De lo demagogo a lo inhumano
Julio E. Linares Franco
La tragedia ocurrida el pasado 11 de septiembre en Estados Unidos, toca a nuestras puertas. Nadie, aunque viva en el lugar más recóndito del planeta, puede sentirse ajeno a este acontecimiento que ha hecho temblar de espanto al corazón más valiente y noble. Aún así, incluso en nuestro propio país, hay quienes no pierden el tiempo en sermonear sobre la vulnerabilidad de la primera potencia del mundo, su equivocada política internacional en torno al Medio Oriente, o su actitud imperialista hacia los países más pequeños para, sino justificar, por lo menos tratar de hacer comprender de una manera demagoga y subjetiva, un hecho a todas luces reprochable y condenable por el mundo civilizado, y que no se justifica bajo ninguna circunstancia.
Leí recientemente un artículo de opinión en este mismo espacio, en el cual un connotado ciudadano señala lo siguiente: “El 11 de septiembre que acaba de pasar, Estados Unidos sufrió un ataque brutal a sus principales símbolos de poder: la hegemonía económica de Wall Street, emblematizada por las torres gemelas del World Trade Center, y el poder militar del Pentágono”. Con todo respeto a este asiduo columnista, el ataque brutal a que hace alusión lo sufrió el mundo entero emblematizado en más de 5,000 personas de más de 60 países (incluyendo Panamá) que perecieron en las Torres Gemelas; en más de 260 hombres, mujeres y niños inocentes que estaban en los cuatro aviones comerciales utilizados como misiles humanos, y en las más de 100 personas que perecieron en el Pentágono, muchos de los cuales no eran militares. Más adelante insiste el articulista: ¿a quién se le hubiera ocurrido que unos fanáticos se inmolarían a punta de cuchillo contra los iconos más representativos del poder de Estados Unidos? Nuevamente con el respeto ahora de los amables lectores, estos fanáticos se inmolaron a punta de cuchillo, pero en contra de más de 6,000 víctimas inocentes por un conflicto ajeno.
El articulista incluso trata de buscar una afinidad o paralelismo (sin lograrlo) entre lo que sucedió el 20 de diciembre de 1989 en Panamá, y lo que acaba de suceder. Se refiere a la invasión a Panamá como “innecesaria, provocadora e imperialista”. Pero es que independientemente que esto sea cierto o falso, nada tiene que ver con lo sucedido el 11 de septiembre. Son dos situaciones totalmente diferentes, y la una no justifica a la otra. ¿Que algunos panameños sabían que la invasión de 1989 iba a ocurrir? Por lo menos hubo algunos en ese entonces en el exilio, y con altos contactos en el Departamento de Estado, que por lo menos la auparon. ¿Que es lamentable que las Fuerzas de Defensa de Panamá no tomaron en cuenta indicios sobrados que no dejaban dudas de que la invasión ocurriría? Definitivamente que sí, al no permitir esas mismas Fuerzas de Defensa a nuestro país vivir en democracia, justicia y libertad, como ahora, y aún con las imperfecciones que existen, y peor aún, al declararle la guerra a Estados Unidos. Pero nada de esto tiene algo que ver con el acto terrorista más grande perpetrado contra la humanidad el pasado 11 de septiembre.
No podemos bajo ninguna circunstancia, mezclar resentimientos y frustraciones políticas e ideológicas, con el dolor de víctimas inocentes. Pretender por ejemplo, igualar la acción de Manuel Antonio Noriega al salir huyendo durante la invasión, con la actuación de George W. Bush quien, de acuerdo con el escribano, “pasó algunas horas, suficientemente preocupantes, escondiéndose en territorio estadounidense” o bien, decir que el nacionalismo estadounidense es “casi tan histérico” como el fundamentalismo de estos terroristas, creo que no merece mayores comentarios. Ojalá entonces no nos toque el día de mañana, tener dirigentes o servidores públicos con esta mentalidad. Sino, que Dios nos agarre confesados.
El autor es abogado
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