Mitos y verdades del terrorismo
El día 11 de septiembre no se abrió el paraguas que protegía a la Casa Blanca y al Pentágono de un ataque aéreo
David Carrasco
Los atentados ocurridos en las ciudades norteamericanas de Nueva York y Washington han derribado algunos mitos y han sacado a flote algunas verdades que estaban ocultas para la mayoría de los ciudadanos en Estados Unidos.
Veamos algunos ejemplos. El día 11 de septiembre no se abrió el paraguas que protegía a la Casa Blanca y al Pentágono de un ataque aéreo. ¿Será posible que alguien haya desconectado radares y dispositivos de identificación de aeronaves que se acercaban al perímetro de seguridad en Washington? Si esto es verdad, entonces habría que suponer que hubo fugas internas de información o que algún fanático desactivó tales dispositivos de vigilancia en el Pentágono, previo al acto suicida.
Un mito que se disipa, es que las Torres Gemelas de Nueva York eran “indestructibles”, como suponían los agentes de negocios y trabajadores que ocupaban sus oficinas en Manhattan.
Para colmo, las torres habían sido reforzadas con acero y revestidas con planchas de amianto para protegerlas en caso de incendio. El amianto, conocido como crocidolita o crisolito, es un material tóxico y cancerígeno cuando es inhalado. Ese es un riesgo ambiental al que están sometidos hoy los heroicos socorristas expuestos al polvo.
Tras los ataques simultáneos en dos ciudades de Estados Unidos, el gobierno norteamericano habla de la detención de centenares de sospechosos. Muchos ciudadanos en ese país, de quienes por ley se debe presumir su inocencia, son vigilados y vistos con otros ojos; mientras la Casa Blanca llama a la justicia perdurable, una operación a la que cambió el nombre en dos ocasiones, sin definir con claridad el objetivo final y los peligros bélicos.
Otra falacia es que el mundo está supuestamente dividido entre buenos y malos, entre amigos y enemigos, entre los civilizados de Occidente y los salvajes de Oriente, y que el terrorismo puede ser vencido a través del terror causado por respuestas militares rápidas y contundentes, y con acciones encubiertas capaces de generar miedo y dolor.
En su precipitada carrera para reprimir a países como Afganistán, Estados Unidos ha descubierto debilidades de su sistema de seguridad, graves problemas financieros de la administración del presidente George W. Bush y la crisis que incuba el modelo global de la economía, que angustia a gran parte de la humanidad pobre y sedienta de justicia, de la cual formamos parte.
El autor es periodista
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