En la novedad está el triunfo
Recuerde que sus clientes
buscan una oferta original, a buen precio y de excelente calidad
Manuel Vega Loo
mvega@prensa.com
Para
triunfar en un mercado tan competitivo como el turístico se necesita
un elemento diferenciador y mucha creatividad. Además, hay que tomar
en cuenta una verdad de a puño: los turistas son compradores de
ilusiones.
Los viajeros buscan destinos memorables,
playas o montañas que no solo los hagan olvidar el estrés diario,
sino que también sean tan increíbles, que luego puedan revivir aquella
emoción cuando regresen a su faena cotidiana.
Y esto no es una hazaña fácil, pues hay que
desarrollar la imaginación y ser permanentemente innovadores. Un
ejemplo reciente lo encontramos en Bolivia, donde una empresa argentina
le brinda la oportunidad de recorrer los senderos que pisó en aquel
país sureño el revolucionario Ernesto Che Guevara.
La marca
Cada localidad tiene su característica particular,
su sello de marca, lo que le permite ser reconocida en el transitado
mercado publicitario.
Un creyente en esa marca es el experto argentino
Luis Alberto Grunewald, quien expuso sus teorías al respecto en
la pasada Convención Nacional y Exhibición Internacional de Turismo
(CONETUR) 2001, organizada por el Instituto Panameño de Turismo
(IPAT) y la Cámara de Turismo de Panamá.
La primera lección impartida por Grunewald:
el turismo es un negocio.
Acto seguido comentó que la empresa turística
será rentable si es competitiva y esto se logrará en la medida en
que sea eficaz.
“La eficacia se obtiene utilizando de la
mejor forma posible los recursos humanos y los materiales que tengan
disponibles”, dijo.
La demanda
Segunda clase aprendida: después que se atraen
los turistas a su ciudad o centro hotelero, hay que mantenerlos
contentos y seguros para que regresen en sus próximas vacaciones.
Y, ¿cómo se logra satisfacer esta demanda?
Según Luis Alberto Grunewald esto se obtiene conociendo cada uno
de sus gustos y necesidades. En muchas ocasiones hay que adelantarse
a sus peticiones. Por eso siempre hay que estar preparados; los
desprevenidos no triunfan.
“Un cliente satisfecho es la mejor publicidad
del mundo, ya que le recomendará el lugar a sus familiares, amigos,
compañeros de trabajo y vecinos”, dijo Grunewald.
Otra clave para dominar el sector es segmentándolo.
Hay que investigar en cuántas partes está dividido el mercado y
luego determinar en cuáles puede sobresalir y dominar.
Tras la identificación, dijo Grunewald, hay
que establecer el tipo de cliente que recibirá, porque no deben
olvidar que primero están los turistas que viajan para estar cómodos
en un hotel, y los excursionistas que desean explorar y conocer
la mayor cantidad de atracciones de un país.
“Estos dos tipos de viajeros se desplazan
con carácter recreativo, sin embargo tienen objetivos diferentes”
y si logra darles la respuesta que buscan serán sus más fieles clientes.
Los anfitriones
Grunewald recomendó trabajar con la población
del lugar, ya que ellos conocen como nadie el lugar, saben sus códigos,
su historia. Ellos serán un gran respaldo para toda empresa turística.
El especialista recordó que la población
migratoria también es de mucha ayuda, especialmente en la temporada
alta, donde se requiere mucha mano de obra.
Para este tipo de trabajo se requieren personas
amables, serviciales, bilingües –indispensable que por lo menos
dominen el inglés– y conocedores de los atractivos de su región.
Además, los pobladores en general de la ciudad
o pueblo tienen que contribuir con el buen trato a los turistas.
Estos residentes deben tratar con cortesía y buenos modales a los
viajeros.
“Un turista nunca debe pagar el impuesto
de los ojos azules”, dijo por su parte José Ignacio Mata, un especialista
español en cuanto a turismo se refiere.
Es decir, se debe evitar subir los precios
o vender más caros los productos o servicios a los extranjeros.
En lo que respeta a Panamá, el especialista
español destacó que nuestro pueblo es muy gentil con los visitantes
y que no les cobra “el impuesto de los ojos azules”.
Sin embargo, se lamentó de que “muy pocas
de las personas” que laboran en el sector turístico local hablen
inglés, lo que es una desventaja frente al resto de los mercados.
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