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De
política
¿Quién
desafía la silla indómita?
Un cargo que debería ser puestazo
asesina sistemáticamente el entusiasmo de los ponentes
Jaime Porcell Aleman
Los ex directores de información de la Presidencia, Arosemena,
Condassín y Béliz guardan secretos. ¿Por qué
uno tras otro llega reído al puesto para, en cinco meses
exactos, caer? ¿Y por qué los tres acumulan tanta
frustración como para abandonar un puestazo? ¿Qué
desafíos despliega la indómita silla del primer
comunicador del Estado, que tumba a tres reconocidos profesionales
en apenas dos años de gobierno?
Este gobierno camina en pos de la fase intermedia del quinquenio,
cuando el manejo de imagen resulta más crítico, y
la rotación del director, desaconsejable.
Nadie sin seguro médico debería desafiar la Silla.
Exacerba úlceras, sube presión arterial, desata agruras,
migraña, insomnio y depresión, entre otras dolamas
psicosomáticas. Mas, para tranquilidad del próximo,
todas tan efímeras como el poder que apareja.
Con Balladares, solo Dorita de Reyna logra domarla por más
de 12 meses. Sus predecesores, trío de valiosos profesionales,
terminaron dolorosamente humillados antes del año, como desde
entonces venía resultando usual.
Difícil aceptar la inexperiencia como responsable de la
desmonta del joven periodista Carlos Arosemena; menos hoy, cuando
la renuncia del experimentado Béliz permanece fresca. Con
el profesionalismo de Condassín, estas sillas bravías
tan falibles a la belleza, supusimos que Lissette la rendiría.
La vimos afanada en cultivar relaciones con periodistas y con dueños
de medios. Y cuando creímos que se asentaba, cae fulminada
por el remezón que prodiga la incomprensión de la
delicada responsabilidad que carga el director.
Creímos que Anel Béliz perduraría. Arnulfista
y exitoso promotor comercial, se sienta con muchos deseos de ayudar
y pocos de reclamar. Acciona sus magníficas relaciones con
los dueños de medios. Además, capacita a relacionistas
del Gobierno. Pugna por hacerse escuchar entre una pléyade
de voces que asesoran a una presidenta selectiva al escuchar. No
muchos conocen qué, cuándo y cómo hablarle.
Y quien trabaja en comunicación requiere primero del conocimiento
del asesorado para, entonces, ganar la voluntad.
Béliz centra su actividad en Palacio, mas nunca la acompaña
a giras del interior, donde -dicen- emerge la otra Mireya, quizás
la más ella. Para algunos la falla pudo estar en no disponer
de esas oportunidades de profundizar el conocimiento de aquella
para quien trabaja. Si alguien podía amansar la silla,
parecía Anel. Pero cuando al quinto mes se descubre hablando
solo, desmonta como caballero, mientras encierra en su intimidad
secretos motivos de una renuncia.
Un jefe de información de la Presidencia espera le permitan
trabajar en equipo con un mandatario. No me viene mejor ejemplo
de los beneficios de una relación directa y sin cortapisas,
que Balladares y Dorita de Reyna. Nunca la dirige a través
de persona interpuesta, ni siquiera de su poderoso ministro de la
Presidencia, quien teóricamente era su jefe. Y a pesar del
liderazgo autoritario, el mandatario supo reconocer majestad al
cargo, cuando invita a la periodista a presenciar los Gabinetes.
Dorita aprende a conocerlo, mientras goza de un acceso al presidente,
que la afirma en la silla.
Algunos concluyen del excelente papel coordinador de Carlos Somoza
García en la oficina, que la silla de director sobra. Mas
ninguna Presidencia moderna puede prescindir del vital manejo estratégico
de información.
El camino de ubicar al director exacto es estrecho. Por un lado,
dilatar otra vez la vacancia, no comunicaría la merecida
relevancia del cargo. Pero apresurarse e improvisar uno, ocasionaría
que la silla pronto lo humille.
Tres, en solo dos años de gobierno, indica problema serio.
Un cargo que debería ser puestazo, pero que asesina
sistemáticamente el entusiasmo de los ponentes, clama por
revisión. O las expectativas de acceso directo a la voluntad
de la presidenta -o siquiera a su presencia- son exageradas, o está
diseñado para el fracaso, o los jefes no entregan los recursos
para el éxito. Y las tres posibilidades señalan fallas
organizativas que conducen a que la silla del primer comunicador
del Estado continúe tumbando a quien ose desafiarla.
El autor es investigador de mercado
Se
busca presidente para un jefe de prensa
El que un vocero o jefe de prensa
sea poco o muy duradero, depende de factores vinculados a quien
habría de ser su jefe o jefa
Danilo M. Toro Lozano
Me han solicitado mi parecer sobre las razones por las cuales los
jefes de prensa o voceros duran muy poco en nuestra Presidencia
de la República. Así, a continuación presento
una aproximación de razones. En primer lugar, debe entenderse
que ser vocero de alguien, y nada menos que de un presidente, es
una tarea nada fácil, aquí y en todas partes del mundo.
Se debe encontrar en un buen jefe o vocero de prensa talentos como
la prudencia, la ecuanimidad, el acervo intelectual, la astucia
y, a veces, la habilidad de navegar con bandera de ingenuo.
Pero además de lo difícil que es conjugar esas virtudes,
desde otro punto de vista y sobre todo desde la perspectiva local,
el que un vocero o jefe de prensa sea poco o muy duradero también
depende de factores vinculados a quien habría de ser su jefe
o jefa.
Se pueden distinguir entonces cuatro razones que, en alguna medida,
explican la efímera vida de los jefes o voceros de prensa
en la Presidencia de la República de Panamá.
1. Generalmente en un país pequeño como Panamá,
se establecen y cultivan vínculos directos con las fuentes
de poder. Los propios profesionales de los medios de información
tratan de establecer esos vínculos para obtener reconocimiento,
prestigio o validación en torno a su desempeño y las
informaciones que ofrecen. No aceptan fácilmente la mediación,
y muchas veces se contraponen y objetan el papel de mediación
que hace un jefe de prensa, o vocero presidencial, en el proceso
de información política con relación a la fuente
de poder.
2. Con frecuencia hay políticos que no entienden el papel
de la Vocería de Prensa y de la dirección de la dinámica
de comunicación desde el cargo de la Presidencia. Por desgracia,
malos hábitos han tendido, en no pocas ocasiones, a arraigar
el simplismo de que la comunicación responde a un mero ejercicio
de contratación y pago por servicios que respondan al interés
de las fuentes del poder.
3 El deseo que puede tener un político de mucho poder, como
es el caso del presidente o presidenta de la República, de
administrar por sí mismo su relación con los medios
de información, relación que incrementa el poder,
tiene efectos inmediatos sobre el ego de la figura política,
y produce también efectos inmediatos sobre muchas personas.
4. Como quiera que el cargo de vocería o jefatura es un
puesto de mediación y de alguna manera funciona como un semáforo
en las relaciones de poder, en torno a éste se desarrolla
una gama de conspiraciones, ambiciones y pugnas que producen una
permanente atmósfera de inestabilidad, intolerable para aquellos
que quieren desempeñar un trabajo de manera planificada,
con criterio profesional y con el mínimo de intriga posible.
Así pues, no siempre los presidentes buscan un jefe o vocero
de prensa. A veces, los profesionales de la comunicación
social buscan un presidente.
El autor es analista político
Frases de la semana
América
no tendrá paz hasta que los ejércitos infieles se
marchen...
Osma bin Laden, en
video transmitido después de los ataques a Afganistán.
La civilización occidental es superior
al islam...
Reacción del primer ministro italiano, Silvio
Berlusconi, frente a los ataques terroristas del 11 de septiembre.
Lo que ellos opinan
Mayín
Correa
Periodista y ex alcaldesa
El problema es que no hay un solo mando y la información
se diluye. Esto dificulta la labor del vocero presidencial y hace
que se convierta en persona poco profesional y sin libertad de acción.
El vocero debe tener una Dirección a quien responder y no
varios jefes.
Fernán
Molinos
Ex director general de Comunicación del Estado
Para todo comunicador es un privilegio servir al
país y mucho más en una posición tan importante.
No obstante, resulta muy difícil cumplir esas funciones mientras
no se mantenga una comunicación directa y fluida con la jefatura
del Estado.
Foro ciudadano
Cero y van tres los voceros presidenciales en dos años de
mandato. ¿Cuáles serán los intrincados y por
lo visto insalvables laberintos de poder a los que se han enfrentado
en Palacio tres destacados profesionales panameños? ¿Ud.
qué opina?

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