Panamá, 4 de octubre de 2001
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Tiempos tormentosos en Hollywood

Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com

Gene Kelly y Jean-Pierre Aumont en la patriótica The Cross of Lorraine (1943).

Mientras que en la Segunda Guerra Mundial se registró un control estricto por parte del gobierno norteamericano sobre el contenido de los filmes hechos en Hollywood, luego de los atentados terroristas de septiembre pasado han sido los propios estudios cinematográficos los que han decidido autocensurarse.

Esta decisión de autocensura se basa más en evitar un fracaso en taquilla de una producción de gran presupuesto, que de una medida para evitar que las recientes heridas a causa de los intolerantes sean revividas por la audiencia norteamericana.

La Meca del Cine ya dio muestras de cambios en su forma de dar entretenimiento a un público todavía sensible por los atroces acontecimientos ocurridos en Nueva York y Washington. Como resultado del Martes Negro se pospuso la fecha de estreno de filmes que guardan algún tipo de relación con las desaparecidas Torres Gemelas, el herido Pentágono o con secuestros de aviones.

Por eso, se anunció la posposición, para finales de año o mediados del 2002, de las películas Nose Bleed (protagonizada por Jackie Chan), Collateral Damage (con Arnold Schwarzenegger), Bad Company (estelarizada por Anthony Hopkins y Chris Rock) y Tick Tock (con Jennifer Lopez), al considerar los productores que no funcionarán del todo en boletería. Claro, la versión oficial es que el imperio de los sueños no desea turbar la memoria de los familiares de las víctimas que arrojó aquel lamentable acto violento.

De acuerdo al diario Los Angeles Times, tanto el nuevo proyecto de James Cameron, Deadline (escrito por David y Peter Griffiths) como Big Trouble, a cargo de Tim Allen, fueron engavetados hasta que los espectadores no rechacen una cinta solo porque su trama tenga que ver con algún acontecimiento demasiado virulento o que les recuerde lo ocurrido el pasado 11 de septiembre.

Miedo a las alturas

Por otro lado, las estrellas del firmamento cinematográfico entran dentro del creciente grupo humano que tiene miedo a volar, luego de ver repetidamente por la televisión cómo dos aviones comerciales se estrellaban contra el World Trade Center.

El recelo a las alturas afectó a personalidades como Nicole Kidman y Renée Zellweger, actrices que cancelaron su visita a París para promocionar sus filmes Moulin Rouge y El diario de Bridget Jones respectivamente. El estrés post atentados también afectó a Faye Dunaway, Matt Dillon y Rosanna Arquette, que declinaron su asistencia a Marruecos para el Film Festival de Marrakesh. En tanto, la comediante Whoopi Goldberg dijo en Las Vegas que había perdido el sentido del humor después del Martes Negro.

En el ámbito musical también se registró la baja de Janet Jackson, que esta semana informó la postergación de su gira All For You por Europa, que iba a celebrarse del 31 de octubre al 17 de diciembre. La banda de rock Weezer hizo lo propio con su periplo por el Viejo Continente, que comenzaría la próxima semana, pero Blink 182 sí continúa con sus planes de presentarse en Europa, en el mes de noviembre.

Este temor llegó a tal punto de ebullición que obligó a los organizadores de los premios Emmy (que estaba programada para realizarse a finales de septiembre), a dividir la ceremonia del 7 de octubre entre Nueva York y Los Angeles, las dos ciudades que concentran la mayor cantidad de equipo técnico y artístico que está nominado a la versión televisiva del Oscar.

Otra consecuencia de los acontecimientos terroristas es que la mayoría de los estudios de Holywood han descartado la posibilidad de rodar en algún país lejano de la Unión americana. Unas de las últimas producciones en filmarse fuera de la frontera norteña fue Spy Games, que dirigió Ridley Scott y protagonizaron Robert Redford y Brad Pitt en Marruecos. Asegura Los Angeles Times, citado por El Mundo, que los únicos destinos que aún sobreviven son Canadá y Australia, pues hacer cine en ambos puntos del planeta reducen los costos de producción de un 5% a un 8% en comparación con Los Angeles, donde se espera que la realización de películas para televisión y cine registre un aumento de hasta un 10%.

Una nota positiva entre tanto desconcierto, es que hay señales claras de que la gente está volviendo a las salas de cine. De acuerdo a cifras recabadas por la agencia de noticias Reuters, los 12 filmes más taquilleros en Estados Unidos durante el fin de semana pasado recaudaron 66.2 millones de dólares, lo que indica un incremento de 52% en relación con el fin de semana anterior y de 26% en comparación con el mismo período de hace un año. La boletería se ha visto afectada en los últimos días por una pausa en cuanto a la presentación de nuevas películas emocionantes, en parte por el mencionado reacomodo en la programación de estrenos tras los atentados.

El cine marcha al frente

El derecho de la información en tiempos de guerra siempre ha modificado el modo de funcionar en Hollywood. Lo que ocurre actualmente de cambiar fechas de estreno de cintas tiene su antecedente más claro en la Segunda Guerra Mundial.

Al poco tiempo de que la Unión Americana entrara formalmente al conflicto bélico, luego del ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941, se creó la Office of War con el objetivo de supervisar la difusión de películas de propaganda oficial sobre la guerra.

A mediados de 1942, el Gobierno decidió que todos los productores debían someter sus guiones a la aprobación previa del Office of War.

La estrecha relación entre Washington y La Meca del Cine se consolidó ese año 1942 cuando se crearon la War Activities Commitee y el Hollywood Victory Commitee, que colaboraron en la producción de más de 150 películas de formación para uso de las fuerzas armadas.

La Meca del Cine también entró en la contienda al transformar a sus gangsters en heroicos soldados, y las películas de acción y violencia fueron reemplazadas por películas de intriga y de aventuras, donde se resalta no solo el valor de los hombres en el frente, sino que también se buscaba convencer a los indecisos a que apoyaran la causa contra el enemigo nazi.

De acuerdo al libro 50 años de cine norteamericano, de Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon, el estreno de películas estadounidenses en 1942 no sufrieron los embates de las bombas al producirse 488 filmes, cifra que disminuyó un poco los siguientes tres años, cuando fueron estrenadas 397, 401 y 350 cintas respectivamente.

A pesar de esta situación, Estados Unidos se benefició de que la confrontación no fuera en su territorio, lo que le permitió exportar sus películas a países europeos que sí bajaron drásticamente la cantidad de sus estrenos.

En ese período guerrero abundaron los filmes estadounidenses de bajo presupuesto y de puro divertimiento. Luego, cuando las armas fueron silenciadas, la línea creativa e independiente se volvió crítica contra los estamentos de Estados Unidos, época que coincidió con el surgimiento de la temible Comisión de Actividades Antiamericanas, destinada supuestamente a exterminar a los subversivos dentro de la industria.


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