Células en blanco
Las células madres bien
podrían ser el descubrimiento más importante en medicina en los
últimos diez años
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
Ultimamente
(o por lo menos en las semanas antes de los atentados en Nueva York
y Washington) aparecieron muchas noticias en los medios de comunicación
relacionadas con un nuevo tipo de terapia celular que promete ser
revolucionaria.
Efectivamente, de acuerdo con el doctor Eduardo
Ortega Barría, jefe de la Unidad de Biología Celular y Molecular
de Patógenos del Instituto de Medicina Tropical y Ciencias de la
Salud de la Universidad Estatal de la Florida (FSU por sus siglas
en inglés), el descubrimiento de las stems cells o “células madres”,
representa uno de los principales avances médicos en la última década.
¿Pero qué son exactamente las “células madres”?
¿Cuáles son sus beneficios? Y lo más importante, ¿por qué han generado
tanta controversia entre los custodios de la ética científica?
Las “células madres”, conocidas también como
“células tallo” son células no diferenciadas que tienen la capacidad
para multiplicarse casi en forma infinita y desarrollarse, bajo
ciertas condiciones muy especiales, en aproximadamente cualquier
tipo de tejido corporal.
Como aclara Barría, existen tres tipos principales
de “células madres”: totipotenciales, que tienen la capacidad de
convertirse en todos los tipos de tejidos del organismo; pluripotenciales,
que pueden diferenciarse en gran número de tejidos, y finalmente
las multipotenciales, que se pueden especializar en un número limitado
de tejidos.
Asimismo estas células no diferenciadas provienen
de distintas fuentes. Pueden ser obtenidas de embriones, de tejidos
fetales, y de tejidos de adultos.
Es así que del embrión humano se pueden extraer
tanto células totipotenciales como pluripotenciales. Esta procedencia
ha sido precisamente lo que ha suscitado una acalorada polémica,
tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.
En cuanto a las células multipotenciales,
las mismas pueden ser obtenidas tanto de tejidos fetales como de
adultos.
“Lo que se puede hacer con células pluripotenciales
básicamente no tiene límites”, aseguró Barría. Se podrían aplicar
a la regeneración de tejido del sistema nervioso central, el cual
puede verse deteriorado por la acción de enfermedades como el Parkinson
y el mal de Alzheimer, así como a la producción de dos sustancias
que son vitales para el funcionamiento del organismo: insulina y
sangre.
Efectivamente, científicos estadounidense
ya han podido lograr que “células madres” se diferencien exitosamente
hacia células sanguíneas. Aparte de la evidente utilidad en el tratamiento
contra la leucemia y otras enfermedades hematológicas, esta sangre
creada a partir de “células madres” también se emplearía para mitigar
el problema de la disponibilidad de sangre para transfusiones.
Asimismo estas “células en blanco” podrían
ser utilizadas para “repoblar” tejidos enfermos. Barría asegura
que se han inyectado en el tejido cardíaco de ratones que padecen
trastornos cardiovasculares. Hasta el momento los resultados han
sidos prometedores, llegándose incluso a rejuvenecer el músculo
cardíaco de estos animales. También es factible el desarrollo de
tejidos y de órganos que pudieran ser almacenados para su posterior
uso en hospitales y demás centros médicos.
De acuerdo con Barría el siguiente paso es
identificar qué es exactamente lo que determina que una célula no
diferenciada se transforme en una célula sanguínea, epidérmica o
nerviosa. En otras palabras, habría que desentrañar uno de los más
preciosos y entrañables misterios de la vida.
Uno de los obstáculos que hay que salvar
antes que el tratamiento con “células madres” pueda ser utilizado
ampliamente en los humanos es similar al que se presenta con los
transplantes de órganos: una reacción inmunológica provocada por
la introducción de tejido extraño en el organismo.
Para evitar que estas células foráneas sean
rechazadas por el sistema inmunológico, se ha propuesto reemplazar
el núcleo de una “célula huevo” con el de una célula somática cualquiera
del individuo. La célula resultante evolucionaría hacia un embrión
que contuviera la información genética del paciente. De este embrión
podrían ser extraídas “células madres” perfectamente compatibles
con las del individuo receptor.
Aunque las células no diferenciadas o germinales
también se encuentran en los tejidos adultos, como el caso de la
piel, el estómago y el torrente sanguíneo, su uso no es muy recomendable.
La razón de esto que durante su vida una célula adulta ha podido
estar sujeta a una serie de mutaciones como consecuencia de varios
factores externos, por lo que resulta sumamente difícil de “purificar”.
Asimismo existen en cantidades sumamente limitadas.
Aunque Barría confía plenamente en el limitado
potencial médico de la células no diferenciadas, opina que todavía
falta por lo menos una década para que su uso pueda ser difundido.
De acuerdo con el científico hay que recordar
que el descubrimiento de este tipo de células se realizó hace tres
años en Estados Unidos, por lo que esta forma de terapia celular
se encuentra todavía en sus inicios.
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