Canseco y su lucha contra las
lesiones y la soledad
En medio de su tristeza
e incomprensión, su mayor preocupación hoy es mantenerse sano y
jugar todos los días
AURELIO MORENO
Especial para La Prensa deportes@prensa.com
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A pesar de su corpulencia y poder
al bate, Canseco es un pelotero frágil y aquejado de lesiones
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MIAMI, EU. - José Canseco se incorpora con un
esfuerzo solemne, se da cuenta que está vivo y se avergüenza de su
soledad.
Verifica su salud con la misma atención lánguida
que le dedica un afinador de pianos a su instrumento, mientras dobla
la cabeza con una especie de fatalismo.
Se le ha olvidado cómo reír. Para hacerlo
tendría que rebuscar en una gaveta polvorienta de cerrojos oxidados,
donde alguna vez guardó las instrucciones para armar la felicidad.
Entonces, súbitamente, se acuerda de su apreciado
tesoro de cuatro años: su hija Josie, y suelta una carcajada arropada
de buena salud. Le brillan los ojos antes macilentos y se dispone
a trabajar como todos los días.
José Canseco es una contradicción ambulante
y fascinante. Un macizo atleta de 6-4 de estatura y 235 libras de
peso, con bíceps de 19 pulgadas de circunferencia, pero tan vulnerable
como un terrón de azúcar.
Es fuerte (ha pegado 461 cuadrangulares en
su carrera y figura como número 22 en la lista de los máximos jonroneros
de todos los tiempos); sin embargo, al propio tiempo es débil y
quebradizo: ha visitado la lista de inhabilitados ocho veces y se
ha sometido a tres operaciones mayores.
Famoso e infeliz
Es famoso: fue el primer hombre que robó
al menos 40 bases y disparó 40 vuelacercas en una temporada, fue
Novato del Año en 1986 y Jugador Más Valioso en 1988 y sostuvo un
tórrido romance con Madonna.
Es millonario, soltero, bien parecido, bilingüe,
conduce veloces autos deportivos y solo tiene 37 años.
También es dolorosamente infeliz.
"Soy José Canseco. Quizás la persona menos
comprendida en la historia del juego de pelota", revela. "Tengo
mucho talento, pero jamás he podido demostrarlo consistentemente
debido a las lesiones. He sido muy desafortunado. Nunca he podido
demostrar al verdadero José Canseco", agrega.
Canseco nació en La Habana, Cuba, el 2 de
julio de 1964. Minutos después de salir del vientre materno lo siguió
su hermano mellizo Ozzie. La familia, con menos de 50 dólares en
sus arcas, dejó la isla cuando los pequeños tenían nueve meses de
edad y viajó a Miami. Fue una excelente idea.
Aunque al principio Ozzie parecía tener mejor
idea del juego y prometía ser la gran estrella, José se destacó
tanto con el equipo de la escuela secundaria de Coral Park de Miami,
que no solo fue seleccionado para el equipo de Todos Estrellas en
su última temporada sino que también acordó un contrato profesional
con los Atléticos de Oakland, tras ser seleccionado en la decimaquinta
ronda del draft de 1982.
Su carrera en las menores no fue nada del
otro mundo. Lo acusaban de perezoso y se ponchaba una de cada tres
veces que visitaba el plato.
Empero ya gozaba de gran poder y no obstante
su indisciplina ofensiva, fue celosamente cuidado por la franquicia
de Oakland. Curiosamente, la muerte de su madre en 1984 dio un giro
positivo en su vida. La tragedia lo hizo reflexionar. Sin apoyo
materno y un padre de habilidades limitadas se había quedado prácticamente
solo en el mundo. Fue entonces cuando comenzó a descollar realmente.
En su primera campaña completa en 1986, el
poderoso pero aún impaciente Canseco descargó 33 jonrones -uno menos
del récord del club para un año-, amasó un promedio de .240 y produjo
117 carreras y fue nombrado Novato del Año de la Liga Americana.
También se ponchó 117 veces y estableció una marca de chocolates
recibidos para la franquicia.
"Ahora soy un mejor bateador", precisa el
cubano, ahora en el rol de jugador de reserva de los Medias Blancas.
"Reconozco mejor la zona de strikes".
Su temporada grande
En 1988 protagonizó su gran temporada. Estableció
un récord del equipo en remolques (124) y fue líder de la liga en
el apartado de jonrones (42), impulsadas y promedio de slugging
(.569).
Se estafó además 40 sacos y se convirtió
en el primer miembro del club "40-40".
Un año después jugó en la Serie Mundial y
firmó el acuerdo más jugoso jamás visto en las Grandes Ligas: cinco
años por un monto de $23.5 millones.
Ya para entonces, sin embargo, las cosas
comenzaban a moverse al revés. En el 88 perdió 88 juegos debido
a una fractura en una mano y en el 90 no participó en 31 juegos
por culpa de un disco herniado.
Terminó la campaña del 91 con 44 jonrones
y 122 carreras producidas, pero en el 92 fue canjeado a Texas y
su mundo de maravilla se comenzó a desmoronar como un castillo de
naipes.
Su declive
Así como en las menores lo acusaron de poco
trabajador, ya como astro lo tildaron de engreído, peligroso, grosero
y patán. Tuvo problemas domésticos. Lo arrestaron por portar un
arma, manejar demasiado rápido y supuestamente golpear a su mujer.
También se dijo que usó esteroides para fortalecer
sus músculos. Su cuerpo de mastodonte se hizo vulnerable. Su vida
dejó de pertenecerle.
"Aquellos años fueron muy negativos para
mí", recuerda. "Mi vida entera se deshacía. Me sentía solo. Tenía
todo, pero no era feliz. Tenía fama, dinero y mujeres. Pero cuando
el humo se esfumaba me quedaba sin nada y eso me afectó porque soy
un ser humano con sentimientos", añade.
El cambio
No fue hasta que nació Josie que José pudo
finalmente encontrar la felicidad.
"Mi vida cambió totalmente. Ella lo es todo",
afirma el slugger de los Medias Blancas. "Mi hija está por encima
de todo y realmente por ella es que juego pelota y sigo adelante.
El resto de las cosas no me importan. Soy inmune. Se han dicho tantas
cosas negativas de mí, que ya he dejado de tratar de entender",
recalca.
Canseco, quien comenzó esta semana con promedio
de .266, 15 jonrones y 48 carreras empujadas, ha pasado por tantos
picos y valles en su vida y carrera que parece sensato el asegurar
que ya es inmune a cualquier contratiempo o éxito.
Se trata de un hombre que experimentó un
destructivo terremoto en plena Serie Mundial del 89; que un año
antes había sufrido de uno de los cuadrangulares más dramáticos
de un Clásico de Otoño (el de Kirk Gibson); que recibió un pelotazo
en la cabeza al tratar de capturar un batazo en los jardines; que
se lastimó una brazo haciendo las veces de un lanzador de emergente;
el mismo que pegó un jonrón en su primer turno al bate en una Serie
Mundial.
Es un pelotero que, sin saber por qué, lo
odian en casi todos lados y algunos aún lo admiran.
Un hombre que vende más con sus desaciertos
que con sus batazos.
"Si cometo un error lo magnifican", dice.
"La sociedad está perdida. Lo sexual y la violencia es lo más interesante.
Vendía periódicos cuando decían que me acostaba con Madonna", comenta.
Empero, pocos reportaron sus visitas a hospitales
y a refugiados cubanos en Panamá. Recientemente le obsequió un par
de cuadrangulares a unos niños enfermos de cáncer. Poco después
se convirtió apenas en el noveno hombre en la historia que suma
al menos 400 bambinazos y 200 bases robadas.
Preocupado
Ese es José Canseco. Aún triste e incomprendido
y cuya mayor preocupación hoy es mantenerse sano y jugar todos los
días.
"He tenido un año muy depresivo y torturador",
apunta, tras iniciar la primavera con Anaheim, ser dado de baja
injustamente, jugar en una liga independiente y firmar después con
Chicago, donde ahora su futuro es incierto pues el regreso de Frank
Thomas el próximo año lo sacaría de los planes del club.
"Pensé que había tenido un mal año con los
Yanquis en el 2000, cuando aún estando sano no jugué, pero esta
temporada ha sido aún peor", expresa.
Y agrega: "En la primavera me dejan libre
porque no conecté de jonrón en 39 turnos al bate y luego se corrió
el rumor de que estaba lesionado y que no podía jugar más. Ha sido
un año que me ha abierto mucho los ojos por decir lo menos".
Canseco esta escribiendo un libro donde narrará
la historia de su vida y que asegura será un "bestseller".
En él explicará con lujo de detalles su verdadera
personalidad introvertida y tímida, según se autocalifica, y revelará
que tras el "monstruo" existe un hombre común y corriente, con sentimientos
y temores, virtudes y defectos.
"De todas mis experiencias he aprendido que
la gente te trata muy diferente cuando estás arriba que cuando estás
abajo", concluye.
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