Panamá, 8 de octubre de 2001
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Entre el espacio y la Tierra

Para el astronauta Daniel Brandenstein, quien visitó Panamá este fin de semana, lo más interesante y único del espacio es la vista de la Tierra y la cero gravedad

Abdiel Zárate
azarate@prensa.com

Daniel Brandenstein ha estado casi 33 días en el espacio.

Entre el espacio y la Tierra hay un mundo que Daniel Brandenstein ha apreciado y explorado, lo cual le ha servido hoy día para contar sus experiencias.

Panamá tuvo la oportunidad de escuchar de su vida como astronauta y oír de su propia voz sus anécdotas más importantes durante su pasada carrera espacial.

Su visita a suelo patrio surgió por una invitación que le hizo la agrupación Cristo Para Todas Las Naciones. El dinero solicitado como donación por las conferencias que dictó fue destinado a una organización sin fines de lucro llamada “Proyecto Joel”, que significa jóvenes con espíritu libre.

En reconocimiento a su trayectoria, el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso lo distinguió, el pasado 5 de octubre en el edificio de la Cancillería, con la Orden Manuel Amador Guerrero en el grado de Comendador.

Sus vivencias

Cuando se encienden los motores de la nave espacial hay mucha vibración. Una vez que se acelera, el astronauta es empujado en el asiento, y durante la primera etapa del lanzamiento (que dura dos minutos), al utilizarse el combustible de los cohetes que luego caerán, en los siguientes seis y medio minuto del viaje reina la tranquilidad.

Cuando se llega a la órbita espacial, los cohetes y la máquina se apagan. El astronauta flota, está en cero gravedad. En esta etapa, el comandante debe cerciorarse de que todo está funcionando debidamente.

Esto lo ha vivido con frecuencia Brandenstein, quien nunca tuvo problemas en el despegue de una nave, pero en la órbita sí tuvo fallas en el sistema computarizado y en el aparato para captar un satélite, y en una ocasión tuvo una alarma de incendio, cuando estaba en la misión STS-32 en la nave Columbia.

Desde una perspectiva de la Tierra, este astronauta de la NASA ha visto con asombro el mundo. “La salida del sol es impresionante. Desde allá arriba se observa un conjunto de naciones que Dios creó, se siente la paz”, comenta.

Para este astronauta, quien vive en Houston y es miembro de la Iglesia Luterana Gloria Dei (la cual apoya el trabajo de Cristo Para Todas Las Naciones en Panamá), lo más relevante y único del espacio es que no hay gravedad y la impresionante vista que se tiene de la Tierra.

En la conferencia que dictó en el Instituto Rubiano, los muchachos estudiantes le hicieron varias preguntas a Brandenstein: ¿cómo se asea un astronauta?, ¿cómo duerme?, ¿cuando tiene su uniforme y se le presenta una necesidad biológica qué hace?

Con una sonrisa, el capitán contestó: “Cuesta un poco. Lamentablemente, allá no hay regaderas, por lo que usamos trapos mojados y se usa poca pasta dental porque luego hay que tragársela. El astronauta tiene que dormir dentro de unos forros, los cuales son amarrados; otros prefieren dormir flotando. Con respecto a las necesidades biológicas, debo decirles que nuestro uniforme pesa 600 libras, pero en la gravedad eso no pesa, uno no se lo quita, simplemente se usan pañales desechables de adultos”.

Ultimos descubrimientos

“El mayor logro de la NASA en la última década es la construcción de la estación espacial, que está ubicada a 250 millas en la órbita de la Tierra”, considera Brandenstein, mientras explica que lo singular de este proyecto es su carácter internacional, por lo que varios países participan en la construcción. Cuando sea terminada será más grande que un campo de fútbol.

En cuanto a los últimos descubrimientos en el campo médico, Brandenstein explica que se están haciendo algunas investigaciones en pequeños cristales, un material que puede manejarse libremente en la gravedad cero.

“El telescopio Hubble, que está en el espacio, ha hecho importantes descubrimientos de estelas de estrellas y nuevas galaxias”, agrega.

Brandenstein también explica que en estos momentos no es posible llegar al planeta Marte, debido a situaciones presupuestarias y porque se requiere de un sistema de propulsión que pueda hacer un viaje tan largo en una nave tripulada por seres humanos.

“Por lo menos, en este momento no se ha podido contar ni con el dinero ni con la tecnología para hacerlo. Si se hiciese, el viaje tomaría 90 días”, dijo.

Su carrera

Brandenstein empezó su carrera en las alturas como aviador, cuando recién terminaba su licenciatura en matemática y física en la Universidad de Wisconsin, en 1965.

Entró en la Marina de Estados Unidos y se graduó de la Escuela de Aviación en Texas antes de que lo asignaran a pilotear el avión A-6 Intruder.

Participó en 192 misiones de combate, y después se graduó de la Escuela Naval para Pilotos de Prueba, en donde acumuló un historial de 400 aterrizajes en buques y fue calificado como piloto en 24 tipos de aviones diferentes.

En 1979 fue seleccionado y calificado como astronauta de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA).

Brandenstein es un veterano de cuatro misiones en el espacio, ha dado la vuelta al mundo 524 veces y vivió en el espacio 789 horas (casi 33 días).

En su primera misión fue el piloto del shuttle Challenger, con el despegue y aterrizaje nocturno; fue comandante del Discovery para una misión de siete días para llevar satélites de comunicación al espacio; fue comandante del Columbia; participó de la misión más larga del shuttle (en la que se hicieron varios experimentos científicos y filmaron partes de la película Planeta Azul); y terminó sus viajes como comandante del Endeavor.

En 1992 finalizó su carrera con la NASA como jefe de la Oficina de Astronautas, y ese año se jubiló de la Marina y de la NASA.


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