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El
ántrax posee un escudo protector y una toxina letal
Por Juan Ramón Romero
Washington, 11 (EFE) El bacilo del
ántrax ha desarrollado a través del tiempo un escudo
protector contra las defensas del cuerpo humano y una toxina tan
potente que puede producir el colapso de todos los sistemas.
Los tres casos aparecidos hasta ahora en Florida y el temor a que
pueda ser utilizado por los terroristas como un arma bacteriológica,
han dado especial relevancia a este bacilo, uno de los más
conocidos y a la vez más enigmáticos.
El Antiguo Testamento ya recogía
referencias, en el éxodo de Moisés, sobre la enfermedad
que produce, el carbunco o carbunclo, al que se atribuye una de
las Plagas de Egipto. El bacteriólogo alemán Robert
Koch aisló en 1877 el microorganismo y demostró su
habilidad para formar esporas.
Kenneth Todar, un bacteriólogo de la Universidad de Wisconsin,
en Madison, afirma que el "bacillus anthracis" posee dos
características que determinan su virulencia, la cápsula
protectora que lo envuelve y la toxina que desarrolla, denominado
"toxina del ántrax".
La cápsula, que no es tóxica en sí misma, protege
a esta bacteria con forma de bastón (bacilo) contra los componentes
del sistema inmunológico animal y también humano,
principalmente contra los fagocitos.
Según Todar, la cápsula juega un papel fundamental en las primeras
fases de la infección, mientras que es la toxina la que desempeña
el papel clave en las fases terminales de la enfermedad.
Glenn Sorger, un especialista en bacteriología de la Universidad
de Arizona, sostiene que cuando el ántrax se inhala, el bacilo puede
ser atacado por los macrófagos, las principales células limpiadoras
del sistema inmune, pero resiste este proceso y puede ser transportado
a otras zonas.
La
resistencia se la proporciona la cápsula, un envoltorio de ácido
glutámico que parece ser el responsable de la supervivencia del
bacilo en el proceso de deglución que realizan los macrófagos ante
cualquier elemento extraño en el organismo.
Según Kenneth Todar, la "toxina del ántrax", por su parte, ha conseguido
su virulencia a partir de tres factores que, combinados le otorgan
un carácter letal. El "factor edema" (EF), un antígeno protector
(PA) y el "factor letal" (LF) provocan, actuando de modo conjunto,
la acumulación de líquido en los tejidos y la necrosis que ocasiona
su destrucción.
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