. Pero será una contienda cuyo resultado marcará el rumbo de las relaciones de Estados Unidos con América Latina por muchos años.

Corresponsal de The Miami Herald y El Nuevo Herald


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