Panamá, 12 de octubre de 2001
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Los tiempos malos se acaban y los buenos también

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Estamos viviendo en un mundo nuevo a partir del 11 de setiembre. Nadie, absolutamente nadie en el mundo, tiene la vivencia de un solo precedente que le permita pronosticar lo que va a ocurrir, cuánto va a durar la crisis que ocurre, ni cómo evolucionará la salida de la crisis. En estos momentos, por más brillante que sea quien pretenda pontificar (¡ojo, mis apreciados economistas!), todo lo que digan es mera especulación. En EU, el genio Greenspan, dueño del instrumento más eficaz para incentivar crecimiento y controlar la inflación, ya va por la novena reducción de intereses y nada. En Japón, ya los intereses están en 0 y nada; por ende, ese instrumento desapareció de su arsenal económico. Queda el instrumento gubernamental de gastar; pero en Japón, llevan años haciendo esto al punto que la deuda/PIB tiene nerviosas a las calificadoras de inversión y ¡nada!. Además, ahora se ha declarado una guerra sin precedentes y sin, probablemente, la usual bonanza por gastos militares.

El problema es que Ud. y yo, y todos los demás consumidores del mundo, nos sentimos tan inseguros que no tenemos ánimo para comprar ni gastar; y por eso le hemos metido un frenazo a la rueda económica nacional y mundial. Como no compramos, no hay ventas; y sin ventas, no hay compras de más mercancía. Así, ni los almacenes, ni los fabricantes tienen utilidades (más bien tienen pérdidas) y buscan por ello reducir gastos. Como el mayor es la planilla, entonces se despide gente, aumenta el desempleo y hay entonces más inseguridad y menos compras. Así se crea la rueda negativa o círculo vicioso en que estamos y que parece no tener fin.

Entonces, no nos dejemos engañar por lo expresado por los especialistas. La realidad cruda es que el inicio —pero también la solución— de la crisis está en manos de todos nosotros los consumidores. Todo depende de nuestro ánimo: si seguimos sintiendo inseguridad, la cosa seguirá parada. El día en que todos amanezcamos cansados de estar deprimidos y decidamos volver a la vida, a volver a vivir, todo cambiará. Podremos irnos de compras e iniciaremos el giro positivo de la rueda económica.

En tiempos difíciles y complicados, tenemos la obligación de simplificar las cosas.

Lo único que me atrevo a decir con certeza es que la necesidad es la madre de la creatividad; y que cada crisis trae consigo oportunidades. El hecho de que esta crisis sea una sin precedentes nos indica que las soluciones tendrán que ser más creativas. La época no es para los que se aferran a lo negativo.

Ya hemos vivido en Panamá varias crisis sin precedentes, como aquel 9 de enero en que rompimos relaciones diplomáticas con EU; se trató sin duda de una crisis sin precedentes. Las ventas cayeron entre 50%-70%, y los economistas pronosticaron una crisis que duraría 10 años. Todos los panameños sentimos nuestra nacionalidad; fuimos en ese momento una sola nación. El 31 de diciembre de 1999 fue posible, por el sacrificio de los mártires de esa fecha. Nos unimos, fuimos creativos, y en 18 meses ya nadie pensaba en la crisis, sino en los beneficios que habíamos logrado como nación.

La invasión del 89 fue sin precedentes. Jamás habíamos visto tanta destrucción de vidas y propiedades. Nuevamente los economistas pronosticaron 10 años para salir de la crisis; muchos, literalmente, nos levantamos de entre las cenizas. Sin embargo, a los 18 meses Panamá estaba nuevamente vigorosa y plenamente democrática.

Cuando se dio la crisis del 64, habíamos recién comprado nuestro negocio (todo al crédito, por razones obvias) y las ventas cayeron 70%; no se veía la luz. Era nuestra gran oportunidad y a la vez nuestro final, porque el fracaso parecía seguro. Entró mi padre —quien era mi amigo, socio, hermano y soporte— me vio con las manos en la cabeza. “¿Qué te pasa?”, preguntó. “No veo la luz; esto no tiene salida, fracasaré”. Con su acostumbrada seguridad me dijo, “te voy a decir algo que debes recordar toda tu vida si quieres ser empresario....los tiempos malos siempre se acaban y los buenos también”.

Cuando la cosa está dura y no se ve la luz, no dejes nunca de buscarla con trabajo creativo, porque la luz está allí. Siempre la encuentran los que la buscan sin perder tiempo en lamentaciones con las que no se resuelve nada.

Igualmente, cuando las cosas están muy bien, la tentación es pensar que siempre estarán bien. Hay que usar los buenos tiempos para prepararse para los malos, porque estos de seguro llegarán.

Magnífico consejo el de mi padre para los tiempos actuales. ¡A trabajar con creatividad y vigor, buscando la oportunidad, buscando la luz, que por allí está! Cuando todos comencemos a pensar así, se iniciará el ciclo positivo y saldremos de la crisis mucho antes de lo estimado hoy por los especialistas. ¡Adelante la pica y la pala!

El autor es presidente de la Fundación Libertad Ciudadana


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