Panamá, 9 de octubre de 2001
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Ring Side

Todo en su justa medida

Nicolás Espinosa s.
nespinos@prensa.com

El campeón supermosca de la OMB, Pedro Alcázar, realizó con éxito su primera defensa. Sin embargo, una vez más mostró que aún le falta crecer boxísticamente. Jorge Otero, el retador, se vio más peligroso de lo que realmente era y todo porque el monarca no supo imponer su ritmo desde el inicio.

Hay una cosa cierta y es que Alcázar no es un dechado de virtudes técnicas, y si bien es cierto es el campeón mundial, el cinturón que se ganó no vino con aditamentos mágicos.

La idea de traer al ex campeón mundial Eusebio Pedroza fue acertada, pero su estadía en el equipo de trabajo debió ser por mayor tiempo, con el fin de cerciorarse de que los conocimientos que pudiera brindar fueran asimilados por su pupilo con verdadero éxito.

Ahora, para que esto vuelva a repetirse tendrán que darse varias condiciones. Durante los entrenamientos del campeón, se dieron algunas cosas que no ayudaron para nada en su preparación y concentración. Una de ellas fue la tensión que se vivió desde el mismo momento en que Pedroza llegó al campamento de trabajo. Micky Lasso, entrenador principal del titular, siempre lo vio como un rival, un peligro para su puesto, y no como la persona que vendría a coadyuvar para alcanzar el triunfo.

No sé si Rogelio Espiño, apoderado de Alcázar, lo llegó a saber o a percibir, pero esto afectó el estado anímico del boxeador. Esto, aunado al hecho de que el día de la pelea Pedroza debió estar en su esquina.

Alcázar hasta ahora no las ha tenido fácil. Primero fue Adonis Rivas y ahora Jorge Otero, ambos con limitados recursos técnicos, que se vieron más duros de lo que realmente eran. Para muchas personas, todo esto se dio porque el propio Alcázar lo permitió.

¿El monarca es un fajador? No lo creo, ni siquiera pega, pero ante el pobre desempeño técnico que tuvo, fue su mejor arma. En mi opinión, si Alcázar no se faja, hubiera podido perder. Y no es que Otero, repito, haya sido la gran cosa, sino que le tenía la medida puesta a su adversario.

Una de las cosas que más me llamó la atención de casi todos los boxeadores panameños que vieron acción la noche del viernes, fue que muy poco utilizaron el “jab”, y casi nunca los vi meter un “upper”. Pero, ¡cómo sobraron los codos y cabezazos, además de los golpes bajos!

Es decir que, contrario a lo que otros periodistas han opinado, la característica escuela panameña de boxeo se quedó esa noche en el camerino. Si no que lo digan Alcázar, Callist, Caballero y Arango.

Es por ello que será importante que Rogelio Espiño se siente a meditar muy bien qué harán de aquí en adelante, porque en opinión de la mayoría de los que estuvimos presentes en el gimnasio Roberto Durán, o Alcázar cambia de raíz la forma como afrontará los próximos compromisos, o en una de esas defensas se quedará sin hacha, calabaza y miel.

No es broma. Por segunda ocasión consecutiva, el pensamiento general era que en otro lugar las ventajas que se dieron en las tarjetas de los jueces hubiesen sido mucho menores.

Pedro Alcázar no es un modelo de virtudes, pero es joven y capaz, por lo que puede aprender muchísimo de este negocio. Aún está a tiempo.

 




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