Panamá, 12 de octubre de 2001
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¿Tercera Guerra Mundial?

La rendición de los terroristas es una expectativa poco razonable y la derrota de “todo grupo terrorista de alcance global”, es un objetivo ambicioso

R.W. Apple Jr.

No realmente. La Primera Guerra Mundial fue esencialmente una lucha para Europa Occidental, librada principalmente por formaciones de infantería, en Francia y el norte de Italia y en Gallipoli en los Dardanelos. La Segunda Guerra Mundial cubrió a todo el mundo, involucrando a enormes flotas de barcos y flotillas de aviones de guerra, con incursiones aerotransportadas y batallas de tanques y desembarcos anfibios en o cerca de cuatro continentes. La campaña del presidente George W. Bush contra el terrorismo no será nada como eso.

El secretario estadounidense de Defensa, Donald H. Rumsfeld, estuvo ocupado toda la semana tratando de desvanecer esas imágenes de la mente del pueblo de Estados Unidos. “No va a haber nada como el Día D”, dijo. La respuesta estadounidense se desarrollaría en una forma “mesurada”, dijo el jueves. Esta guerra será más ambigua, más imprecisa. En al menos un aspecto, se asemejará a la Guerra entre Francia e India del siglo XVIII, librada en zonas áridas por pequeñas fuerzas móviles. Será más como la guerra contra las drogas o la guerra contra la pobreza o la actual guerra contra el crimen, en que es improbable que sea ganada de manera decisiva. La rendición incondicional por parte de los terroristas es una expectativa poco razonable, y la derrota de “todo grupo terrorista de alcance global”, como prometió Bush, es un objetivo enormemente ambicioso. De hecho va a ser un nuevo tipo de guerra contra un nuevo tipo de enemigo, y Washington no sorprendentemente sigue ponderando cómo combatirla.

Los formuladores de políticas de Europa Occidental estuvieron similarmente obstaculizados por un tiempo en 1938 y 1939. Janet Flanner, la grandiosa corresponsal extranjera, escribió en ese entonces que “los impredecibles procesos mentales y acciones (de Hitler), al ser diferentes a lo que las cancillerías habían considerado durante siglos como parte del juego, han dejado a los diplomáticos en la estúpida posición de estar listos para batear pero sin pelota”. Esta vez los diplomáticos deben determinar cómo forjar nuevas alianzas (con Pakistán, la más importante, pero quizá posteriormente con Irán) y cómo mantener las antiguas (con Egipto y Arabia Saudita, por ejemplo, donde crecieron la mayoría de los supuestos terroristas).

Apaciguar a Montgomery y De Gaulle durante la Segunda Guerra Mundial no fue nada comparado con las complicaciones que bien pudieran surgir en Oriente Cercano si Bush decide perseguir a los terroristas más allá de Afganistán en otras naciones musulmanas, como ha estado aconsejando al menos alguno de sus colaboradores.

La Segunda Guerra Mundial finalmente sacó a Estados Unidos de la Depresión. Pero esta vez hay una gran posibilidad de que a corto plazo, al menos, el país se encamine en la dirección contraria, hacia una recesión. Algunos contratistas de defensa florecerán haciendo helicópteros, Kevlar y municiones, pero la industria estadounidense no se reorganizará para producir miles de aviones, barcos y tanques nuevos. No será necesario; no se pedirá a las mujeres que operen las remachadoras. Ni un reclutamiento alcanzará las filas de los civiles para enviar a cientos de miles a la guerra. La guerra será librada principalmente por profesionales, lo cual quiere decir voluntarios, aunque como en la Guerra del Golfo, sus filas estarán llenas de reservistas calificados y miembros de la Guardia Nacional.

El pueblo, sugiere todo tipo de evidencia, apoya totalmente a Bush y su promesa de responder a lo terroristas. Pero hasta ahora al menos, no está claro para la mayoría de la gente qué puede hacer para ayudar. Para enero de 1942, cuando yo tenía siete años, recolectaba latas y papel de desecho. Mi padre, clasificado 4-F en el reclutamiento, estaba dirigiendo el consejo de racionamiento local y patrullaba nuestro vecindario en las noches con un impresionante brazal “CD” (siglas en inglés de Defensa Civil) en la manga. Mi madre estaba aprendiendo a salir adelante sin mantequilla y azúcar y carne algunos días. Ninguno de nosotros pensaba que estuviera desempeñando un gran papel, por supuesto; el punto era que estabamos desempeñando nuestras pequeñas tareas, lo cual nos unía al esfuerzo de guerra. No es lo mismo que pasar 30 minutos más en las líneas de seguridad de los aeropuertos.

Podíamos ver el progreso en los mapas donde movíamos las marcas cada noche. Pero esta vez, el premio no será territorio o capitales de enemigos, y será difícil decir quién está ganando. Podríamos enterarnos de un asesinato aquí, un ataque terrorista allá, una operación de fuerzas especiales que tenga éxito, una misión de bombardeo.

Aquellos con buena memoria recordarán los relatos gubernamentales notoriamente poco confiables de progreso en Vietnam y dudarán. Ahí se dijo que el recuento de cuerpos o el número de caseríos pacificados tenían la respuesta, pero no fue así. ¿Cuál será la nueva medida? ¿Cuentas bancarias canceladas? ¿Células terroristas destruidas? Hay otros paralelos potencialmente inquietantes con Vietnam. Ahí, también, a menudo era casi imposible decir cuál hombre pequeño que usaba un sombrero extendido era un campesino y cuál un Viet Cong. Ahí, también, los formuladores de políticas estadounidenses trabajaron bajo el inconveniente de conocimiento inadecuado del contexto histórico, cultural y lingüístico. Ahí, también, el primer instinto de Washington cuando las cosas salieron mal, fue tomar armas mejor adaptadas para otro tipo de conflicto, como los gigantescos bombarderos B-52; tras volar desde Guam a las selvas vietnamitas con poco efecto, ahora podrían ser usados, como dijo un veterano de varios gobiernos estadounidenses, para “reacomodar piedras en Afganistán”. Más importante, ¿el pueblo estadounidense mantendrá el rumbo, o se cansarán cuando empiecen a llegar los relatos de daño colateral y víctimas civiles (por no decir nada de los soldados estadounidenses muertos, capturados o desaparecidos)?

La Segunda Guerra Mundial fue considerada como una batalla por la supervivencia nacional; en realidad, una batalla por la supervivencia de la civilización occidental. No puede decirse lo mismo todavía de la lucha actual. Una lucha por el honor nacional o la libertad ante el temor, quizá, pero no la supervivencia. Así que mantener al país unido será uno de los mayores desafíos de Bush, especialmente si no puede proporcionar evidencia dramática y creíble de éxito. Especialmente si la lucha se prolonga. Y especialmente en el improbable caso de que no haya más ataques en Estados Unidos en los próximos años, permitiendo que el 11 de septiembre de 2001 desaparezca del recuerdo. Para Lyndon B. Johnson, mantener la disposición pública acerca de una guerra difícil resultó imposible. Jack Valenti, uno de sus colaboradores, recordó recientemente que había citado un fragmento de Tocqueville mientras trabajaba con el presidente en un gran discurso. La frase era: “La gente se cansa de una confusión cuyo fin no está a la vista”. Johnson hundió la cabeza en sus manos y dijo: “Eso es muy cierto”. Pudiera ser cierto de nuevo, desafortunadamente.

The New York Times


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