Pueblos olvidados
Quinientos nueve años
después de la conquista de los españoles en América, los indígenas
panameños aún son avasallados, pero ahora es por la indiferencia
gubernamental.
Abdiel Zárate
azarate@prensa.com
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| En la comarcas indígenas la pobreza resalta. |
Pasan siglos, décadas y años, y la situación
es la misma para los indígenas de Panamá: los gobiernos no le dan
la debida atención y la pobreza aún se enseñorea en cada rincón
de sus comunidades.
De esta situación ningún indígena escapa.
Los kuna, los ngöbe-buglé y los emberá-wounan tienen que hacerle
frente a ese abandono y tratar de sobrevivir y superarse por sus
propios medios.
La tierra donde les ha tocado vivir y por
la que han luchado es nada motivadora: la lejanía de sus pueblos
y las malas carreteras es un impedimento para tener acceso a mejores
escuelas. No tienen trabajo en su gran mayoría. No hay buenos hospitales,
en resumen, cada día son más pobres, a pesar de la riqueza de flora,
de fauna y de minería que les rodea.
El pasado 9 de octubre, en el auditorio Ricaurte
Soler de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá,
se hizo un foro sobre la situación socioeconómica y cultural de
los pueblos indígenas de Panamá, el cual forma parte de la jornada
de reflexión, en ocasión de los 509 años de la conquista de los
españoles en tierras americanas.
Contradicciones
José Mendoza, en representación de la dirección
de política indigenista del Ministerio de Gobierno y Justicia, dijo
que el tema indígena hoy día es tratado desde el punto de vista
cualitativo con un contenido profundo de acercamiento entre los
pueblos indígenas y las estructuras públicas del Estado.
Esto, según Mendoza, ha provocado que desde
el punto de vista comparativo se cuente con herramientas de análisis
muy importantes para los estudiosos, los estudiantes y los investigadores,
lo cual constituye una valiosa herramienta de trabajo para beneficio
de los pueblos indígenas.
El Censo del 2000 hace un aporte significativo,
porque rescata la presencia de un pueblo indígena. En Panamá no
se sabía si los indígenas bri bri eran de Panamá o Costa Rica y
“nos encontramos que es un pueblo limítrofe, cuya presencia está
en ambos países”, explicó Mendoza.
Mendoza indicó que en Panamá hay contradicciones
del Estado con respecto a la política indigenista por la siguiente
razón: ha habido avance en las relaciones; en las comunidades hay
un régimen político bien definido, y que este país, en comparación
a otros, ha llevado más desarrollo a estos pueblos indígenas, al
punto de que se toma las comarcas como modelo.
Sin embargo si se ve la situación socioeconómica
de estos pueblos, se llega a la conclusión, de acuerdo con Mendoza,
que lo único que se ha dado son pasos.
“Dentro de la comarca indígena se resalta
la pobreza. Son indicadores que señalan que nuestras poblaciones
son parte de un sector de la población nacional. Más de un millón
de panameños viven sin los servicios básicos: salud, educación y
medios de comunicación a los cuales tiene derecho”, explicó Mendoza.
De este millón de panameños que viven en
pobreza, el 19% corresponde a los pueblos indígenas, y dentro de
las poblaciones, el 86% vive en estado de exclusión de los servicios
fundamentales, es decir, pobreza extrema.
De todos los pobres que hay en el país, el
indígena, dijo Mendoza, es el que menos tiene acceso a agua potable.
Mendoza explicó que de acuerdo a estos datos
, el régimen político que hay en el país no se refleja adecuadamente
dentro de las comarcas.
Situación de los indígenas
Toribia Venado en representación de la sección
de los pueblos indígenas del Ministerio de Salud, dio a conocer
que los indicadores de salud de estos pueblos es preocupante, porque
se da la muerte materna, mortalidad infantil, mortalidad postneonatal,
desnutrición, leishmaniasis, tuberculosis, neumonía y muerte por
diarrea, en menores de cinco años.
Kuna Yala y Colón tienen los más altos índices
de mortalidad materna. “La mortalidad materna como producto de las
complicaciones derivadas del embarazo y del parto, causan la muerte
de más de medio millón de mujeres en el mundo cada año y dejan a
muchas otras con problemas graves y permanentes de salud”, explicó
Venado.
Según el diagnóstico del Ministerio de Salud
del año 2000, el 60% de las muertes maternas de la población indígena
afecta a mujeres entre 20 y 34 años de edad.
En 1997 el mayor número de casos que llegaron
al hospital Santo Tomás procedían de Kuna Yala (23.1%). Esta comarca
ocupa el primer lugar de incidencia de muerte materna desde hace
más de una década.
El 43.6% de los casos de los partos que fueron
auditados por los médicos, no fueron atendidos por profesionales
de la salud. La hemorragia fue la principal causa de muerte materna
(38.4%).
En relación a la mortalidad materna, un estudio
realizado entre la población kuna llegó a la conclusión de que esto
se debe a la multiparidad, mala alimentación, ausencia del control
prenatal, embarazo precoz, edad avanzada y dificultades de acceso
a la atención médica.
Los ngobe-buglé atribuyen esta situación
a la falta de recursos, dificultades de acceso a los puestos de
salud, poca disponibilidad de parteras empíricas, maltrato físico-psicológico,
el abuso sexual, abandono del hogar y el exceso de trabajo en el
hogar y en el campo.
Arecio Valiente, del Centro de Asistencia
Legal Popular (CEALP), basó su intervención en el documento que
se entregó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el
6 de junio del 2001, en donde participaron todas las organizaciones
y congresos indígenas de Panamá.
Valiente destacó los problemas de tierras
de Bayano, en donde el Estado no le cumplió en su totalidad a los
indígenas con la indemnización, por la construcción de la hidroeléctrica,
y el caso Tabasará II, que ha sido suspendido porque no hubo consulta
con estas poblaciones. Ambos casos están en la Corte Interamericana
de Derechos Humanos en espera de un fallo.
Otros de los problemas que afecta a los pueblos
indígenas, según Valiente, ha sido el de las invasiones de colonos.
“Presentamos las denuncias a las autoridades competentes y no hacen
nada. No ha habido resoluciones ni a favor ni en contra”.
“Hay que revisar las políticas del Estado
hacia los pueblos indígenas y se debe crear nuevas relaciones”,
sugirió Valiente.
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