¿Diálogo para qué?
Ventilemos nuestros problemas entre todos, no solamente entre los partidos políticos, a los cuales no están afiliados más de la mitad de los panameños
Guillermo Márquez Amado
Diálogo para analizar los problemas que aquejan
a la sociedad panameña, no a la presidenta ni a su partido, ni al
Partido Popular, ni al PRD, ni al MOLIRENA, ni a Solidaridad, ni
al Liberal, ni a Cambio Democrático. Diálogo para identificar qué
problemas están aquejando a la sociedad panameña; el porqué de la
contracción de nuestra economía; por qué no hay más inversiones;
por qué no nos enriquecemos materialmente pero de tal modo que llegue
también a quienes más lo necesitan.
Diálogo para encerrar los miedos a darnos
de narices con la realidad de la corrupción que está muy cerca de
la presidenta. Aquí quiero recordar que en algunas ocasiones en
que serví cargos públicos de menor nivel que el de nuestra mandataria,
también llegaron a mis oídos a veces rumores y a veces informes
anónimos sobre presuntas irregularidades y actos de corrupción.
Siempre los investigué. Solo una vez no pude comprobarlos y aún
hoy pienso que eran ciertos.
Si a la presidenta le han puesto bocinas
que se lo gritan, por algo será. Si no hace nada, también por algo
será.
No sé de ningún padre de familia responsable
a quien le digan que su hijo anda por malos pasos y que sin ninguna
preocupación pida que le traigan las pruebas. Es preferible enderezar
el rumbo antes que reventarse con un muro.
Diálogo para hacernos recíprocas y sinceras
preguntas sobre la conveniencia de que el Legislativo ejecute obras
con partidas circuitales, o de que el Ejecutivo excluya de las potestades
del Judicial la imposición de condenas a delincuentes agravando
la inseguridad del país.
Diálogo para concluir por qué la administración
de justicia no actúa con mayor prontitud y por qué tenemos la percepción,
quizás falsa, de que aplica muy benignamente unas leyes ya de por
sí permisivas, que terminan siendo una invitación a invertir en
el delito.
Diálogo para revisar nuestro sistema educativo,
que muy poco promete en cuanto a preparar a nuestros descendientes
a afrontar las tecnologías presentes, mucho menos las del futuro.
Diálogo para examinar nuestras actitudes
emocionales e inmaduras de oponernos a esto o a aquello por la procedencia
de la iniciativa y no por su contenido.
Diálogo para revisar las normas políticas
y electorales que apuntan a un bipartidismo polarizante e insano,
en que termina ocurriendo que las instituciones se conforman con
nombramientos de personas basados en criterios estrictamente políticos
y de lealtades partidarias, con frecuencia a costa de la capacidad,
el trabajo, la eficiencia, la honradez y la ecuanimidad.
Diálogo para ser mejores, para que nuestro
Panamá vuele algún día y no sea siempre el corcho flotante en aguas
de alcantarillas.
Dialoguemos, sí; ventilemos nuestros problemas
entre todos, no solamente los partidos políticos, a los cuales no
están afiliados más de la mitad de los panameños. Digámonos nuestras
verdades de cara, lo que no significa el insulto, y después dediquémonos
a hacer posible el 33% de lo que dijimos que arreglaríamos.
En 75 años estaremos entrando al siglo 22.
¿Nos atrevemos? Es necesario, no solo en función de superación de
la crisis, sino de crecer y desarrollarnos. Es imprescindible en
función del bien común.
El autor fue magistrado del Tribunal Electora
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