Panamá, 6 de octubre de 2001
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De política

Entre penas y desafíos

Para que sea realmente eficiente, el diálogo debe ser transparente e incluir diversas formas de monitoreo y rendición de cuentas de aquello que se acuerde

Raúl Leis R.

André Maurois escribiendo sobre el poder afirmó: “Empecé a vivir en el campo de los que mandan, y me fue imposible durante mucho tiempo comprender las penas de los que son mandados”. A primera vista, la posibilidad de diálogo político propuesto por el opositor PRD al oficialismo en el pasado Congreso Arnulfista y la impresión de que parece haber caído en buen terreno, parece indicar que los que mandan en la esfera política nacional están empezando a comprender las penas de la ciudadanía.

¿Cuáles son algunas de esas penas? Una economía cada vez más maltrecha, asentada sobre una de las peores distribuciones del ingreso del mundo; una creciente desilusión del desempeño de un poder público centralista, deficiente y fragmentado; un cuestionamiento creciente a los métodos de hacer política de los diversos actores que muchas veces anteponen a las exigencias y aspiraciones nacionales, los intereses de fracciones económicas y facciones políticas; una sensación de andar sin brújula ni astrolabio zarandeados por las corrientes que sacuden la rosa de los vientos.

¿Podrá el diálogo comprender y responder a estas -y otras penas- de los ciudadanos? Para ello el proceso debería tener características como:

1. La agenda del diálogo. Si los temas que se dialogarán corresponden a una agenda corta y sin perspectiva, como por ejemplo pactos políticos para medidas inmediatas en el ámbito económico, espacios políticos y cosas por el estilo, sería decepcionante, pues solo confirmaría las bajas calificaciones que la población otorga a los políticos según todas las encuestas realizadas. La agenda del diálogo si bien debe enfrentar problemas inmediatos y urgentes, debe proyectarse a una Agenda de Estado de grandes temas nacionales en el marco de construcción de un proyecto nacional incluyente como modelos de desarrollo humano, democratización, seguridad democrática, lucha contra la corrupción o la descentralización: Todos estos temas forman parte de la Visión 2020, que tanto los partidos como la sociedad civil avaló en 1998.

2. Los participantes del diálogo. El diálogo hasta ahora involucra al proponente, el partido político con más membresía en el país y que controla con alianzas el Organo Legislativo; y el otro gran partido, que con sus aliados administra el Organo Ejecutivo. Es interesante, sin embargo, recordar que todos los partidos legales juntos solo cuentan con el 40% del electorado inscrito -muchos de ellos inactivos-, y que el tratamiento de los grandes temas nacionales debe incluir a los diversos sectores sociales, económicos y culturales que forman la sociedad panameña.

3. El diálogo debe ser transparente e incluir diversas formas de monitoreo y rendición de cuentas de los acuerdos para que estos sean efectivos. Es importante desarrollar metodologías de participación efectiva de todos los sectores involucrados en el diálogo.

¿Será posible? Sí, si existe voluntad política. Recientemente vimos un ejemplo: alcaldes y representantes de todo el país, tanto los miembros de los diversos partidos como por libre postulación, caminaron juntos para presentar al Ejecutivo y al Legislativo sus aportes a una ley, parte fundamental de una Agenda de Estado, como lo es la descentralización y el fortalecimiento participativo de los gobiernos locales. Anteriormente, vivimos ejemplos exitosos de diálogo como los compromisos éticos electorales de Santa María la Antigua (1994 y 1999), y los Encuentros Panamá 2000 sobre el Canal de Panamá.

¿Podremos empinarnos sobre las mezquindades, torpezas y miopías políticas? ¿Comprenden en verdad nuestros dirigentes nuestras penas y compartirán nuestras esperanzas? ¿O continuarán , cada vez más, atrapados en el círculo hermético del poder?

Especial para La Prensa


Diálogo Nacional: ¿permuta o subasta?

Llama la atención que en una misma encrucijada de jugarretas peligrosas, se mezclen los conceptos diálogo nacional, partidas circuitales, presupuesto de la Asamblea y Corte Suprema de Justicia


Pedro Ernesto Vargas

El 11 de septiembre, cuando se desplomaban las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, símbolo del poderío económico de Estados Unidos y ardía entre escombros y gentes calcinadas un ala del Pentágono, en Washington, símbolo del poderío y la inteligencia militares de Estados Unidos, los estadounidenses y el mundo entero comprendieron que se trataba de un pase de factura, de un acto de suma precisión malévolamente concebido, a sangre fría, de una crueldad infinita y un conocimiento total y razonado de sus consecuencias, para doblarle el brazo al país más odiado por los extremistas musulmanes. Este proceder, que implica sacrificios y destrucción con propósito, se ha convertido en el mecanismo más propicio para doblegar voluntades humanas. Sucio, cruel e inmoral a la luz de la ética cristiana. Terrorismo para todos.

Nos preguntamos ahora si, guardadas las proporciones, no es terrorismo, el método abrazado por muchas administraciones en el ámbito de los gobiernos locales, nacionales y regionales para conseguir o mantener prebendas, para cobrar deudas, para reclamar “espacios”, que empobrecen aún más a los más pobres de nuestros países.

Valga el momento para señalar que cuando “nos empobrecemos” realmente estamos haciendo más pobres a los más pobres, aunque se hagan más ricos algunos de los más ricos o se creen nuevos ricos.

Me recorren malicia y escalofrío cuando en un mismo diario, en un mismo momento nacional, en una misma encrucijada de jugarretas peligrosas oigo simultáneamente los vocablos diálogo nacional, partidas circuitales, presupuesto de la Asamblea, Corte Suprema de Justicia. ¿Hasta dónde, al propósito ya confesado de lograr una encumbrada posición y/o desvirtuar una alianza legislativa, se le ha puesto un precio y ha comenzado la puja y repuja, a mérito de solo los principios de la complacencia y la venganza?

Diálogo nacional, como lo han venido sugiriendo algunos partidos políticos desde que la Democracia Cristiana, hoy Partido Popular, lo hizo hace ya casi un año, no es lo mismo ni se escribe igual a lo que ahora la señora presidenta ha “convocado”. Cuando se reduce la participación de este compartir de opiniones a los partidos políticos y, peor aún, a solo dos partidos políticos: el suyo propio y el Partido Revolucionario Democrático, la Presidencia del gobierno panameño está recreando un acuerdo político que podría ser el prólogo de un contubernio de sospechados propósitos y fines, ajenos a lo que la situación actual reclama y el pueblo que pasa hambre espera.

Dejemos la cobardía a un lado. Llamemos las cosas por su nombre. Ese “diálogo” está amarrado a aquellos otros vocablos de súbita y no espontánea generación. Y bajo esa concepción, no es más que una inmoral repartición de bienes. Los partidos firmantes del acuerdo legislativo META no pueden substraerse de esa realidad y deben exigir un diálogo participativo (toda la sociedad: civil, política y gubernamental), abierto (todos los temas o los más urgentes), serio (con información objetiva y veraz) y responsable (con compromiso de soluciones y no solo de denuncias). Si algo debe excluirse serían los intereses particulares de los partidos políticos.

El autor es médico y miembro del Partido Popular


Frases de la semana

“Dejemos la politiquería para el 2003-04...”.

Parte del discurso de la presidenta Moscoso durante la última convención arnulfista.

“...ha escrito una cartita al Niño Dios; son las cositas que él quisiera para Navidad”.

Declaraciones de Ernesto Pérez Balladares sobre las aspiraciones presidenciales de Alberto Vallarino.


Lo que ellos opinan

Ebraim Asvat
Abogado

Me parece una propuesta positiva. Basta ya de confrontación, especialmente cuando el país está sufriendo una crisis económica severa.

 

Roberto Díaz Herrera
Coronel retirado

La participación de la oposición -particularmente de MartínTorrijos- en cualquier tema de agenda nacional, tiene hoy más que nunca una plena justificación y enorme responsabilidad. Si las sugerencias que se hacen son buenas va a ganar todo el país.


Foro ciudadano

Como era predecible, la mayoría de nuestros lectores virtuales califican como necesario el entendimiento entre las diferentes corrientes políticas para sacar al país del estancamiento en que se encuentra. Ojalá no se trate de un “diálogo de sordos”.

 




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