¡Despierten!
Marco Julio De Obaldía
Siento que últimamente está envolviendo a la República una espesa niebla, quizás similar a aquella existente en los momentos en que hacía sus fechorías Jack “el destripador”. Por cierto que, sin ser tan macabras como las de Jack, no nos han faltado las fechorías.
Por ser esta sensación tan “real”, supongo que en muchas esferas y en todos los estratos de la sociedad hay ciudadanos (as) cuyo estado de ánimo no difiere demasiado del mío. Así, algunos coincidimos en pensar que es absolutamente necesario ponerle coto a esta situación rápidamente.
A pesar de la cortísima memoria que caracteriza a la sociedad panameña, creo que es imposible que, colectivamente, hayamos olvidado todas las vicisitudes que vivimos durante 21 años de dictadura; en ese entonces y con cada nueva alborada, sentíamos hundirnos más y más como si habitáramos una tortuosa caverna de aguas ponzoñosas.
Hoy sabemos, como ayer y anteayer, que en un futuro más bien próximo se repetirá la recurrente batalla en la que deberán enfrentarse en las urnas el grupo que se holgaba de la dictadura, contra aquellos que la sufrimos durante más de cuatro lustros.
Han transcurrido dos años desde el inicio de la presente administración gubernamental; esto representa el 40% de la gestión y, si bien ha habido aciertos, también ha habido desaciertos que conviene admitir, aunque debe quedar claro que los dos años representan un parámetro estadístico. Las obras perdurables: el Instituto Nacional, el Hospital Santo Tomás, la Escuela Normal de Santiago, además de ser bien gestadas, requieren siempre más tiempo; veremos cuáles y cuántas resisten ese escrutinio.
Si bien las dos terceras partes del electorado (¿aún se mantendrá esa relación?) no desea el triunfo del grupo amamantado en los cuarteles, no es menos cierto que quienes representan esos dos tercios que rechazan toda forma de dictadura son, por su naturaleza intrínseca, amantes de la libertad. Por ello, difícilmente aceptarán como única justificación -que en mi caso, viejo como soy, sí considero suficiente- que hay que votar contra el PRD sin mayores justificaciones, pues con su ignominioso pasado se tienen más que suficientes razones.
Es preciso, por tanto, que los dirigentes hagan un alto en el camino —cosa que, por otra parte, no provocará una desaceleración abrupta por razones conocidas— y procuren ajustar el rumbo, pues en mayo del 2004 se debe suministrar una verdadera y razonada justificación para estimular el voto. De lo contrario, se repetirá la historia vivida en 1994.
Un juicio razonado sobre cualquier actitud humana, necesita tomar como parámetro inicial el análisis de las circunstancias bajo las cuales tal actitud ha sido asumida. A diferencia de lo ocurrido con la administración anterior, que cogió “los mangos bajitos”, a la presente no solamente le tocó una magra cosecha, sino que los frutos, caprichosamente, se han alojado en el “cogollito”.
Por si eso fuera poco, la presente administración ha recibido los latigazos de los corredores y las privatizaciones (¿cuánto le cuestan a usted tales “avances”?). Además de ello, a la situación internacional de la cual tanto se ha hablado, se añade el cierre (¡mejor!) de las bases y, en mi opinión y sin prueba alguna, intuyo que ahora es mucho más difícil lavar dinero (¡gracias a Dios!) y esto ha sido otro golpe a nuestro “clima propicio a las inversiones”. A esto debemos añadir que los otros dos poderes han hecho del Ejecutivo la parte central de un “emparedado muy prensado”.
Quien vaya a juzgar las ejecutorias de la actual administración debería tomar en consideración estas y otras razones. No interprete por ello que yo sugiero que se deben soslayar “niñerías” tales como presentar las “cuentas del Gran Capitán” en pleno siglo XXI o el novel deporte de practicar tiro al blanco con aparatos aéreos cual si de aves se tratase.
Similarmente considero, que si un ciudadano común, quien escribe por ejemplo, está en su derecho al no querer dar explicaciones, lo propio no ocurre con los funcionarios públicos con mando y jurisdicción ya que, de no hacerlo, según la escala jerárquica, pasan “el cubo” al superior. Y al final de la escala, los cubos o se acumulan o se rebosan, creando un panorama no muy edificante; cada cual debe asumir íntegramente su responsabilidad, pública, abiertamente y sin cortapisas, ofrecer razones al soberano por sus acciones y no dejar que el superior jerárquico lave la vajilla.
Debo concluir indicando que en mi opinión, si el PRD gana las elecciones el 2004, el Partido Arnulfista, como lo conocemos, desaparecerá; subsistirá, sí, como otros varios que flotará en la inmensidad de nuestro océano político y tendremos PRD para rato. Ningún otro grupo político debe pretender festinar con la desdicha del arnulfismo, ya que seguiría la misma suerte de aquel que, en 1989, trató de hacerlo. Por tanto, pese a mí mismo, he sentido el impulso de escribir estas líneas y concluirlas con el título que para esta ocasión he escogido: ¡despierten!
El autor es ingeniero y profesor jubilado
Además en opinión
• Familiaridad: María
del Carmen Cabello
•¡Despierten!: Marco Julio De
Obaldía
• Mi esperanza y
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• La reactivación
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•
De lo demagogo a lo inhumano: Julio E. Linares Franco
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