Panamá, 9 de octubre de 2001
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La reactivación económica es posible

En momentos como los que vivimos, lo peor que puede hacer el Gobierno es restringir el gasto de inversión

Raúl Moreira Rivera

Panamá ha experimentado últimamente una preocupante desaceleración en su actividad económica. Aunque se ha dicho que esto no es más que el reflejo del comportamiento de la economía en el mundo, estamos seguros de que la desaceleración económica de Panamá se puede disminuir y revertir hacia un proceso de crecimiento que debiera traducirse en desarrollo social para beneficio de nuestra población.

En primer lugar, es necesario que el sector privado comprenda el alto nivel de responsabilidad que le corresponde en el desarrollo económico y social del país. Y, si bien el futuro es incierto, aún es posible identificar oportunidades de inversión en áreas específicas de la economía nacional que no solo pueden rendir utilidades, sino que se pueden constituir en el necesario motor de arranque que tanto necesita la economía nacional.

En segundo lugar, el Gobierno debe comprender que en momentos como el que vivimos, lo peor que puede hacer es restringir el gasto, principalmente en el área de inversión, ya que esto sería como meter una zancadilla a una economía que va en franco descenso. Si esta inversión significa aumento de la deuda tanto interna como externa, este es precisamente el momento en que se podría justificar este incremento.

A pesar de que los aspectos anteriormente mencionados se consideran fundamentales para el crecimiento económico nacional, existe un tercer elemento para que el tan necesitado crecimiento, se dé. Se trata de la necesidad de contar con reglas de juego claramente definidas para estimular el desarrollo y la inversión. Es necesario que el gobierno no solo tome decisiones, sino que una vez tomadas, sean mantenidas.

Tan pronto el actual gobierno tomó posesión, anunció como una de sus prioridades la reforma a la Ley del Fondo Fiduciario. Después de más de un año tratando de lograr su objetivo, al final se mantuvo el concepto fundamental de la ley anterior, obteniendo solamente algunas concesiones políticas por parte de la oposición. Con ello, se afectó no solo el grado de inversión, sino también las posibilidades de inversión.

El problema básico en torno a este tema, es que cuando se pensó que finalmente se había resuelto, el Gobierno nacional volvió a intentar una nueva reforma a pesar de encontrarse en minoría en la Asamblea.

Otro ejemplo parecido y que tiene aún peores consecuencias sobre la posibilidad de atraer inversionistas hacia nuestro país, consiste en la intención de reformar el sistema tributario. La propuesta inició un largo período de discusión (en el que nadie invierte) con los sectores más representativos de la economía nacional; y cuando todos pensábamos que el Gobierno había entendido lo inoportuno de la medida al retirar la propuesta, resulta que vuelve a plantear el asunto. Con esto, el Gobierno nacional provoca nuevamente la incertidumbre que tanto afecta la inversión, ya sea nacional o extranjera.

Lo cierto es que no nos podemos pasar echándole la culpa a otros de nuestros problemas económicos. Si no nos percatamos de que la reactivación económica es posible, y que lo fundamental es que el gobierno decida de una vez por todas cuáles son las reglas del juego y que luego las mantenga, entonces los sectores más necesitados de la economía panameña verán empeorar inexorablemente sus condiciones de miseria y pobreza, imposibilitándoles la satisfacción de las necesidades mínimas de su entorno familiar ante la falta de un empleo digno y decoroso.

El autor es economista

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