Panamá, 27 de septiembre de 2001
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Seguridad vs desorden

El golazo del pistolero Luis Garcés paso a un segundo o tercer plano, después de los actos extrafutbolísticos sucedidos en una de las tribunas del Agustín “Muquita” Sánchez de La Chorrera, cuando se jugaban los minutos finales del partido de la ANAPROF, en el que San Francisco derrotó el pasado viernes al hasta entonces líder e invicto, Plaza Amador.

Fue un bonito gol de cabeza del cual nadie se volvió a acordar, por el percance suscitado en la tribuna de cemento del Muquita Sánchez.

Buscar ahora quién fue el culpable no va a solucionar el problema de la seguridad, que hoy día es una de las principales preocupaciones de la máxima rectora del fútbol internacional.

Este tipo de sucesos se han dado tanto en La Chorrera como en el Rommel Fernández, en la capital, sin que hasta el momento ni la dirigencia de la ANAPROF, ni la Policía Nacional, ni muchos menos el aficionado escarmienten.

Una raya más para este tigre llamado fútbol de la ANAPROF, que muy mal le hace en estos momentos, cuando lo que se necesita es que el fanático vuelva a los estadios.

De qué vale entonces tanta promoción en los medios de comunicación para un partido como Plaza Amador-San Francisco, cuando la seguridad anda manga por hombro.

Escuchaba a un aficionado decir, con justa razón, en el programa La Jugada de RCM Televisión, que solo falta que haya un muerto para que tomen los correctivos correspondientes.

El fútbol de la ANAPROF, quiéranlo o no, es nuestra principal actividad futbolística, aunque este calificativo suene muy despampanante. Y así es. Por lo tanto, es un deber de los organizadores y de los encargados del orden velar por la seguridad dentro del recinto deportivo de los pocos o muchos espectadores que asisten a presenciar los partidos; sobre todo en el Muquita Sánchez, cuya estructura no es del todo segura.

No es justo que un aficionado que vaya con mucha expectativa al estadio, tenga que distraerse por este tipo de situaciones, que lo que hace no es más que desvalorizar al final lo que hizo, por ejemplo, José Garcés, con su gol de cabeza, impresionante por la manera que llegó ante un tiro de esquina.

No creo que sea un negocio para nadie ir a pasar un viernes de fútbol a un estadio para salir al final comentando lo que pasó o dejó de pasar en las tribunas.

Al público también hay que pedirle su parte de cooperación, porque si ganando se pierde el control por unas cuántas cervezas, qué decir cuando no se gana y, sobre todo, en este tipo de torneos con una ronda regular tan corta.

En las manos de los organizadores y de la gente del orden público dejamos nuestra confianza, para que se vele en mejorar el aspecto de la seguridad.

Jugar al fútbol es un deporte que va más allá de los 22 jugadores, los árbitros, el balón, la cancha y los recogebalones. Lo que se gesta dentro de la cancha se cocina en las tribunas. Allí es donde el fútbol hace su explosión.

No es fácil, a veces, controlar al público cuando éste entra en cólera en las tribunas, a sabiendas que en cualquier país por muy pequeño que sea, el hincha del fútbol es temperamental por excelencia.

Panamá no es la excepción.

CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com

 




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