Ring
Side
Todo en su justa medida
El campeón supermosca de la OMB, Pedro
Alcázar, realizó con éxito su primera defensa.
Sin embargo, una vez más mostró que aún le
falta crecer boxísticamente. Jorge Otero, el retador, se
vio más peligroso de lo que realmente era y todo porque el
monarca no supo imponer su ritmo desde el inicio.
Hay una cosa cierta y es que Alcázar no es un dechado de
virtudes técnicas, y si bien es cierto es el campeón
mundial, el cinturón que se ganó no vino con aditamentos
mágicos.
La idea de traer al ex campeón mundial Eusebio Pedroza fue
acertada, pero su estadía en el equipo de trabajo debió
ser por mayor tiempo, con el fin de cerciorarse de que los conocimientos
que pudiera brindar fueran asimilados por su pupilo con verdadero
éxito.
Ahora, para que esto vuelva a repetirse tendrán que darse
varias condiciones. Durante los entrenamientos del campeón,
se dieron algunas cosas que no ayudaron para nada en su preparación
y concentración. Una de ellas fue la tensión que se
vivió desde el mismo momento en que Pedroza llegó
al campamento de trabajo. Micky Lasso, entrenador principal del
titular, siempre lo vio como un rival, un peligro para su puesto,
y no como la persona que vendría a coadyuvar para alcanzar
el triunfo.
No sé si Rogelio Espiño, apoderado de Alcázar,
lo llegó a saber o a percibir, pero esto afectó el
estado anímico del boxeador. Esto, aunado al hecho de que
el día de la pelea Pedroza debió estar en su esquina.
Alcázar hasta ahora no las ha tenido fácil. Primero
fue Adonis Rivas y ahora Jorge Otero, ambos con limitados recursos
técnicos, que se vieron más duros de lo que realmente
eran. Para muchas personas, todo esto se dio porque el propio Alcázar
lo permitió.
¿El monarca es un fajador? No lo creo, ni siquiera pega,
pero ante el pobre desempeño técnico que tuvo, fue
su mejor arma. En mi opinión, si Alcázar no se faja,
hubiera podido perder. Y no es que Otero, repito, haya sido la gran
cosa, sino que le tenía la medida puesta a su adversario.
Una de las cosas que más me llamó la atención
de casi todos los boxeadores panameños que vieron acción
la noche del viernes, fue que muy poco utilizaron el jab,
y casi nunca los vi meter un upper. Pero, ¡cómo
sobraron los codos y cabezazos, además de los golpes bajos!
Es decir que, contrario a lo que otros periodistas han opinado,
la característica escuela panameña de boxeo se quedó
esa noche en el camerino. Si no que lo digan Alcázar, Callist,
Caballero y Arango.
Es por ello que será importante que Rogelio Espiño
se siente a meditar muy bien qué harán de aquí
en adelante, porque en opinión de la mayoría de los
que estuvimos presentes en el gimnasio Roberto Durán, o Alcázar
cambia de raíz la forma como afrontará los próximos
compromisos, o en una de esas defensas se quedará sin hacha,
calabaza y miel.
No es broma. Por segunda ocasión consecutiva, el pensamiento
general era que en otro lugar las ventajas que se dieron en las
tarjetas de los jueces hubiesen sido mucho menores.
Pedro Alcázar no es un modelo de virtudes, pero es joven
y capaz, por lo que puede aprender muchísimo de este negocio.
Aún está a tiempo.
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