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Una violencia absurda
contra los taxistas
El trabajo de los taxistas se ha convertido en
una de las profesiones de más alto riesgo en la ciudad de
Panamá. Asaltos y muertes se han vuelto comunes, sin que
las autoridades logren detener la violencia.
SONIA ROMERO
Estudiante de periodismo
invest@prensa.com
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El servicio que prestan los taxistas
a la comunidad requiere de mejores mecanismos de seguridad.
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Con la muerte del ciudadano Erick Alberto Escartín González,
conductor del servicio de transporte selectivo, ya son siete los
taxistas que han regado con su sangre el pavimento por la acción
de jóvenes delincuentes que, sin pensar en el mañana
(al menos de sus víctimas), son capaces de halar el gatillo
de un arma de fuego.
Los diferentes hechos ocurridos en la ciudad de Panamá, en
lo que va del año, preocupa a los conductores de taxi, quienes
exponen las 24 horas del día su vida en cumplimiento de su
trabajo, por lo que dirigentes como Elías Rodríguez,
secretario del Sindicato Unico de Taxistas, le pide a las autoridades
policivas más vigilancia en los puntos más peligrosos,
y que a la hora de los retenes no solamente le pidan identificación
al conductor del taxi, sino a todo el que va en el vehículo.
Necesitamos seguridad en las calles y que la policía trabaje
en conjunto con los sindicatos.
Según Rodríguez, anteriormente para sacar una licencia
profesional tenían que pasar ciertos requisitos a través
de un sindicato. También les daban seminarios y charlas en
las que se enseñaba desde cambiar una llanta pinchada hasta
cómo actuar en caso de asalto, y tenían sus propios
palancas afiliados al gremio en caso de que fuese necesario.
Pero todo esto se perdió al comenzar el gobierno de
Endara, debido a que le otorgaron licencia profesional a todo aquel
que quisiera, lo que hizo que el control que tenían los sindicatos
se saliera de sus manos. Ahora, cualquiera se puede afiliar a un
sindicato y poner un palanca sin saber quién es, lo que ocasiona
que muchos de los accidentes se den por ajustes de cuentas o personas
que desconocen la profesión y no son celosos con los pasajeros.
Sindicatos, cooperativas o piqueras
La ley 14 exige que los taxistas estén afiliados a una agrupación
(ya sea sindicato, piquera o cooperativa) en donde ellos escojan
su junta directiva e impongan sus propias reglas. Las piqueras de
taxis, dado el caso, ofrecen un servicio de radios de comunicación,
en el cual cada dueño de taxi paga una cuota mensual y esto
le sirve para pedir ayuda en caso de asaltos; pero ya no es muy
eficiente debido a que el ladrón cuando te encañona
lo primero que hace es apretar la perilla del radio, comenta
Rodríguez.
Dichas organizaciones no tienen fines de lucro, por lo que no poseen
un seguro para respaldar a las víctimas, solamente cuentan
con un pequeño fondo de bienestar social (algunas veces)
con el que se les da ayuda a los familiares de la víctima
para gastos fúnebres.
Según Rodríguez, no pueden contar con la ayuda de
las compañías aseguradoras ya que ellas solamente
lo hacen por un período de tres años lo que dura el
acuerdo con la concesionaria para terminar de pagar el auto, después
de esta fecha se niegan a continuar con el servicio.
Drama de los familiares de las víctimas
Juana Alvarez cuenta que su esposo, padre de tres niños,
fue encontrado en el Valle de Urracá (San Miguelito) dentro
de su automóvil, en el asiento del conductor, donde recibió
un impacto de bala, que le ocasionó la muerte a los pocos
instantes, puesto que el fallecido mantenía aún el
pie en el pedal del freno.
En relación con este hecho, la Policía Nacional detuvo
a dos personas, varones, uno de 19 años y otro menor de edad,
los cuales se declararon confesos del hecho de sangre.
Pero lo que más alarma a Alvarez es que ella nunca había
trabajado y ahora para mantener a sus hijos lava ropa, plancha,
vende empanadas o hace lo que sea necesario para mantener a sus
hijos, puesto que tiene dos que van a la escuela y un bebé
que requiere de muchas atenciones.
Para enterrar a su esposo, los compañeros de trabajo le
dieron una ayuda económica, pero una vez enterrado su esposo
se olvidaron de ella. Por lo que le pide a todo aquel delincuente
que piensa en matar que recuerde a la familia de esa persona, porque
ellos son los que quedan vivos y van a sufrir mucho.
Móvil, lugares, capturas
Ricardo Puglier, inspector del departamento de homicidios de la
Fiscalía Auxiliar de la República, explica que la
mayoría de los homicidios de taxistas tienen como móvil
el robo. El taxista generalmente se resiste y por tal razón
los antisociales le disparan o lo hieren. Otra de las causas es
ajuste de cuentas. Esta es una de las causales de homicidios
más importantes en Panamá, a ello no se escapan los
taxistas, porque hay palancas que están involucrados en pandillas.
Las áreas de San Miguelito, Río Abajo y Parque Lefevre
son las que más se prestan para asesinatos; por ser
lugares desolados, llevan a los taxistas con la promesa de una carrera
y al llegar al lugar oscuro los antisociales aprovechan la oportunidad.
En los siete casos de asesinatos ocurridos durante este año,
los homicidas han sido capturados en un corto período de
tiempo, gracias a la pronta respuesta de las autoridades, que después
de recibir una llamada acuden al lugar de los hechos, organizan
a un grupo de investigadores y se activa un cordón de retenes.
Cabe destacar que en cada caso de homicidios a taxistas hay por
lo regular de uno a dos menores involucrados, a quienes se pone
en manos de los tribunales de menores.
En la búsqueda de la sanción
Muchas opciones se han discutido en el seno de la sociedad, motivadas
por distintos intereses. Los propios transportistas, entre ellos
el ex dirigente y legislador Marcos González, señalan,
al margen de la Constitución, que el único destino
o sanción para quienes matan es enfrentar la muerte.
La sociedad en su conjunto y los gremios de taxistas en particular
tienen la responsabilidad de enfrentar la situación de la
delincuencia juvenil que afecta criminalmente a los trabajadores
del volante.
Las autoridades pueden establecer, como lo sugirió el alcalde
capitalino, Juan Carlos Navarro, que se recompense económicamente
a las personas que indiquen quiénes son los implicados en
este tipo de crímenes.
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