Baño con agua de rosas
También los gobiernos civiles han usado la violencia, han cerrado periódicos, encarcelado periodistas, mujeres embarazadas y estudiantes
Berna D. Calvit
Se dice que “olvidar el pasado nos condena a repetirlo”. Pero de no olvidarlo a escarbarlo selectivamente hay una diferencia abismal. Decía mi madre que “la ley es buena cuando es pareja”. Por eso discrepo con los que omiten lo que no les conviene a su corazoncito; con los que creen que escribir, gritar e insultar para abominar todo lo que tenga que ver con el adversario los convierte, ipso facto, en seres puros, verdaderos patriotas, buenos panameños. Pero además, algunos de estos “buenos panameños” dan señales de una intolerancia que me resulta alarmante y semejan a aquellos que ascienden (en el partido, en su trabajo) trepándose en el cogote de otros... ¡mira qué bueno y puro soy! ¡Y eso, señores, me parece muy, muy feo!
Un articulista se ha quejado de que a miembros de un partido que adversa se les publica sus artículos en los diarios; me pareció entender que quisiera que se les cierren las puertas o se les reduzca el espacio. ¡Vaya pretensión! A veces tropiezo con escritos tan groseros e insultantes, que me pregunto por qué los publican; y los rechazo, no por su matiz político, sino por su contenido ofensivo pero ¡jamás! se me ha ocurrido siquiera insinuar que les retiren su derecho a embarrar los diarios. Simplemente paso por alto a algún autor que sé, que por sus groserías y sus odios personales, no me agrada leer. Hay uno, que obsesionado con la supuesta afición a los tragos de un importante personaje de nuestra historia nacional, no se siente a gusto si en cada escrito no alude ofensivamente a la supuesta amistad del personaje con Baco; como no conocí al personaje que lo obsesiona, ni conozco a nadie que tomó tragos con él, no sé si de verdad eran tan amigos; pero de lo que puede estar seguro el obseso, es que se haría cruces si se enterara de algunas debilidades y diabluras de varios prominentes ciudadanos y políticos (incluyendo presidentes); se daría cuenta de que “el hombre de sus desvelos” no califica entre los más “cachimbones”, según cuentan los que conocen las picantosas historias. Una mente encajonada y obcecada pasa por alto, por conveniencia, o quién sabe por qué, que en nuestra vida republicana hemos tenido gestas hermosas y también hechos nada edificantes tanto de militares, como de regímenes civiles; gobiernos elegidos con paquetazos que preparaban los caciques de pueblo, los latifundistas y los dueños de los partidos; recogiendo las cédulas de la indiada y de los empleados de gobierno se repartían el poder días antes de los escrutinios. Recordemos...pero sin olvidar nada ni de los civiles, ni de los militares.
No es fácil combatir contra quienes tienen las armas y se imponen por la fuerza. Tal vez por eso me resultan también detestables las tropelías de gobiernos “democráticos”. ¿Cómo calificar a quienes reciben de mis manos el voto para que gobiernen con honradez y civilidad, con la razón y la ley, y me engañan? ¡Yo confié en ellos! Es infame que se burlen de quienes los eligieron; que puedan corromperse tanto y que utilicen mal, ¡qué ironía! el poder que les di. También los gobiernos civiles han usado la violencia, han cerrado periódicos, encarcelado periodistas, mujeres embarazadas y estudiantes, y hasta tienen sus propios muertos; y dieron golpes de Estado que nos llevaron a la vergüenza de tener varios presidentes en pocas horas, etc. Y tales hechos parecen dejar indiferentes a los que solo quieren recordar una etapa de nuestra historia. Recordemos... pero con el mismo rasero para todos.
Durante los regímenes militares, en Panamá, en Chile o en Argentina, los vicios propios del sistema se imponen por la fuerza y es una situación que envenena el alma, que humilla y avergüenza. Era más traumática y obvia la violencia de los doberman durante las luchas de la Cruzada Civilista porque era grotesca y descarnada; pero la violencia callada y cotidiana de gobiernos que no dan palos sino desempleo, que se burlan del derecho a la educación y la salud; que miran con indiferencia las pailas vacías; que le cortan las alas a las esperanzas de sus hombres y a los sueños de los niños, y que desvían los fondos del Estado hacia sus bolsillos es violencia tan nefasta como la otra. No cierran diarios ni emisoras por la fuerza pero les aplican mecanismos de presión para someterlos. Hablen... hablemos de los helicópteros en tiempos de Torrijos, Noriega, Pérez Balladares (no recuerdo si don Guillermo usaba helicópteros) y de la señora Moscoso. Pero no pretendan minimizar el escándalo del HP1430 del gobierno actual. Mientras no midan con la misma vara los pecados de este y otros gobiernos, y no presenten razonamientos equilibrados, no me convencerán de que sus razones son buenas, ni aunque se bañen con agua de rosas.
La autora es periodista y educadora
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