¿Habrá una “zona de seguridad” en América del Norte?
A pesar de la tardía reacción de México al ataque del 11 de septiembre a Estados Unidos, que el presidente Vicente Fox intentará subsanar con su actual viaje a Washington, la guerra contra el terrorismo podría tener el inesperado efecto de acelerar las pláticas de Estados Unidos y México sobre migración, seguridad y controles fronterizos.
Miembros del gabinete de Fox y diplomáticos de Estados Unidos me dijeron en entrevistas separadas que ambos países están hablando sobre el posible aumento de la cooperación en asuntos de seguridad, que iría mucho más allá de lo contenido en el Tratado de Libre Comercio de 1994 entre México, Estados Unidos y Canadá.
Entre otras cosas, los tres países están discutiendo la posibilidad de adoptar normas comunes para los controles de seguridad en los aeropuertos, instalaciones aduanales conjuntas en la frontera, y quizás comenzar el proceso de creación de un “perímetro de seguridad” que abarcaría a los tres países.
“Estamos hablando de crear una 'burbuja NAFTA', que sería una zona geográfica con normas de seguridad comunes”, me señaló un alto funcionario mexicano. “Queremos que los turistas estadounidenses sientan que gozarán de la misma seguridad cuando vengan a México que si fueran a algún lugar de Estados Unidos o Canadá, y que estarían más seguros aquí que en algún país fuera de la ``burbuja NAFTA”.
Aunque a largo plazo México quisiera eliminar las fronteras internas, como ocurre entre los miembros de la Comunidad Europea, funcionarios de Estados Unidos dicen que eso no es posible, porque produciría un flujo masivo de mexicanos a Estados Unidos. Sin embargo, los dos países están hablando de varias medidas de seguridad conjuntas, según funcionarios de México y Estados Unidos.
“Veo venir mayores niveles de cooperación”, me señaló en una entrevista el embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow. “Crear un círculo cerrado que eliminaría las fronteras internas sería muy difícil, pero podemos comenzar a trabajar ahora en la coordinación de asuntos aduanales, seguridad aérea y migración”.
Según funcionarios mexicanos, México no aceptaría tener guardas migratorios de Estados Unidos en su frontera sur, para controlar el ingreso de viajeros centroamericanos. Sin embargo, México aceptaría instalaciones aduanales conjuntas en su frontera norte.
“Ahora, para cruzar a Estados Unidos tienes que pasar por dos controles aduanales”, señaló un miembro del Gabinete mexicano. “La idea sería tener un solo edificio de aduanas para los dos países, con una base de datos compartida, en que los agentes de Estados Unidos controlarían el tráfico entrando a Estados Unidos, y los mexicanos controlarían el tráfico hacia México”.
En la frontera sur de México, el país aceptaría que el servicio de aduanas de Estados Unidos entrene y provea asistencia técnica a los agentes mexicanos. México también permitiría que alguaciles armados de Estados Unidos vuelen en aerolíneas norteamericanas que aterricen en el país, algo que no se aceptaba hasta ahora.
¿Por qué aceptaría este país que se ha ufanado tanto de su nacionalismo tomar estos pasos hacia una mayor integración con su vecino del norte?
En primer lugar, porque teme que los ataques terroristas del 11 de septiembre provoquen una depresión de la economía mexicana.
México ya está sufriendo una caída en el turismo, y el 85 por ciento de los 20 millones de turistas que visitan anualmente este país vienen de Estados Unidos. A menos que México dé mayores seguridades a los turistas de Estados Unidos, la industria del turismo en Mexico no se levantará.
En segundo lugar, el gobierno de Fox reaccionó tardía y desordenadamente a los ataques terroristas a Estados Unidos. Fox no reaccionó a tiempo cuando los críticos —incluido su secretario de gobernación, Santiago Creel-— tomaron distancia de las declaraciones del canciller Jorge Castañeda, quien a las pocas horas del ataque terrorista prometio el apoyo incondicional de México al gobierno del presidente Bush.
Quizás porque no quería antagonizar a los nacionalistas e izquierdistas en el Congreso, cuyos votos necesita para aprobar su reforma fiscal, Fox no observó un minuto de silencio ni ordenó que las banderas mexicanas flamearan a media asta en honor de los miles de norteamericanos —y hasta 200 mexicanos— que murieron en el ataque terrorista.
En días recientes, varios columnistas criticaron a Fox por no haber hecho un gesto simbólico, como hizo Canadá al declarar un día nacional de duelo. Tardiamente, Fox reiteró su apoyo incondicional a Estados Unidos, y pidió una audiencia para visitar a Bush en Washington.
¿Qué pasará ahora? Fox probablemente superará el escollo, dando muestras claras de su apoyo a Bush. Y, contrariamente a lo que se esperaba, los hechos del 11 de septiembre probablemente llevarán a Estados Unidos y México a negociar acuerdos que irán mucho más allá de su tratado de libre comercio.
Corresponsal del Miami Herald y del Nuevo Herald
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