Panamá, 27 de septiembre de 2001
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La conciencia del mal

La capacidad del terrorismo de producir el dolor, el horror, el sufrimiento y la muerte, ya no tiene límites

José Guillermo Ros-Zanet

La acción de guerra del terrorismo internacional (?) dirigida contra la humanidad en Nueva York (11 de septiembre de 2001), ha conmovido al entero mundo por su contenido de inmisericordia frente al inocente. Odio. Inhumanidad. Una guerra cobardemente no declarada. Una acción de guerra ejecutada con alevosía.

Hoy se dice, y se repite equivocadamente, de buena o de mala fe, que frente a esta agresión diabólica Estados Unidos ha perdido la inocencia…Y esto no es del todo cierto…No Estados Unidos…es el mundo entero (con la excepción del submundo terrorista) el que ha perdido la inocencia…Y se perdieron para la vida, inmisericordemente, más de seis mil seres inocentes. Y se ha tomado más profunda conciencia sobre el sentido del mal.

En el universo del crimen contra inocentes, en su irracionalidad y maldad, la humanidad había llegado a pensar, hasta el día 11 de septiembre (negro), en la existencia de un oscuro límite para el horror y el odio humano. Hoy, ese inaceptable y espantable límite ha sido traspasado desde el horror y la muerte innumerable.

La capacidad del terrorismo de producir el dolor, el horror, el sufrimiento y la muerte, ya no tiene límites. Todo el mal ha quedado abierto a la infamia y al terror sin límites. Se han abierto en la tierra las puertas del infierno... La desmesura del infierno en la tierra… El odio irracional, la locura de la bestia, es un arma de destrucción casi absoluta.

Se ha perdido la inocencia... Ahora el (sub)hombre es el exterminador del hombre… La intolerancia y la bestia infernal. Y será el Apocalipsis, si no se levantan los muros planetarios frente al terror, y si no se impone el justo castigo al horror y al crimen que crean y cometen los separados de la humanidad. La subcultura de la muerte no debe prevalecer.

Hoy, cuando el noble pueblo norteamericano, justamente indignado, pide el castigo ejemplar de los culpables, y frente a posibles (aunque los creo muy remotos) excesos, creo oportuno recordar unas palabras de José Martí (llenas de sabiduría), expresadas cuando sentía la tensión que vivía el pueblo norteamericano entero, indignado frente al atentado sufrido por el presidente Garfield. En el periódico La Opinión Nacional (Nueva York) decía Martí de Estados Unidos: “Son la nación única que tiene el deber absoluto de ser grande. En buena hora que los pueblos que heredamos tormentas vivamos en ellas. Este pueblo heredó calma y grandeza: en ellas ha de vivir”.

Son palabras escritas desde la eticidad, para una eternidad, y por eso su plena actualidad. Un reposado pero duro llamado a la moderación, a la responsabilidad, a la fuerza del bien, a la grandeza del vivir libres de temor. Nace un tiempo para la solidaridad verdadera.

El autor es médico y escritor


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