Panamá, 2 de octubre de 2001
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Canseco y su lucha contra las lesiones y la soledad

En medio de su tristeza e incomprensión, su mayor preocupación hoy es mantenerse sano y jugar todos los días

AURELIO MORENO
Especial para La Prensa

deportes@prensa.com

A pesar de su corpulencia y poder al bate, Canseco es un pelotero frágil y aquejado de lesiones

MIAMI, EU. - José Canseco se incorpora con un esfuerzo solemne, se da cuenta que está vivo y se avergüenza de su soledad.

Verifica su salud con la misma atención lánguida que le dedica un afinador de pianos a su instrumento, mientras dobla la cabeza con una especie de fatalismo.

Se le ha olvidado cómo reír. Para hacerlo tendría que rebuscar en una gaveta polvorienta de cerrojos oxidados, donde alguna vez guardó las instrucciones para armar la felicidad.

Entonces, súbitamente, se acuerda de su apreciado tesoro de cuatro años: su hija Josie, y suelta una carcajada arropada de buena salud. Le brillan los ojos antes macilentos y se dispone a trabajar como todos los días.

José Canseco es una contradicción ambulante y fascinante. Un macizo atleta de 6-4 de estatura y 235 libras de peso, con bíceps de 19 pulgadas de circunferencia, pero tan vulnerable como un terrón de azúcar.

Es fuerte (ha pegado 461 cuadrangulares en su carrera y figura como número 22 en la lista de los máximos jonroneros de todos los tiempos); sin embargo, al propio tiempo es débil y quebradizo: ha visitado la lista de inhabilitados ocho veces y se ha sometido a tres operaciones mayores.

Famoso e infeliz

Es famoso: fue el primer hombre que robó al menos 40 bases y disparó 40 vuelacercas en una temporada, fue Novato del Año en 1986 y Jugador Más Valioso en 1988 y sostuvo un tórrido romance con Madonna.

Es millonario, soltero, bien parecido, bilingüe, conduce veloces autos deportivos y solo tiene 37 años.

También es dolorosamente infeliz.

"Soy José Canseco. Quizás la persona menos comprendida en la historia del juego de pelota", revela. "Tengo mucho talento, pero jamás he podido demostrarlo consistentemente debido a las lesiones. He sido muy desafortunado. Nunca he podido demostrar al verdadero José Canseco", agrega.

Canseco nació en La Habana, Cuba, el 2 de julio de 1964. Minutos después de salir del vientre materno lo siguió su hermano mellizo Ozzie. La familia, con menos de 50 dólares en sus arcas, dejó la isla cuando los pequeños tenían nueve meses de edad y viajó a Miami. Fue una excelente idea.

Aunque al principio Ozzie parecía tener mejor idea del juego y prometía ser la gran estrella, José se destacó tanto con el equipo de la escuela secundaria de Coral Park de Miami, que no solo fue seleccionado para el equipo de Todos Estrellas en su última temporada sino que también acordó un contrato profesional con los Atléticos de Oakland, tras ser seleccionado en la decimaquinta ronda del draft de 1982.

Su carrera en las menores no fue nada del otro mundo. Lo acusaban de perezoso y se ponchaba una de cada tres veces que visitaba el plato.

Empero ya gozaba de gran poder y no obstante su indisciplina ofensiva, fue celosamente cuidado por la franquicia de Oakland. Curiosamente, la muerte de su madre en 1984 dio un giro positivo en su vida. La tragedia lo hizo reflexionar. Sin apoyo materno y un padre de habilidades limitadas se había quedado prácticamente solo en el mundo. Fue entonces cuando comenzó a descollar realmente.

En su primera campaña completa en 1986, el poderoso pero aún impaciente Canseco descargó 33 jonrones -uno menos del récord del club para un año-, amasó un promedio de .240 y produjo 117 carreras y fue nombrado Novato del Año de la Liga Americana. También se ponchó 117 veces y estableció una marca de chocolates recibidos para la franquicia.

"Ahora soy un mejor bateador", precisa el cubano, ahora en el rol de jugador de reserva de los Medias Blancas. "Reconozco mejor la zona de strikes".

Su temporada grande

En 1988 protagonizó su gran temporada. Estableció un récord del equipo en remolques (124) y fue líder de la liga en el apartado de jonrones (42), impulsadas y promedio de slugging (.569).

Se estafó además 40 sacos y se convirtió en el primer miembro del club "40-40".

Un año después jugó en la Serie Mundial y firmó el acuerdo más jugoso jamás visto en las Grandes Ligas: cinco años por un monto de $23.5 millones.

Ya para entonces, sin embargo, las cosas comenzaban a moverse al revés. En el 88 perdió 88 juegos debido a una fractura en una mano y en el 90 no participó en 31 juegos por culpa de un disco herniado.

Terminó la campaña del 91 con 44 jonrones y 122 carreras producidas, pero en el 92 fue canjeado a Texas y su mundo de maravilla se comenzó a desmoronar como un castillo de naipes.

Su declive

Así como en las menores lo acusaron de poco trabajador, ya como astro lo tildaron de engreído, peligroso, grosero y patán. Tuvo problemas domésticos. Lo arrestaron por portar un arma, manejar demasiado rápido y supuestamente golpear a su mujer.

También se dijo que usó esteroides para fortalecer sus músculos. Su cuerpo de mastodonte se hizo vulnerable. Su vida dejó de pertenecerle.

"Aquellos años fueron muy negativos para mí", recuerda. "Mi vida entera se deshacía. Me sentía solo. Tenía todo, pero no era feliz. Tenía fama, dinero y mujeres. Pero cuando el humo se esfumaba me quedaba sin nada y eso me afectó porque soy un ser humano con sentimientos", añade.

El cambio

No fue hasta que nació Josie que José pudo finalmente encontrar la felicidad.

"Mi vida cambió totalmente. Ella lo es todo", afirma el slugger de los Medias Blancas. "Mi hija está por encima de todo y realmente por ella es que juego pelota y sigo adelante. El resto de las cosas no me importan. Soy inmune. Se han dicho tantas cosas negativas de mí, que ya he dejado de tratar de entender", recalca.

Canseco, quien comenzó esta semana con promedio de .266, 15 jonrones y 48 carreras empujadas, ha pasado por tantos picos y valles en su vida y carrera que parece sensato el asegurar que ya es inmune a cualquier contratiempo o éxito.

Se trata de un hombre que experimentó un destructivo terremoto en plena Serie Mundial del 89; que un año antes había sufrido de uno de los cuadrangulares más dramáticos de un Clásico de Otoño (el de Kirk Gibson); que recibió un pelotazo en la cabeza al tratar de capturar un batazo en los jardines; que se lastimó una brazo haciendo las veces de un lanzador de emergente; el mismo que pegó un jonrón en su primer turno al bate en una Serie Mundial.

Es un pelotero que, sin saber por qué, lo odian en casi todos lados y algunos aún lo admiran.

Un hombre que vende más con sus desaciertos que con sus batazos.

"Si cometo un error lo magnifican", dice. "La sociedad está perdida. Lo sexual y la violencia es lo más interesante. Vendía periódicos cuando decían que me acostaba con Madonna", comenta.

Empero, pocos reportaron sus visitas a hospitales y a refugiados cubanos en Panamá. Recientemente le obsequió un par de cuadrangulares a unos niños enfermos de cáncer. Poco después se convirtió apenas en el noveno hombre en la historia que suma al menos 400 bambinazos y 200 bases robadas.

Preocupado

Ese es José Canseco. Aún triste e incomprendido y cuya mayor preocupación hoy es mantenerse sano y jugar todos los días.

"He tenido un año muy depresivo y torturador", apunta, tras iniciar la primavera con Anaheim, ser dado de baja injustamente, jugar en una liga independiente y firmar después con Chicago, donde ahora su futuro es incierto pues el regreso de Frank Thomas el próximo año lo sacaría de los planes del club.

"Pensé que había tenido un mal año con los Yanquis en el 2000, cuando aún estando sano no jugué, pero esta temporada ha sido aún peor", expresa.

Y agrega: "En la primavera me dejan libre porque no conecté de jonrón en 39 turnos al bate y luego se corrió el rumor de que estaba lesionado y que no podía jugar más. Ha sido un año que me ha abierto mucho los ojos por decir lo menos".

Canseco esta escribiendo un libro donde narrará la historia de su vida y que asegura será un "bestseller".

En él explicará con lujo de detalles su verdadera personalidad introvertida y tímida, según se autocalifica, y revelará que tras el "monstruo" existe un hombre común y corriente, con sentimientos y temores, virtudes y defectos.

"De todas mis experiencias he aprendido que la gente te trata muy diferente cuando estás arriba que cuando estás abajo", concluye.


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