Bonds, a uno del récord de McGwire
Bonds bateó ayer su jonrón 69 de la temporada y se colocó a uno de la marca de más bambinazos de ‘Big Mac’
AURELIO MORENO
deportes@prensa.com
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Barry Bonds totaliza 69 cuadrangulares en esta campaña.
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MIAMI, Estados Unidos.- El desconocido Barry Bonds que sollozaba el viernes tras descargar un emotivo cuadrangular no se parecía en nada al usualmente arrogante e insoportable astro de los Gigantes de San Francisco.
Ese Bonds lloroso, cuyo cuadrangular número 68 de la temporada lo dejó a solo dos del récord de más bambinazos en una campaña de Mark McGwire, exteriorizó crudamente -quizás por primera vez en su vida- que puede sentir emociones como cualquier otro ser humano.
El pelotero, famoso y odiado por su egoísmo y frialdad, se descompuso ante la profunda tristeza que le provocó la reciente muerte de su amigo Franklin Bradley y lloró al tiempo que se desmontaba de su pedestal de jerarca impenetrable.
¿Quién es en realidad Barry Bonds? ¿Será aquel viejo acomplejado que una vez nos dijo: "yo soy Barry Bonds y tú no" y que salpicará de sarcasmo su discurso cuando ingrese al Salón de la Fama?
¿O bien, es el emotivo hombre que alzó los brazos al cielo luego de su vuelabarda el viernes, se enjugaba las lágrimas en la caseta de los Gigantes y se le ahogaba la voz al hablar de su amigo muerto durante una cirugía para perder peso tan solo tres semanas antes de su boda?
"Barry es Barry", explica el genial Tony Gwynn, recogiendo en una simple frase una acertada definición de un jugador tan fascinante como despreciable.
Complejos
Bonds advierte que el día que sea elevado al templo sagrado de Cooperstown se dirigirá al público de la siguiente manera: "gracias, pero se perdieron el espectáculo".
Al decir de este slugger, hasta el sábado octavo en la lista de máximos jonroneros en la historia (562), los aficionados no han disfrutado de su talento y aporte al béisbol por estar ocupados en las opinones que otras personas -miembros de la prensa en su mayoría- han publicado sobre él.
"Creo que los fanáticos solo creen lo que leen y si tienes una buena relación con los medios entonces escribirán cosas buenas sobre ti", indica Bonds. "Pero si eres reservado y solo quieres hacer tu trabajo y no tener una cámara frente a la cara todos los días entonces escribirán que eres grosero y arrogante sin realmente conocerte", añadió.
¿Tendrá razón Bonds?
Lo complejo del asunto es que el propio Barry se ha construido aquella dura reputación de altanero con su usual irrespeto por los periodistas y otros jugadores -incluyendo sus propios compañeros de equipo-.
Si le hacen alguna pregunta incómoda en lugar de responder como un caballero o simplemente quedarse callado, se esfuerza por ridiculizar a su interlocutor con comentarios como "no puedes estar hablando en serio'' o ''no sabes de lo que estás hablando" .
En una ocasión se le pidió que mencionará al mejor jugador del momento y respondió: "yo". Cuando se le pidió que contestara en serio recalcó sin una pizca de humildad: "yo soy el mejor". No es un secreto, por otro lado, que ni sus propios compañeros de San Francisco lo soportan.
Curiosamente, ese egoísmo desmedido es el que lo podría llevar a romper la marca de McGwire.
Según muchos analistas, incluyendo varios scouts, Bonds se ha empecinado en demostrar que puede pegar más jonrones en una temporada que McGwire o Sosa para luego ufarnarse de haber logrado un récord de cuadrangulares en un año sin autoconsiderarse un genuino bateador con poder.
Aunque suene contradictorio, esta es la típica actitud de Bonds: protagonizar una gran hazaña y luego restarle mérito.
¿Cómo lo hace?
Ni el propio Bonds ha podido -o querido en su caso- explicar su despunte en el departamento de jonrones esta temporada.
Si bien solo siete hombres en la historia han pegado más vuelacercas que él, el jardinero de San Francisco nunca había disparado 50 bambinazos en una campaña hasta este año.
Algunos conjeturan que al margen de su egocentrismo, Bonds busca causar un gran impacto en un año clave de su carrera -se puede convertir en agente libre una vez concluya la temporada- y así aspirar al más abultado contrato de todos los tiempos.
Esa tesis la refuerza el hecho de que Bonds contrató al gurú de los agentes (Scott Boras) para representarlo este año.
Bonds sólo sonríe y recurre al espiritualismo al tratar de explicar su explosiva temporada.
"Hay algunas cosas que no puedo entender ahora mismo. Las pelotas que solían estrellarse en la barda ahora están volando por encima de ella. He tratado de explicarme el porqué y no he podido. No puedo responder a esa pregunta. Llamen a Dios y pregúntenle", expresó.
Matt Williams, quien no es Dios, pero que jugó con Bonds del 93 al 96, cree reconocer la diferencia entre el Bonds de ahora y el de antes.
"Para comenzar, ahora Barry es más grande. Está más fuerte de lo que yo recuerdo. Ha cedido algo de velocidad para ganar poder. Ya no es el veloz jugador que irrumpió con los Piratas. Ahora ha ganado fuerza", explica.
Ciertamente Bonds figura hoy con 228 libras, 20 más de las que tenía hace cinco años.
"Su cuerpo se ha transformado", anota un scout. "Su espalda se nota dos veces más ancha de lo que solía ser. Tiene el pecho como un barril y el cuello del grueso de un muslo", añade.
No obstante estas observaciones, el propio Bonds asegura que esta temporada perdió cinco libras con relación al año pasado y que ello lo ha ayudado a ganar velocidad en el bate.
Otros anotan que la "espeluznante habilidad" de Bonds para elevar la pelota lo ayuda a conectar tantos jonrones.
Tan remotas son las posibilidades de que este bateador zurdo conecte una pelota por el piso que la mayoría de los equipos cambian la posición de su cuadro interior (el antesalista sobre la segunda base, el campo corto en terreno de la segunda y el camarero como si fuera un jardinero derecho corto) para emboscarlo y atrapar algunas de sus furibundas líneas.
Ese es Barry Bonds.
Un toletero imparable, un hombre que apela a Dios cuando no entiende las cosas, un ser humano muy sentimental e incomprendido (al menos eso asegura él), un slugger con 68 jonrones, una celebridad con un salario de 10.3 millones por año, dos guardaespaldas y un agente genial.
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